
La desinformación como campo de batalla
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 59 segundos
En momentos de extrema tensión política y militar, como el que vive hoy Venezuela tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro, lo primero que suele caer no es un gobierno ni una institucionalidad: lo primero que muere es la verdad. Y sobre ese vacío se monta rápidamente un festín de rumores, especulaciones apresuradas, operaciones psicológicas y conclusiones interesadas.
Estamos asistiendo precisamente a eso. Un clima saturado de desinformación, amplificado por redes sociales, por vocerías supuestamente críticas y, lo más delicado, por sectores que se reclaman revolucionarios pero que terminan certificando, por izquierda, las tesis del enemigo.
Es demasiado pronto para afirmar traiciones, entregas o pactos ocultos. No solo porque no existe información verificable suficiente, sino porque el propio contexto de una operación imperial de secuestro ayuda a explicar muchos de los hechos que hoy se usan como “pruebas” de conspiración interna. La abrumadora superioridad tecnológico-militar de Estados Unidos, el uso de guerra electrónica, el control del espacio aéreo, los ataques preventivos a instalaciones estratégicas y la experiencia acumulada en operaciones de captura y desestabilización forman parte de un manual largamente conocido.
A esto se suma un elemento que contradice de manera directa los primeros relatos que hablaban de ausencia de bajas o de un operativo casi incruento. Con el correr de los días, información ya publicada por diversos medios y comunicados oficiales ha ido confirmando un número significativo de víctimas fatales. Entre ellas se cuentan integrantes del equipo de seguridad cubano asignado a la protección presidencial, una estructura clave de inteligencia y resguardo, así como miembros de la escolta directa, edecanes militares, efectivos de las fuerzas armadas venezolanas y civiles que se encontraban en zonas impactadas por los ataques. Las cifras que hoy circulan superan con holgura las primeras versiones y, aunque todavía no existe un balance definitivo, los reportes coinciden en que las bajas ya sobrepasan varias decenas, lo que refuerza la idea de una operación violenta y de alta intensidad, no de una supuesta entrega pactada.
El imperialismo no necesita necesariamente traidores cuando dispone de drones, satélites, fuerzas especiales, inteligencia electrónica y décadas de intervención directa e indirecta en América Latina y el mundo. Convertir cada golpe exitoso del enemigo en una novela de traiciones internas no solo es intelectualmente pobre: es políticamente funcional a su estrategia, que busca sembrar desconfianza, fracturar conducciones y erosionar la moral popular.
Los rumores sobre una supuesta entrega de Maduro se sostienen, hasta ahora, en fuentes del propio aparato político y militar estadounidense y en interpretaciones forzadas de gestos políticos que siempre han existido en contextos de conflicto. Intentos de negociación, canales diplomáticos abiertos o búsquedas de salidas políticas no constituyen traición; constituyen política en condiciones extremas, algo que ha ocurrido en prácticamente todos los procesos históricos de confrontación con el imperialismo.
Como revolucionarios, como militantes con sentido histórico, tenemos una responsabilidad mayor: no reproducir el relato del adversario, no confundir desconcierto con certeza ni duda con acusación. La crítica es necesaria, pero debe partir de hechos comprobables, no de rumores; de análisis material, no de ansiedad política.
Habrá tiempo para evaluar responsabilidades, errores, correlaciones de fuerza y desenlaces. Hoy, lo que corresponde es seriedad analítica, prudencia política y claridad estratégica. Porque cuando repetimos sin pruebas las tesis del enemigo, no estamos siendo más lúcidos ni más radicales: estamos haciendo su trabajo gratis.
El apuro es mal consejero y confundir velocidad con claridad es un error viejo, además el que pierde la calma, pierde el rumbo, y el relato sin pruebas es solo ruido.






Ricardo says:
Lúcida , vital reflexión: el imperio no necesita traidores cuando dispone de su portentoso , inédito, espeluznante, arsenal tecnológico de hoy , y de cuyo alcance no somos capaces de comprender ni saber toda su magnitud real (y letal como nunca antes) . En su aspecto manipulador, ese arsenal incluye las técnicas de tele intervención en elecciones, lo que un analista brasileño, Ricci, destacó el día de ayer : un paso más. ( Y ojalá esta mi respuesta sea visible para cualquiera que lea este artículo y no sólo para mí : no tengo manera de comprobarlo)