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Acostarse sin postre

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No es buena la foto de Kast como presidente.

Es de conocimiento público que algunos derechos sociales conquistados serán esquilmados por la extrema derecha, que llega al gobierno luego de haber infringido una dura derrota al oficialismo en las elecciones presidenciales.

De conocimiento es que no es la primera vez que este radical sector político gobierna. La escuela militar/republicana nace el día 11 de septiembre y también existe evidencia que en los años sesenta ya comenzaron a dar sus primeros pasos que heredaron desde los tiempos de González von Mares. Basta recordar la masacre del Seguro Obrero.

Kast es el regreso del pinochetismo en el fondo y su forma, en sus palabras y promesas. Es un costo que hay que pagar para soportar los acuerdos/pactos  concertacionistas con la derecha para no alterar el modelo que hasta los días actuales se administra a sus regalados antojos.




El triunfo de la extrema derecha era un secreto a voces,

Los que desembarcaron en marzo de 1990 tienen los altos grados de responsabilidad, y como si de náufragos se tratara se aferraron a la espuria constitución guzmaniana. Patricio Aylwin en agosto de 1991 recitó que la “transición estaba hecha” y que Chile vive en democracia. Olvidaba el presidente demo/golpista que se heredaba una entelequia redactada bajo estado de sitio, sin partidos políticos ni registro electoral. La parafernalia concertacionista no se detuvo.

En septiembre de 2005 Ricardo Lagos un neoliberal a ultranza vocifera que finalmente Chile tiene una consagrada Constitución Política, donde la soberanía popular fue expresamente excluida. Saludada desde los Estados Unidos y el departamento de Estado.

Chile heredó un proyecto que no realizó la fundamental y necesaria transición.

La más evidente de las señales sociales la entregó octubre y tampoco lo vieron venir. Entraron al mundo de los acuerdos sin entender que aquello es un verdadero pantano. Dicen haber ganado pero no cuentan lo perdido, ni menos lo entregado.

La Constitución de Lagos/concertación y los otros daba por cerrado el proceso de legitimación en su modelo, lo social, lo cultural, en el fondo el timbre para la continuidad del modelo neoliberal. La estructura militar no fue tocada, seguían siendo un segmento pequeño, clasista y con un elevado costo para los dineros públicos. Se mandan solos, y los ministros de defensa convertidos en maceteros.

Proclamar y decir que con un lápiz habían vencido y derrotado a la dictadura constituye un insulto a todos los que de forma valiente hicieron uso de todas las formas de lucha, cuyos nombres están en dos informes redactados que constituyen la Verdad Histórica del país.

Lo que construyó la dictadura a sangre y fuego es bastante parecido a los tiempos actuales. Las AFP trabajando a toda máquina cuando por años se salió a la calle para poner fin a un modelo que es un fracaso. Una reforma de pensiones pactada entre sus dueños y los mendigos. El mismo edificio con más capas de pintura. Unos rendidos. Chile siguió vendiéndose al kilo.

Las empresas estatales eran asuntos del pasado que entre concertación y la derecha se encargaron de enterrar. Lan Chile, Correos y Telégrafos, Huachipato, Ferrocarriles, Chilectra, Enap, no era necesario si el mercado se encarga de regularlo todo. La presencia del Estado estaba dispuesta para lugares donde los privados no llegaban, zonas extremas con altos niveles de pobreza.

Y en esta historia la detención de Pinochet en Londres es una película de cine negro.

A pesar de iniciar el movimiento popular su recorrido en las calles exigiendo lo que era justo y desenmascarando al modelo, la llegada al gobierno de una nueva generación con sobradas razones para su existencia, fue un fracaso. Los que llegaron desde la calle entregan un gobierno a la extrema derecha.

El espacio para la férrea voluntad de iniciar un transito diferente, con las más sobradas razones donde la batalla contra el lucro asombró al mundo fue opacado desde la vanidad, una mirada desde la superioridad típica de los nacidos en la elite. No mirar la historia popular en sus años y recorridos anteriores.

Lo triste en esta historia fue el uso de la voluntad de cambio que siempre ha estado al lado para mejor. Las organizaciones sociales y populares sólo fueron floristas para ver como de forma rápida se fueron diluyendo todas las palabras que ordenadamente construyeron promesas.

Los venció la vieja política, se entregaron a la social democracia. Los encantó la vieja cantinela de que todo se puede hacer desde la medida de lo posible. No hay trazos de algún borrador para enunciar al proyecto diferente, más humano, más solidario, más internacionalista.

El gobierno que está por terminar su periodo, no logró comprender la necesidad de alterar un sistema que no entrega las respuestas sociales concretas que los millones de chilenos necesitan de manera urgente, para quienes el modelo los encadena a un sistema financiero mentiroso y ladrón.

Mucha culpabilidad está en el actual gobierno, pero tampoco se debe olvidar la estructura institucional en la cual se vive todos los días. Volver a 1990 sin el mínimo de autocrítica es insistir en vender pan frío a mitad de precio.

Nada se ganó en octubre y las lecciones en la historia se aprenden.

Allá los que sencillamente haya que cambiar de maquillaje para instalase frente a u gobierno de la externa derecha. Están los que nunca han sido convencidos y los que lentamente se irán sumando para encontrar en las calles nuevas lecturas.

 

Pablo Varas.

 

 

 

 

 

 

 

 



Pablo Varas

Escritor

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