
Brasil: Las articulaciones de la derecha para ganar las próximas elecciones
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La derecha que se quiere proyectar como más moderada (la llamada Tercera Vía) se encuentra en una carrera desenfrenada para escoger a su candidato en las próximas elecciones. Existen en estas disputas tres candidatos del Partido Social Democrático (PSD), dos de las cuales son recientes afiliados a ese partido: Ronaldo Caiado (ex Demócratas) y Eduardo Leite (ex PSDB). El tercero es Ratinho Junior -que tiene una trayectoria política más duradera en el mismo PSD-, el cual acaba de renunciar a su candidatura a la presidencia, demostrando su desconfianza en un posible triunfo de la Tercera Vía.
Otro candidato que aparecen en el horizonte electoral de la derecha es Romeu Zema (Partido Novo) que dejó su cargo de gobernador del Estado de Minas Gerais, para incorporarse de lleno a la campaña presidencial. Zema también está siendo indagado para que asuma el lugar de vicepresidente de alguno de los restantes 2 candidatos del PSD que pueda erigirse como el abanderado del partido en la interna de ese conglomerado.
Todos ellos aparecen distantes de Flavio Bolsonaro en la preferencia de los electores, después de que su padre Jair lo designó como el sucesor en el campo de la extrema derecha, decisión que tomó en la prisión de Papudinha, lugar en el que se encuentra confinado desde el 15 de enero de este año.
Existe una gran paradoja reflejada en los resultados de las últimas encuestas sobre la intención de voto para las próximas elecciones presidenciales de octubre. Según los datos arrojados por la empresa Datafolha para la segunda vuelta Lula y Flavio Bolsonaro se encuentran técnicamente emparados con un 46 y 43 por ciento respectivamente. Con relación a la evaluación del gobierno un 51 por ciento reprueban la actual gestión frente a un 44 por ciento que la aprueba y el 47 por ciento percibe que predominan las noticias negativas sobre la presente administración. Y con respecto al grado de rechazo por parte del electorado, Lula obtiene un 46 por ciento y Flavio Bolsonaro posee un poco menos, 45 por ciento.
Por su parte, la encuesta de Genial/Quaest también revela un empate técnico entre ambos candidatos, con una leve ventaja para Lula. Si comparados los 7 candidatos consultados para la primera vuelta, la intención de voto para Lula llega a un 39 por ciento, mientras que Bolsonaro alcanza un 35 por ciento. Los otros candidatos de la derecha obtienen valores menores del 7 por ciento.
La aparente sorpresa que expresan estos datos, se debe precisamente al hecho de que este tercer mandato del gobierno Lula ha obtenido importantes logros en el plano económico y social: la economía crece con indicadores de estabilidad, el desempleo ha bajado a niveles inéditos, los salarios experimentaron un aumento relevante, fue aprobado el proyecto del Ejecutivo de permitir la exención del pago de impuestos a quienes perciben una renta mensual inferior a 5 mil reales (US$ 950 aprox.), el país abandonó el Mapa del Hambre, se retomaron los programas de transferencia de renta para las familias más pobres y otras acciones que van en beneficio de los sectores más vulnerables (Bolsa Familia, Gas para Todos, Minha Casa-Minha Vida, Farmacia Popular).
Algunos elementos han confluido para que el apoyo al actual gobierno y al presidente Lula no se haya incrementado en el último tiempo, factores que han sido explotados por la prensa de derecha y los medios financiados por los grandes conglomerados financieros y empresariales. Uno de los mayores escándalos en el cual pretenden involucrar al presidente Lula y sus asesores dice relación con los desdoblamientos de la quiebra del Banco Master y de la actuación de su dueño Daniel Vorcaro, el banquero acusado de ser responsable del mayor caso de corrupción financiera de la historia republicana brasileña. Para ello, los medios se han valido de una visita que realizó Vorcaro al presidente Lula a pedido de Guigo Mantega, que fue su Ministro de Hacienda durante los dos primeros mandatos.
Se suma a ello, el caso del hijo del presidente, Fábio Luís Lula da Silva (Lulinha), acusado de recibir propina y de haberse favorecido de las ganancias ilícitas obtenidas por el principal articulador del fraude del Instituto Nacional de Seguro Social (INSS), Antonio Carlos Camilo Antunes. Este ex funcionario, conocido como el “careca do INSS”, está siendo procesado como el cerebro de un millonario esquema de desvíos de recursos desde el sistema de jubilaciones y pensiones, que llegaría a la exorbitante suma de 6.300 millones de reales, algo así como 1.200 millones de dólares. En declaraciones de un ex secretario de Antonio Antunes a la Policía Federal, se denuncia que el hijo del presidente recibía mensualmente valores de cerca de “300 mil”, sin mostrar hasta ahora evidencia alguna de dichas transferencias o mesadas. Además, Lulinha también habría realizado algunos viajes de negocios a Portugal financiados y, en un par de ellos, acompañado por el señor Antunes.
En concreto, la campaña organizada y financiada por sectores empresariales y del agronegocio para disminuir la aprobación del presidente Lula y de su gobierno es bastante nítida. La derecha ha conseguido divulgar por medio de letreros en carreteras y paneles, panfletos, publicaciones varias y el uso de medios de prensa locales distribuidos por todo el país, la idea de que nos encontramos ante un gobierno fracasado y corrupto, incapaz de realizar las tareas mínimas para sacar adelante las políticas públicas necesarias para el bienestar de la población. Es una articulación que busca con toda claridad impedir la reelección de Lula, utilizando para ello las mismas armas truculentas y mentirosas que posibilitaron el triunfo de una figura descalificada como Jair Bolsonaro en octubre de 2018.
A pesar de que su hijo Flavio desea encarnar el proyecto de la extrema derecha para la próxima contienda electoral, este sector no actúa como un bloque único y monolítico, sino que muestra fisuras en su interior. La propia Michelle Bolsonaro no ha participado nunca en la campaña de su hijastro y mantiene un silencio evidente con relación a los otros miembros del Clan. De cualquier manera, aunque el patriarca Jair se encuentra en la prisión actualmente, su influencia sigue ocupando un lugar significativo a la hora de buscar los auténticos herederos de la supuesta “identidad bolsonarista”, o sea, de quienes puedan presentarse como fieles representantes de esta tendencia en las elecciones parlamentarias y de gobernadores estaduales que son simultáneas a la presidencial. Es decir, aunque el ex capitán haya perdido protagonismo institucional e influencia política en el terreno -en gran medida debido a su encarcelamiento-, continúa siendo el principal polo de atracción simbólica de los valores de la extrema derecha: Dios, Patria y Familia.
Si Jair Bolsonaro ha sido condenado por liderar un fracasado Golpe de Estado, su hijo Flavio trata de hacerse pasar por una persona con credenciales democráticas a diferencia del resto de la familia (Eduardo, Carlos, Jair Renán), pero su genética golpista lo traiciona y frecuentemente retoma el mismo discurso odioso y embaucador de su padre. Tratando de aprovechar el apoyo de la Internacional de extrema derecha y, especialmente de Donald Trump, Flavio Bolsonaro apuesta en el poder económico que sustenta el financiamiento de su campaña y en la adhesión de evangélicos, empresarios mineros, agronegocio, mercado financiero, policiales y fuerzas de seguridad, para transformar el próximo pleito electoral en una dura prueba para los segmentos democráticos que deberán seguir luchando para lograr la contención de esta nueva asonada del neofascismo en Brasil.
Fernando de la Cuadra





