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Progresismo, socialismo democrático, centroizquierda

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Son pseudónimos que se inventaron para encubrir la cobardía y la ausencia de reales principios revolucionarios que usan quienes en algún momento de sus vidas se sintieron, se supusieron, posaron y eventualmente se criaron, en los bordes de la cultura de izquierda. Pero que, andando el tiempo y poniéndose la causa del pueblo cuesta arriba, necesitaron un dispositivo de camuflaje que no expusiera sus supuestas ideas y no molestaran a los enemigos de los pueblos.

Y que rentara.

Estas nomenclaturas han sido mucho más eficaces que la represión para el efecto de desmovilizar al pueblo en circunstancias en que la crisis del capitalismo deja claro que la opción de sobrevida de la especie humana es el socialismo.

Las oficinas secretas del imperialismo han descubierto el modo de aislar a los revolucionarios por la vía de crear causas que parecen las necesarias para la justicia, el bienestar y el progreso de los pueblos. Pero que solo han logrado ralentizar su potencia aislando fenómenos propios del orden capitalista, como si fueran la contradicción esencial que lo va a resolver todo, como si a los enemigo de todos los pueblos se los pudiera combatir por partes.




Así, separar la lucha de las mujeres por desembarazarse del patriarcado sin poner en el centro el orden que le da origen, el capitalismo y sus lacras y, en muchos casos situando al hombre como el enemigo de su causa, es debilitarla y llevarla al estado en que se encuentra en estos días: la irrelevancia en estado puro.

Y si eso usted lo extrapola a la cuestión de género, a la ecología, el racismo, a las guerras, el colonialismo, y lo que usted crea que nace como lacra de un orden esencial, cultural y necesariamente inhumano, el capitalismo, debilita las luchas que apuntan a un cambio radical en el orden dominante.

Y si usted se toma un poco de tiempo y agrega conceptos como derechos humanos, educación y cultura, verá que un progresista de buena talla solo buscará algo imposible: avanzar en este tipo de derechos sin tocar el capitalismo que lo engendra, perfecciona y defiende. Lo que es una pérdida de tiempo casi suicida.

El socialismo democrático, que supone de inmediato la existencia de uno que no lo es, es un disfraz que inventaron quienes se sienten de los más cómodo en este orden, que aborrecen al pueblo y sus olores, que creen a pie juntillas que es posible reformar superficialmente al capitalismo para el efecto de construir un país, un planeta, en el que impere la justicia, el bienestar y la libertad y cese la explotación, el abuso y la depredación de países y continentes empobrecidos, que condena a vidas miserables a generaciones.

Es algo parecido a la centro izquierda que es como decir una tibieza fría, una suavidad áspera o una caída hacia arriba. Es decir, una contradicción conceptual con que se intenta calmar la furia ultraderechista y engrupir a gilerío más tembleque haciendo patente la cobardía de quienes jamás se la jugarán por la causa de los desposeídos.

Solo estarán disponibles para desplegar su bien dotado oportunismo.

Ya el concepto de centro, es decir alguien que no es de aquí ni de allá, es una contradicción negada por los hechos y la noticias de la nueve. Cuando alguien le diga que es de centro, doble contra sencillo, es un sujeto de derecha en conceptos, convicciones e intereses, pero con ropa de camuflaje.

Toda esa gente que se oculta en esos conceptos falaces, en la intimidad del asado, en la cama o en el paseo por el parque, te dirán que no creen en eso que enarbolan pero que es necesario para no enojar a los poderosos y para acceder a buenos trabajos.

Y que, por supuesto, las condiciones no están dadas para algo más sustancioso.

Como si las condiciones fueran cosas que se compran en la feria o que nacen por una intercesión del espíritu santo o por el milagro de un poderoso micelio de origen extraterrestre.

La mala noticia para esta gente es que esos malabares que intentan para la manipulación y el acomodo se llama cobardía aquí y en la quebrada del ají. Se llama falacia, oportunismo, inconsecuencia y ausencia de valores reales. Y es el mejor aliado de los enemigos de los pueblos.

Son personas del mismo origen de aquellos que criticaban de Salvador Allende, el mejor presidente que ha habido en este país, de reformista y llegado el momento de los quiubos se asilaron, y abandonaron a quienes se quedaron y combatieron para honor y gloria.

Y son de la misma genética tembleque que insiste en que cuando el pueblo se enoja no es la forma, que rechazan la violencia venga de donde venga y que creen que después de todo este país lo hacemos entre todos. Son los que enarbolan la amistad cívica con genocidas que no van a trepidar en hacerlos desaparecer llegada la necesidad.

 

 

Ricardo Candia Cares

 

 

 

 



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Ricardo Candia

Escritor y periodista
  1. Patricio Serendero says:

    Nada más verdadero todo lo dicho. Como complemento, y una vez descritos estos miserables caracteres humanos, hay que asegurarse que sean todos barridos al basurero de la Historia. La re-creación de una real Izquierda Socialista pasa por desembarazarse de estos operadores lo más rápidamente posible.

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