
Incendios y modelo forestal: ¿dónde quedó el gobierno ecologista de Gabriel Boric?
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A propósito de los trágicos incendios en el centro-sur de Chile, que han obligado a evacuar a miles de personas y han dejado al menos 20 fallecidos hasta el momento, queda nuevamente en evidencia que estas catástrofes ambientales dejaron de ser excepcionales para convertirse en algo recurrente. Debemos hacernos cargo de manera seria y actuar de forma proactiva ante causas estructurales que van mucho más allá de la intencionalidad o no en la propagación del fuego.
El estado de catástrofe decretado por el Presidente en la madrugada para las regiones de Ñuble y Biobío es, sin duda, una medida correcta para enfrentar la urgencia. Sin embargo, mientras no se discuta en serio el modelo forestal vigente en la zona desde hace décadas —basado en el monocultivo de pino y eucalipto, altamente inflamable y riesgoso en un contexto de crisis climática (altas temperaturas y fuertes vientos)—, seguiremos tapándonos los ojos y enfocándonos principalmente en lo delictual o de seguridad, ignorando las causas de fondo.
Cuesta entender que un gobierno que se presentó como el primero ecologista de la historia de Chile haya hecho tan poco al respecto en estos años, después de repetir en campaña su compromiso con el medio ambiente, el agua como bien público y la justicia climática. Por eso, al observar la respuesta a esta emergencia —y, sobre todo, lo que no se ha hecho en cuatro años—, surge una pregunta incómoda e ineludible: ¿dónde quedó ese compromiso ecologista?
El Presidente Gabriel Boric podrá argumentar que en octubre de 2025 lanzó el Plan de Acción 2025-2026 de prevención, mitigación y control de incendios forestales (1), con una inversión de más de 160 mil millones de pesos (un aumento significativo respecto a temporadas anteriores). Sin embargo, resulta evidente que este plan, por más recursos que incorpore, es incapaz de frenar incendios de esta magnitud. El problema no radica en la falta de presupuesto, sino en la ausencia de voluntad política para una prevención real que incluya el debate sobre el modelo forestal insostenible.
Por eso, el modelo forestal extractivista —heredado de la dictadura y profundizado en democracia— sigue intacto. El gobierno no ha tomado medidas concretas para frenar los monocultivos de pinos y eucaliptos, que continúan ocupando millones de hectáreas en el centro-sur del país. Estas especies exóticas de rápido crecimiento consumen agua de manera desmedida y actúan como verdaderas antorchas en un escenario de sequía crónica y calentamiento global.
Es particularmente decepcionante para quienes apoyamos este gobierno —en mi caso, desde el Frente Amplio— ver que, tras los incendios devastadores de febrero de 2023, el Presidente planteara la necesidad de “debatir el modelo de industria forestal” (2), pero en la práctica no se haya avanzado nada al respecto. Se perdió una oportunidad histórica de derogar el DL 701 de Fomento Forestal, cuya vigencia solo ha impulsado la expansión del monocultivo, priorizando la inversión por sobre la protección ecosistémica y limitando el discurso de prevención a lo operativo, sin tocar las causas estructurales.
Mientras brigadistas arriesgan su vida en medio del infierno y familias lo pierden todo, el gobierno ecologista parece reducirse a declarar catástrofe, desplegar al Ejército y apelar a la responsabilidad individual (“el 99% de los incendios son por causa humana”). Es cierto que la negligencia humana juega un rol clave, pero ¿no es también negligencia estructural no haber transformado un modelo que sabemos alimenta estas catástrofes?
No se trata de culpar exclusivamente al Presidente Boric, sino de exigir coherencia a quien se presentó como una alternativa de transformación. Un gobierno que se dice ecologista no puede limitarse a combatir el fuego cuando aparece; debe prevenirlo desmantelando las condiciones que lo hacen posible. Eso implica cuestionar el extractivismo forestal y avanzar hacia una matriz productiva que no sacrifique territorios enteros en pos del lucro de unos pocos.
En su defensa, el Presidente podrá mencionar que su gobierno impulsó —desde octubre de 2023— un proyecto de ley de prevención de incendios forestales y rurales, que sigue estancado en el Senado (3). Si bien esta iniciativa representa un avance necesario en materia de prevención y corresponsabilidad (especialmente hacia privados y empresas forestales), resulta tremendamente insuficiente si no aborda de raíz el modelo forestal extractivista que agrava los mega incendios.
Para lograrlo se necesita un plan serio a largo plazo, más allá de slogans de campaña. Presentarse como “el primer gobierno ecologista” se queda en un eslogan vacío si no se concreta un giro real y urgente hacia la transición del modelo forestal actual. Mientras no ocurra ese cambio profundo, estos enormes incendios no serán solo una advertencia: serán nuestro futuro.
Andrés Kogan Valderrama
Sociólogo
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Diplomado en Masculinidades y Cambio Social





