
Davos 2026: el Foro Económico Mundial abre bajo la sombra de Trump, la geopolítica y la incertidumbre global
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La edición 2026 del Foro Económico Mundial (WEF) abrió esta semana en un clima de alta tensión geopolítica, con la economía global atravesada por la fragmentación, los conflictos internacionales y el regreso de Donald Trump al centro de la escena mundial. Bajo el lema oficial “El espíritu del diálogo”, la cumbre reúne a cerca de 3.000 líderes políticos, empresariales y financieros de más de 130 países, incluidos más de 60 jefes de Estado y de Gobierno, en un momento marcado por la incertidumbre estratégica y el debilitamiento del multilateralismo.
Desde el primer día, Davos dejó en claro que la agenda económica clásica —crecimiento, inflación, comercio e inversiones— está hoy inseparablemente ligada a la política internacional y la seguridad global. Conflictos abiertos en Europa del Este y Medio Oriente, tensiones en el Indo-Pacífico y la creciente rivalidad entre potencias estructuran buena parte de los debates, en un foro que históricamente buscó consensos, pero que ahora refleja un mundo cada vez más polarizado.
Trump, protagonista inevitable
La figura de Trump domina la cumbre, incluso antes de su intervención central, seguida con expectativa por gobiernos, mercados y grandes corporaciones. El presidente estadounidense llegó a Davos con un mensaje enfocado en la primacía económica de Estados Unidos, la defensa de una política energética expansiva y una visión crítica hacia Europa, a la que acusa de depender excesivamente de Washington en materia de seguridad y crecimiento.
Según consignaron Reuters, The Guardian y Financial Times, Trump volvió a insistir en que la fortaleza económica estadounidense será el ancla de la estabilidad global, al tiempo que defendió su enfoque de “interés nacional primero” como una receta para el orden internacional. Sus declaraciones sobre la necesidad de que Estados Unidos asegure posiciones estratégicas —incluido el Ártico— generaron incomodidad entre delegaciones europeas, que interpretan esas posturas como una presión directa sobre principios de soberanía y cooperación.
Europa busca marcar límites
En respuesta, líderes europeos aprovecharon Davos para reafirmar posiciones comunes. Representantes de Unión Europea subrayaron que la seguridad continental y regional debe basarse en la cooperación multilateral y el respeto al derecho internacional. Francia, Alemania, España, Italia y el Reino Unido coincidieron en que la estabilidad del sistema global depende de reglas compartidas, no de decisiones unilaterales.
La tensión transatlántica se reflejó también en los pasillos del foro, donde diplomáticos europeos advirtieron —según Le Monde y El País— que Davos ya no es solo un espacio de coordinación económica, sino un escenario donde se discute el futuro del orden internacional.
Economía global: crecimiento frágil y fragmentación
Más allá de la política, los informes presentados en Davos coinciden en un diagnóstico prudente: el crecimiento mundial seguirá siendo moderado y desigual. El WEF alertó sobre una “era de volatilidad estructural”, marcada por la reconfiguración de las cadenas de suministro, el impacto de las guerras y la creciente competencia tecnológica.
Ejecutivos de grandes multinacionales señalaron que la inteligencia artificial concentra enormes expectativas, pero también desafíos: altos costos de inversión, regulaciones dispares y riesgos de exclusión laboral. De acuerdo con análisis difundidos por el propio Foro y recogidos por Bloomberg, muchas empresas aún no logran traducir la adopción de IA en ganancias concretas, lo que genera cautela en los planes de expansión.
América Latina: entre la oportunidad y el riesgo
Aunque no ocupa el centro del escenario, América Latina aparece en Davos como una región clave por sus recursos naturales, energía y minerales críticos, en un mundo que busca reducir dependencias estratégicas. Sin embargo, informes de organizaciones como Oxfam, presentados en el marco del foro, advierten que la región enfrenta una concentración extrema de riqueza, debilidad fiscal y tensiones sociales que amenazan la gobernabilidad democrática.
Para varios analistas citados por The Economist, el desafío latinoamericano no es solo atraer inversiones, sino hacerlo en un contexto de estabilidad institucional y reglas claras, en un escenario internacional cada vez más competitivo y menos cooperativo.
Un Davos más político que nunca
La edición 2026 confirma una tendencia: Davos ya no es solo un foro económico, sino un termómetro de la disputa global por poder, recursos e influencia. El contraste entre el lema del diálogo y la dureza de muchos discursos refleja la dificultad de construir consensos en un mundo fragmentado.
Como señalaron observadores de Reuters y Euronews, el Foro se desarrolla bajo una paradoja evidente: mientras líderes llaman a la cooperación, las principales potencias refuerzan agendas nacionales, militares y estratégicas que tensionan el sistema internacional.
Expectativa y señales
En los próximos días, Davos seguirá siendo un espacio clave para medir señales: desde anuncios de inversión hasta alineamientos políticos. Para los mercados, cada gesto cuenta; para los gobiernos, cada palabra puede anticipar conflictos o entendimientos.
En este contexto, la cumbre del Foro Económico Mundial 2026 se presenta menos como un ámbito de soluciones compartidas y más como un reflejo fiel del estado del mundo: incierto, tensionado y en plena transición hacia un orden aún indefinido.
Fuente: Reuters, The Guardian y Financial Times





