
Granma 2.0 llega a Cuba desde México: travesía solidaria que rompe el cerco con ayuda humanitaria
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La mar se portó noblemente. A diferencia del Granma original, el viejo yate en el que los 82 expedicionarios del Movimiento 26 de Julio partieron a su cita con la historia desde el puerto de Tuxpan, para surcar las agitadas aguas del Golfo de México, en esta ocasión, el barco Granma 2.0, con 32 internacionalistas y periodistas de 11 países a bordo, navegó desde el puerto de Progreso hasta La Habana con buen tiempo.
Así que, después de 85 horas de viaje y de sortear los más variados contratiempos, el bote camaronero de 24 metros de popa a proa, que alguna vez respondió al nombre de Maguro, después de dar algunas vueltas, ancló cerca de las cuatro de la mañana, frente a la antigua Villa de San Cristóbal. La tripulación del convoy Nuestra América, todavía aguardó, para dirigirse al puerto y encontrarse con una multitud que los recibió entre vítores y consignas. Toda una fiesta.
Ya en puerto, fueron recibidos por la alcaldesa de La Habana, Yanet Hernández, y otras autoridades. Fue una recepción tan rápida como efusiva. Después de un breve discurso, un poeta interpretó canciones. Los habaneros fueron especialmente efusivos con los italianos, comprometidos en conseguir los paneles fotovoltáicos. Los llantos y los abrazos abundaron.
Su cargamento solidario, compuesto por alimentos no perecederos, medicamentos, pañales, bicicletas y 73 paneles fotovoltaicos, donados por ciudadanos de otras latitudes, llegó a buen destino. Los víveres fueron bajados en una zona portuaria que, paradójicamente, se llama “IPhone”. Más tarde, medicinas y equipos sanitarios fueron llevados al William Soler, donde se visitó el área primaria de especialidad de cardiopatía congénita.
Manuel Estrada es el capitán de la nave rebautizada como Granma 2.0. Explica su misión sin darle vueltas: “andamos –dice– en una travesía llevando ayuda humanitaria. Es el inicio de un camino que estamos tratando de abrir. Nos tocó a nosotros la suerte de emprenderlo, de ser los cabecillas. Y sí, primeramente Dios, y con la ayuda de todos, salió bien.”.
Viejo lobo de mar, reconoce el esfuerzo de los cooperantes. Fueron –cuenta– cuatro días y cuatro noches en los que los muchachos, a base de sacrificio, durmiendo en el suelo, mal comiendo, sufriendo, lograron llevar la ayuda. Sí que es una aventura, difícil, pero les ves la alegría de ver a Cuba. La satisfacción de llevar esta ayuda, tanto por parte de los periodistas como de los compañeros, como de todas las personas con las que encontramos en la embarcación. ¡Hasta yo me sumo a esa alegría de llegar a Cuba!
Internacionalismo sobre ruedas
Samuel Terán es uno de los navegantes solidarios. Es Director Logístico del Foro Mundial de la Bicicleta, una organización humanitaria con registro en México, que hace trabajo humanitario entre México y Estados Unidos, a través de la donación masiva de bicicletas.
Para ellos, las bicis son vehículos pacificadores, que suman a los procesos de democratización de acceso al derecho humano de la movilidad. En la flotilla trasladaron de manera simbólica 10 bicicletas, que fueron donadas por la Organización Working Bikes en Chicago y Illinois.
“Nosotros somos trabajadores migrantes en Estados Unidos y no nos queda más que contribuir a procesos de pacificación –explica Samuel–. Viene en camino un contenedor con 200 bicicletas, para garantizar el derecho a la movilidad al pueblo cubano, que está sufriendo los duros embates de un bloqueo económico de muchas décadas. Desde hace dos años trabajamos con la organización CityCleta de La Habana. Con ellos estamos hermanados a través de la lucha de la clase trabajadora”.
Con los brazos abiertos
Disamis Arcia tiene 45 años de edad. Es profesora de la Facultad de Comunicación de Universidad de La Habana e investigadora del Centro Che. Desde su punto de vista, “es el bloqueo energético, es la agresividad, son los años de medidas acumuladas y engranadas orientadas a asfixiar a Cuba los que han desembocado en la situación concreta en la que estamos”.
Ella cree que el convoy de ayuda humanitaria que se está reuniéndose en su país tiene una “altísima significación en varios sentidos”. Esa capacidad de mover la voluntad de tantas personas no se queda en un acto discursivo, sino que se enfoca a la solución de problemas concretos, que tal vez no son la solución estructural de lo que ocasiona esas necesidades, pero que ayudan a resolverlas.
La maestra Arcia divide en cuatro puntos su explicación. Primero, en el área de la salud. Desde su punto de vista, “toda esa voluntad de recopilación de dinero, medicinas, implementos, equipamientos, no se quedan en meros gestos simbólicos. Representan la solución concreta de necesidades urgentes de algunos de hospitales o policlínicos o de casos concretos de niños, niñas o personas mayores que tienen algún tipo de enfermedad.
Segundo. Para ella, “también tiene que ver con las soluciones relacionadas con cómo contribuir de manera aterrizada a la estrategia de cambiar la matriz energética del país de manera acelerada”.
Tercero. Considera que es importantísimo el valor simbólico de la ayuda humanitaria. Es muy relevante el que desde tantos lugares diferentes del mundo, desde tantas corrientes, desde tantos espacios de movilización, tantas personas encuentren en la defensa del pueblo cubano una causa común. “¡Emociona!. Pero, además, da la idea también de cuánto el pueblo cubano ha irradiado, ha proyectado. De cuánto Cuba ha impactado en las vidas de todas esas personas que lo identifican como una causa por la cual luchar y movilizarse”, señala.
Finalmente. Es muy relevante es que esto tenga lugar en un contexto en donde la agresividad, la represión, la capacidad de los sectores más reaccionarios de hablar y actuar en contra de ese tipo de movilizaciones, es enorme.
El valor del gesto
Michel Torres Corona tiene 32 años de edad. Es director del grupo editorial Nuevo Milenio, guionista y conductor de Con Filo, un exitoso programa de la televisión cubana. Para él, toda ayuda a Cuba en un momento en el que se estrecha el cerco de Estados Unidos, es importante. Lo es la ayuda material, las donaciones, el auxilio en materia de comida, medicina, implementos de todo tipo, tecnología, lo que sea.
Pero más importante aún, es el símbolo, es el gesto. Explica: “es fundamental el hecho de alzar la voz, de llevarle la contraria al discurso hegemónico que trata de imponer por convencimiento o por coerción Estados Unidos y esta administración de Trump que ha sido particularmente agresiva”.
Desde su perspectiva, la flotilla es símbolo de solidaridad, es demostrar que Cuba no está sola. Que, pese a ese cerco, no está aislada. Que puede contar con la ayuda y la buena voluntad de los pueblos del mundo y de toda persona sensible. La causa de Cuba es la de los desposeídos, la de los marginados, la de los que nos encontramos con la voluntad de sometimiento del imperio y la resistimos.
Pero, más aún, la presencia de los cooperantes en la isla “sirve para visibilizar a nivel internacional, que Cuba no es un país colapsado. Es un país que está sufriendo mucha precariedad, muchas dificultades, pero donde se resiste, donde hay un pueblo consciente de que la principal causa de esta situación es el bloqueo estadunidense. Afirma categórico: “la alternativa de someternos, de rendirnos, no es una opción viable. No lo es, al menos para los cubanos que nos identificamos con nuestra historia y con nuestro legado como país”.
Para Michel, no se puede hablar de ser de izquierda si no se presta atención a lo que está sucediendo en Cuba o a lo que ha sucedido en Gaza, o a lo que puede suceder en cualquier parte del mundo donde las potencias buscan aplastar la autodeterminación de naciones pequeñas en vías de desarrollo.
Mientras que la derecha internacional quiere hacer escarnio de la solidaridad del convoy Nuestra América, Michel concluye: “lo que nos toca a nosotros los cubanos es agradecer esa ayuda internacional e invitar a todo el que quiera sumarse, a no dejar de hablar sobre Cuba y sobre lo que es hoy la resistencia de la Revolución cubana frente al imperialismo estadunidense”.
Luis Hernández Navarro y Marco Peláez





