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Trump y la destrucción del derecho internacional: una amenaza global

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Donald Trump ha culminado la primera etapa de su ofensiva contra el derecho internacional al atacar a la República Bolivariana de Venezuela con el objetivo de secuestrar a su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros. Tras esta agresión, intentará montar un espectáculo mediático y pseudo judicial, ilegal e ilegítimo, destinado a encubrir su crimen para dotar de una falsa apariencia de legalidad el secuestro del jefe de Estado venezolano y de su esposa la diputada Cilia Flores.

Ante sus captores en el Tribunal de Nueva York el presidente Nicolás Maduro expresó con contundencia y claridad: «Soy el presidente de Venezuela y me considero prisionero de guerra. Me capturaron en mi casa de Caracas».

El verdadero objetivo de esta operación de secuestro y de bombardeo contra Venezuela ha sido claro: apoderarse del petróleo venezolano. Se vislumbran, así, días particularmente oscuros y complejos para Venezuela, Latinoamérica y para la humanidad.

La Doctrina Monroe, que Trump reivindica abiertamente, constituye hoy una renovada forma de colonialismo contra los pueblos libres de América Latina y el Caribe. Sin embargo, esta política no se limita a nuestra región. Su alianza estratégica con el fascismo y con los colonialistas sionistas para perpetuar el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y consolidar la dominación colonial sobre Palestina, así como su alianza con los colonialistas del reino feudal de Marruecos para legitimar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, así como su confrontación estratégica contra la República Popular China, convierten a la administración Trump en un peligro global para los pueblos del Sur Global y para la humanidad en su conjunto.




En esta coyuntura crítica, los pueblos del Sur Global enfrentamos desafíos históricos que exigen una renovación profunda del espíritu de solidaridad internacionalista y de la lucha anticolonial. La reactivación de doctrinas hegemónicas y la conformación de alianzas orientadas a consolidar la dominación sobre territorios, recursos naturales y pueblos soberanos constituyen una amenaza directa al derecho a la autodeterminación y al desarrollo independiente.

En esta hora de crisis y de escalamiento del conflicto global, resulta imperativo revivir, actualizar y proyectar los principios fundacionales de Bandung y del Movimiento de Países No Alineados. No estamos ante un conflicto meramente geopolítico entre potencias, sino frente a una disputa histórica entre un modelo de dominación unipolar y neocolonial y la aspiración legítima de la mayoría de la humanidad a construir un orden internacional multipolar, justo y democrático, basado en el respeto a la soberanía, la integridad territorial y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados.

La cooperación Sur-Sur, la defensa y control soberano de nuestros recursos estratégicos, y la construcción de soberanías integrales —alimentaria, energética, productiva y tecnológica— constituyen los pilares fundamentales de esta resistencia histórica y la base de un futuro donde el derecho al desarrollo sea una realidad concreta para todos nuestros pueblos. La defensa del Estado de Palestina, de la República Árabe Saharaui Democrática, de la República Bolivariana de Venezuela, y de toda nación sometida a ocupación, agresión o bloqueo, es parte inseparable de esta lucha común por un mundo verdaderamente multipolar.
La unidad en la diversidad, la movilización conjunta y la articulación política de los pueblos del Sur Global son hoy nuestra principal fortaleza. En esta hora decisiva de la historia, ese es el camino para enfrentar la ofensiva imperialista y abrir paso a un nuevo orden internacional basado en la justicia, la dignidad y la emancipación de los pueblos.

 

Esteban Silva Cuadra
Fuente: Infosurglobal
5 de enero de 2026



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