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Trump contra el mundo

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Las descalificaciones de varios mandatarios de centroizquierda al régimen de Nicolás Maduro pueden haber influido mucho en la decisión de la Casa Blanca de secuestrar al gobernante venezolano y conducirlo a los Estados Unidos a fin de procesarlo y condenarlo. Aunque la voluntad de estos críticos del régimen chavista no perseguía la intervención armada estadounidense, luego de todo lo sucedido es posible colegir que estas y tantas otras manifestaciones de repudio deben haber acicateado mucho esta nueva intervención imperialista.

Sin embargo, de nada sirve ahora “llorar sobre la leche derramada” cuando se ha consumado un atropello que viola la soberanía de una nación y establece un grave precedente que mañana afecte a otras naciones de la región mediante el uso de la fuerza y el desprecio a la legislación internacional. No sería extraño que después de Venezuela sigan Cuba, Panamá, Colombia y hasta el mismo México en la voracidad de un gobernante corrupto, mentiroso y criminal como quien gobierna la primera potencia mundial.

Según su propio reconocimiento, la agresión de Trump no fue consultada con el Poder Legislativo de su país y menos, todavía, con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y sus países aliados de la OTAN. Ni siquiera lo discutió con su Partido Republicano, puesto que ya han surgido voces que desde este ámbito reprueban su acción. Pareciera que esta vez sus principales apoyos externos fueron los del presidente argentino Javier Milei y un conjunto de políticos de la derecha mundial, respecto de cuales hasta se permite ufanarse por haberles brindado apoyo para sus recientes éxitos electorales. Como la victoria de José Antonio Kast, en Chile, y la de Nasry Asfura, en Honduras.

Pasará tiempo para que se aclare del todo cómo fue la operación estadounidense en Caracas. Si fue realmente una “quirúrgica” acción armada y de inteligencia militar o si, más bien, se valió de la delación compensada de algunos colaboradores de Nicolás Maduro, cuando ya se nos había señalado que la CIA estaba trabajando desde hace años en la zona y el gobierno de Trump había prometido muchos millones de dólares para los que colaboraran con su detención.




No hay duda que mucho se explica en la falta de transparencia del último proceso electoral venezolano, el que habría cometido un fraude aun dentro de un sistema electoral impecablemente democrático y expedito como pudo constatarse en anteriores comicios. Algún día se aclararán las dudas que existen al respecto, aunque es evidente que la oposición política de este país se vio respaldada por un buen número de naciones e ingentes recursos para desestabilizar la economía venezolana y financiar la disidencia.

Como ha ocurrido tantas veces, es obvio que a Trump no lo ha motivado recuperar la democracia y las elecciones libres en Venezuela, sino fundamentalmente apoderarse de los yacimientos petroleros del país que tiene las mayores reservas mundiales. Esto fue reconocido por el propio gobernante después de la incursión militar, junto con su propósito de instalarse como tutor en el proceso político y económico que le siga. Una cuestión que puede tomar mucho tiempo en instar a las compañías petroleras estadounidenses que asuman invertir, modernizar, extraer y comercializar el petróleo en manos, ahora, de la potencia imperial.

Recordemos que, en nuestro continente, y muy especialmente en Chile, también los intereses norteamericanos fueron propietarios de yacimientos de cobre y de otros recursos que fueran después nacionalizados. No extrañaría que, en su delirio y desfachatez, Trump busque también recuperarlos para su país.

La amplia superioridad militar de los Estados Unidos obliga a nuestros países a consolidar unidad para enfrentar sus manotazos imperialistas, pero también a establecer relaciones diplomáticas y comerciales, ideológicamente amplias, que dificulten la acción de la codicia imperial en desmedro de nuestras respectivas soberanías. Esta acción en Venezuela ha repugnado y alertado a muchos países de la Tierra que comprueban que Trump no solo busca hegemonía en su patio trasero sino en todo el orbe.

El mundo está frente a un gobernante tan desquiciado como los grandes dictadores y tiranos europeos del siglo pasado, lo que pone en riesgo toda la paz mundial. Por lo mismo es que hay que hacerle frente desde todos los puntos del Planeta, pero muy especialmente desde el interior de los Estados Unidos, cuya población teme verse abrazada por la guerra, la muerte y el financiamiento de los millonarios recursos militares que implica su tarea de gendarme universal. Felizmente ya se pronuncian los líderes políticos y morales que desde el interior de esta superpotencia se proponen hacerle frente, además de las multitudinarias protestas callejeras en sus diversos estados. Aunque ya se sabe que Trump carece de vocación democrática y que lo más que lo seduce es convertirse en un emperador mundial.

De esta manera es que podría ser promisorio que desde la propia derecha surjan voces contra este nuevo sátrapa. Y bien podría ocurrir que desde el gobierno chileno por asumir surja la voluntad ética y política de deslindarse de los propósitos imperialistas que amenazan toda nuestra soberanía. Sabido es que lo que más irrita a Trump son las millonarias inversiones chinas en todo el continente y que varios de nuestros países tengan como principal socio comercial a este país, incluido Chile. No nos queremos imaginar que Estados Unidos imponga restricciones o bloqueos al libre comercio con China; lo que nos ocurriría, por ejemplo, como el principal exportador de cobre del mundo.

Aunque no se cumplió plenamente el sueño bolivariano de ser solo una nación, debemos valorar que todos nuestros países, pese a sus diferencias, obtuvieran su independencia gracias al esfuerzo mancomunado de todos sus pueblos y ejércitos. Propósito que hoy recupera mucha vigencia y dentro del cual debiera incluirse Chile, aunque esté pronto por asumir un gobierno que Estados Unidos lo supone abyecto. Quizás sea en este cometido que las profundas diferencias políticas de nuestro país logren siquiera un punto de encuentro en la defensa cierta de nuestra soberanía y recursos estratégicos. Que nunca olvidemos que la nacionalización del cobre fue respaldada por la unanimidad de nuestros parlamentarios, en un tiempo en que las relaciones entre el Gobierno y los legisladores estaban aún más tensionadas.

Con alienta que Trump esté en una crítica situación política y que la población de su país empiece a oponérsele severamente. Graves problemas de vivienda y de salud golpean a las familias norteamericanas, al tiempo que un puñado de poderosos empresarios incrementan su riqueza de tal manera que solo uno de ellos suma en su patrimonio el equivalente al de la mitad de los habitantes del país. Esta extrema concentración de la riqueza, como los escándalos de Trump que se descubren del caso Epstein, lo tienen al borde de una acusación constitucional y posible remoción. Por cierto, ahora como un degenerado y abusador de menores.

Sus bravatas a todo el mundo tienen como principal fin distraer a la opinión pública estadounidense y evadir la acción de la Justicia acosado por los medios de comunicación y el valiente discurso de algunos parlamentarios y líderes morales de ese país y de todo el mundo. Tanto así que el propio Pontífice León XIV ha llamado a que se respete la soberanía de Venezuela.

Qué duda cabe que el garrotazo imperial tuvo como principal propósito la recuperación de los pozos petroleros que están, por cierto, en territorio venezolano y fueran nacionalizados mucho antes de la aparición del chavismo. Con operaciones de guerra que implican colosales gastos militares que se distraen de una posible utilización en favor de los pobres, por ejemplo, que ahora abundan en la población estadounidense.

Un ignorante y empecinado mandatario que con su acción le diera, en realidad, legitimidad y continuidad al nuevo gobierno chavista, desahuciando a María Corina Machado y a otros opositores de la posibilidad siquiera de retornar a su país. En su egolatría, no le pudo perdonar a esta dirigente que lo desplazara como posible ganador del Nobel de la Paz 2015, en un desvarío mental que cada día se le pronuncia más y lo tiene haciendo el ridículo frente al mundo. Abriendo la esperanza de que las Fuerzas Armadas estadounidenses escuchen el clamor de su país y pronto se rebelen frente a sus dislates.

 

Juan Pablo Cárdenas S.



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Juan Pablo Cárdenas

Periodista. Premio Nacional de Periodismo
  1. Felipe Portales says:

    No creo que las críticas de mandatarios latinoamericanos hayan llevado a Trump a su agresión a Venezuela. El diseño desfachatadamente imperialista fue diseñado y EXPLICITADO desde comienzos de su actual gobierno. Y ha amenazado y actuado contra medio mundo desde entonces. Y, por si fuera poco, a su ofensiva contra los inmigrantes (especialmente latinoamericanos), ahora incorpora a todo ciudadano estadounidense que proteste, como se demostró con el asesinato policial -convalidado por Trump y Vance- contra una mujer en Minneapolis. Pero toda acción genera reacciones y Trump está ya traspasando todas las luces rojas. Además, que el mundo no es ya el de hace cien años.

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