
Venezuela, territorio de la guerra neocortical
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Las noticias crean opinión. Tras los combates y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, las fuerzas asaltantes estadunidenses, según datos, abaten un total de 80 persones, entre ellas 32 miembros de las fuerzas armadas cubanas. La información puesta en circulación por la Casa Blanca y sus agencias de prensa, recrea una épica en la cual no hay bajas entre los expedicionarios. El éxito de la operación pone el acento en la eficacia y traición de los círculos más cercanos al presidente. Sin olvidar el papel de la CIA e infiltrados. Asimismo, se cuestiona la lealtad de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, creándose y las fuerzas armadas bolivarianas a las cuales se imputa no haber presentado oposición. A continuación, Donald Trump lanza su decisión de aceptar como interlocutora válida a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, sobre quien ya pesa la duda de su lealtad a la revolución bolivariana. Así, le otorga el “plácet” para ser nombrada presidenta encargada. Su secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Pete Hegseth, dicen controlar el gobierno venezolano, su petróleo, la dirección de sus inversiones y en un acto inesperado, Trump, desautoriza a la premio Nóbel venezolana María Corina Machado como interlocutora de la operación. Bajo el enunciado de controlar Venezuela, el gobierno e instituciones, convoca a las grandes empresas de hidrocarburos a una reunión para invertir en la extracción de petróleo y gas bajo el criterio de ser, ahora, sus administradores. Y para más INRI, invita a China y Rusia a no inmiscuirse, aunque les propone seguir comprando el petróleo, ahora en sus manos. Entre estas noticias, se deja caer la inexistencia del cártel Los Soles. Poco o nada sobre el comunicado de China condenando la agresión y el secuestro, además de las medidas y sanciones contra Estados Unidos.
¿Alguna pregunta? Ninguna. Visto para sentencia. Los medios de comunicación internacionales que cubren el hecho, validan y reproducen el relato. No fue una invasión, sino una operación de extracción relámpago, no fue un secuestro, sino la captura de un dictador. Y lo más destacado, se menciona un proyecto de transición democrática a medio plazo. Sin embargo, esta descripción tiene muchos flecos. Veamos: ¿los soldados que resistieron, tiraban sus proyectiles al aire, mientras las fuerzas de ocupación lo hacían al cuerpo? ¿los asaltantes no tuvieron ninguna baja? ¿Es la traición la explicación o más bien una distracción para enturbiar el análisis? ¿Podía la administración Trump imponer un presidente o por el contrario, el secuestro del mandatario pone en funcionamiento el artículo 233 de la Constitución que otorga el poder a la vicepresidenta? ¿Qué sentido tiene meter en la ecuación a María Corina Machado? ¿Venezuela impedía el comercio de petróleo con las empresas extranjeras de hidrocarburos o eran causa de las sanciones impuestas? ¿Los políticos presos lo eran arbitrariamente? ¿Reabrir relaciones diplomáticas con Estados Unidos es una reivindicación unilateral? Estas y otras interrogantes son despreciadas, dando por buenas las declaraciones de Donald Trump, los secretarios de Estado y de Guerra, y miembros del staff de la Casa Blanca. Agencias de noticias, youtubers, influencer y tertulianos las difunden.
¡Bienvenida sea la captura y detención de un dictador! La violación del derecho internacional, es cuestión menor y puede ser utilizada a posteriori por países que no condenan el secuestro ni piden la liberación inmediata de los detenidos. Comunicado de la Unión Europea por ejemplo. ¿Acaso no era posible que los países de la Unión Europea declarasen a los embajadores de Estados Unidos, persona non grata y llamasen a consulta a los suyos en Washington?
Y mientras tanto se oculta: ¿Qué piensan en Venezuela sus dirigentes, líderes sindicales, movimientos sociales ¿Y la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela? ¿Cuál es el análisis al interior de los movimientos populares, sus fuerzas armadas y poder comunal? Si bien en un primer momento el shock por los bombardeos y secuestro paraliza, las decisiones del gobierno venezolano van en dirección contraria y parecen desmentir la versión de la Casa Blanca.
La guerra neocortical tiene en Venezuela su laboratorio. Los servicios de inteligencia, las agencias de contrainformación, los tanques de pensamiento están en ebullición. La facultad de pensar, inherente al ser humano, es objeto de ataque. Así, las ciencias sociales, instrumentalizadas desde los centros de poder elaboran escenarios futuribles de control social para destruir la resistencia cognitiva a decisiones que atentan contra la dignidad humana, como sucede con la invasión a Palestina y la agresión a Venezuela.
Occidente está en crisis. Vivimos un tiempo de guerra global declarada unilateralmente por la potencia líder, Estados Unidos, que se niega a perder el control ante la emergencia de nuevos actores internacionales, el BRICs y China, capaz, bajo nuevos parámetros de intercambio, redefinir el orden mundial. La agresión a Venezuela, la petición de comprar Groenlandia, la amenaza de actuar en territorio mexicano, para Estados Unidos es cuestión de sobrevivencia. Los países aliados, su población son sus objetivos a neutralizar y someter. La guerra neocortical es una guerra global, en la cual, la sicología conductista, las neurociencias, las tecnologías de la información (cibernética y teorías de la complejidad) y la inteligencia artificial, producen armas “buscando regular la conciencia, las percepciones y la voluntad de liderazgo del adversario (…) su objetivo es paralizar en el adversario el ciclo de observación, orientación, decisión y acción… en suma, anular la capacidad de comprender”.
De esta forma se quiebra la voluntad hasta la derrota global del pensamiento crítico. En este contexto, corren malos tiempos para la dignidad, la democracia y la paz mundial.
Marcos Roitman Rosenmann





