Política Global

El mundo reacciona al secuestro de Nicolás Maduro: condenas a una grieta geopolítica

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El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro tras una operación militar atribuida a Estados Unidos no solo sacudió el tablero interno de Venezuela, sino que provocó una ola inmediata de reacciones internacionales que expuso con claridad una fractura global en torno a la soberanía, el uso de la fuerza y el orden internacional. Mientras un amplio bloque de países denunció una violación grave del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.

América Latina: defensa de la soberanía y alarma regional

En América Latina, la reacción dominante fue de condena. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que los bombardeos y el secuestro de Maduro “cruzan una línea inaceptable” y constituyen un precedente extremadamente peligroso para la comunidad internacional. Lula llamó a una respuesta firme del Consejo de Seguridad de la ONU y defendió el diálogo como única vía legítima.

México, bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, rechazó “enérgicamente” la acción militar, recordando que América Latina y el Caribe son una zona de paz y que el uso unilateral de la fuerza pone en riesgo la estabilidad regional. Colombia, con Gustavo Petro, solicitó la convocatoria urgente de instancias multilaterales y advirtió que el camino militar puede desencadenar una escalada sin control.

En contraste, Argentina, bajo el presidente Javier Milei, celebró públicamente la remoción forzada de Maduro, alineándose con la narrativa estadounidense y marcando una excepción regional que profundiza la polarización política en el continente.




Europa: cautela, legalidad y temor al precedente

En Europa, la reacción fue más medida en el tono, pero clara en el fondo. Gobiernos como el del Reino Unido y países de la Unión Europea evitaron respaldar abiertamente la operación y subrayaron la necesidad de respetar el derecho internacional. Noruega y otros Estados con tradición mediadora insistieron en que cualquier transición en Venezuela debe ser pacífica y negociada, y no el resultado de una intervención armada.

Medios europeos como The Guardian y El País coincidieron en señalar que el secuestro de un jefe de Estado en ejercicio rompe un tabú central del sistema internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial: la prohibición del uso de la fuerza para imponer cambios políticos en otros países.

Potencias globales: China y Rusia endurecen el discurso

Las reacciones más duras provinieron de China y Rusia, que denunciaron la operación como una agresión flagrante y exigieron la liberación inmediata de Maduro. Beijing sostuvo que la acción estadounidense viola principios básicos de la Carta de la ONU y amenaza la estabilidad global, mientras que Moscú advirtió que el precedente podría ser utilizado contra cualquier país que no se alinee con Washington.

Ambas potencias interpretan el episodio no solo como un conflicto venezolano, sino como un ensayo de un orden internacional más coercitivo, donde la fuerza reemplaza a la diplomacia y al multilateralismo.

Naciones Unidas: presión para una respuesta multilateral

En el seno de la Organización de las Naciones Unidas, el secuestro de Maduro aceleró llamados a una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad. Aunque las divisiones entre miembros permanentes dificultan una resolución unificada, la mayoría de los pronunciamientos públicos coincidieron en que la acción socava la legalidad internacional y abre un escenario de alta inestabilidad.

El secretario general de la ONU advirtió que normalizar este tipo de operaciones podría llevar a un mundo donde “la ley del más fuerte” prime sobre las normas acordadas, un diagnóstico que se repite entre diplomáticos y analistas.

Un mundo dividido ante un hecho excepcional

Las reacciones al secuestro de Nicolás Maduro revelan dos lecturas opuestas del orden global. Para una mayoría de países, se trata de una violación inadmisible de la soberanía venezolana que debe ser condenada sin matices, más allá de las críticas al chavismo. Para otros, especialmente gobiernos alineados con Estados Unidos, la operación es vista como una oportunidad para forzar un cambio político largamente buscado.

En ese choque de visiones se juega algo más que el futuro inmediato de Venezuela. Lo que está en disputa es si el derecho internacional sigue siendo un límite efectivo al poder militar o si, como advierten varios líderes regionales, el mundo entra en una fase donde la fuerza vuelve a imponerse como herramienta legítima de política exterior.



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