Columnistas

Arde el sur: otra vez el neoliberalismo

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 15 segundos

Lo que arde en el sur y deja destrucción, muerte y pobreza, se llama neoliberalismo en su más dramático e inhumano esplendor. Y es también esa cultura la que infecta las aguas australes y mata formas de vida únicas en el planeta; la que extrae minerales del subsuelo del territorio y a su paso deja sequedad, miseria y venenos a flor de tierra; la que construye poblaciones callampas verticales en barrios en los que hace rato ya no cabe nadie más; la que ha envenenado bellas playas en las que los trabajadores descansaban y ahora son siniestros ingenios de energía y muerte que arrasa con la tierra, el mar y la salud de viejos y niños. La que le roba a los trabajadores mes a mes el fruto de su esfuerzo mediante esa fórmula llamada falsamente seguridad social.

Si usted es un mal pensado que no cree que los corcoveos que el planeta da de vez en cuando sean producto del azar o de la naturaleza propia del planetita, no anda lejos.

Suponer que una mañana estelar la tierra despertó y le dio por calentarse porque sí no más, como una especie de rabieta galáctica, o que de aburrida le dio por cambiar sus cursos climáticos asentados luego de millones de años de evolución hasta encontrar su mejor despliegue, es de una ingenuidad suicida.

Detrás de esas tragedias y las que están por venir hay seres humanos miserables, ignaros corruptos y podridos en la parte en la que juran que tienen un alma eterna y trascendente, y son esos millonarios los que llevan a la extinción del ser humano solo por una incomprensible sed de riquezas.




Al planeta tierra no le va a pasar nada. Es decir, nada malo. A lo sumo se deshará de un bicho que la ha tratado mal durante unos cuantos siglos, en una historia geológica de 4.540 millones de años, aprox.

Es altamente probable que este pequeño geoide que vuela a 107.580 kilómetros a la hora alrededor del sol, siga su curso una vez que la glotonería de un puñado de miserables haya extinguido la vida humana sobre su superficie. Este pequeño planeta que quizás tiene la gracia única en el universo de hacer crecer flores en su superficie, ha sobrevivido a cataclismos inimaginables y ha sido golpeado por miles de cometas y meteoritos que han dejado inviernos oscuros y fríos que han durado décadas.

Y ha seguido su giro.

Es el ser humano el que está en peligro de extinguirse por la ambición demente de un pequeño club de agencias, de desquiciados subhumanos que por más dinero harían lo que fuera, o por la intercesión cuántica de un par de bombas nucleares que dejarían un reguero de cucarachas como únicas sobrevivientes luego de la venganza que nadie verá.

Los peligrosos incendios del sur de este preciso momento, los que la televisión muestra superficialmente como accidentes o producto de un loquito pirómano que iba de paso, se originan ideológicamente en un orden en el que el precio está por sobre el valor, en donde, según decía Galeano, el ataúd es más importante que el muerto.

Concedido el derecho de todos de vivir como les acomode, el límite lo ponen los genocidas cuya ambición absurda los hace meritorio del fusilamiento sin mucho trámite.

Enemigos de la humanidad es lo que son.

Aquellos que hacen fortunas con la mala educación de los niños o se enriquecen con el sufrimiento de los viejos son de la misma familia de los que plantan especies que matan la tierra y secan los cursos de agua. Bajo esos desiertos vegetales no va a crecer ni un solo yuyo. Y luego los van a quemar a la siga del siguiente negocio.

No hay casualidades ni calentamiento global que explique la degradación acelerada del país y del planeta. Lo que hay es un sistema de ordenamiento mundial en que unos pocos viven del sufrimiento del resto. Según el Informe sobre la Desigualdad Global 2026, el 10 % más rico de la población mundial recibe más ingresos que el restante 90 % y posee tres cuartas partes de la riqueza total del planeta. En contraste, la mitad más pobre posee solo el 2 % de la riqueza global y obtiene menos del 10 % del ingreso total. Entre otras estadísticas no menos aterradoras.

En Chile la cosa no es tan diferente: el 1% de la población, menos de 200.000 personas, arrasan con el 50% de la riqueza total del país.

Estos son los verdaderos incendiarios.

Esas son las razones reales del calentamiento global y del cambio climático y no un arrebato del planeta. Esas son las razones por las que la tierra podría colapsar y hacer desaparecer, curiosamente, a sus más inteligentes y desarrollados habitantes.

Eso que arde en el sur y que castiga a personas comunes es el reinado del neoliberalismo que va en busca de tierras para seguir expoliando el planeta. Pregúntese quién pierde y quien gana con las tragedias que de tarde en tarde afectan, cosa curiosa, solo a personas pobres. ¿Ve a algún rico calcinado?

Se trata entonces de proponerse superar esta cultura de muerte y desolación, de futuros inciertos para nuestros niños y presente de sufrimiento y explotación para quienes viven de la fuerza de su trabajo o sufren las pensiones de espanto que entrega el sistema.

Se trata de deconstruir en la cabeza de las personas normales eso que ha colonizado su percepción del mundo y la ha penetrado con un sentido común que rechaza la reflexión y los valores más humanos. Y eso es complejo y de largo plazo. Se trata de levantar opciones en las que esos valores y una concepción de la vida, su sentido y razón, se asienten en convicciones tales, en las que dinero sea solo eso con lo que compramos el pan y el vino.

Y no una excusa para matar inocentes.

 

Ricardo Candia Cares



Foto del avatar

Ricardo Candia

Escritor y periodista

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *