Poder y Política

La derecha chilena contra Bachelet: mezquindad local frente a una apuesta global

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La oficialización de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas, respaldada formalmente por Chile, Brasil y México, no solo abrió un nuevo capítulo en la proyección internacional de América Latina, sino que también dejó al desnudo una reacción tan previsible como preocupante de la derecha chilena. Particularmente desde el Partido Republicano, pero también desde sectores de Chile Vamos, la respuesta fue una mezcla de desdén, descalificación y cálculo político menor frente a una iniciativa de alcance global.

El lunes 2 de febrero, desde el Palacio de La Moneda, el presidente Gabriel Boric anunció la inscripción formal de la candidatura de la exmandataria ante la ONU, acompañada por el canciller Alberto van Klaveren y los embajadores de Brasil y México. No se trató de un gesto simbólico ni improvisado: el respaldo de los dos países más poblados de América Latina —gobernados por Lula da Silva y Claudia Sheinbaum— sitúa la postulación de Bachelet como una apuesta regional por fortalecer el multilateralismo en un contexto internacional marcado por guerras, crisis humanitarias, colapso climático y debilitamiento de los organismos globales.

Sin embargo, en Chile, la reacción de la derecha fue inmediata y reveladora. Desde el Partido Republicano, su presidente Arturo Squella calificó la candidatura como “nacida muerta”, mientras otras figuras del sector apuntaron a supuestos errores diplomáticos del gobierno de Boric, a la trayectoria política de Bachelet o incluso a su pasado como Alta Comisionada de Derechos Humanos, cargo desde el cual incomodó a gobiernos autoritarios y a sectores conservadores en distintos países.

Más que un análisis serio de viabilidad internacional, las críticas parecen responder a una lógica estrictamente doméstica: debilitar cualquier figura asociada al ciclo progresista, incluso cuando esa figura goza de reconocimiento transversal fuera de las fronteras chilenas. La derecha no discute la experiencia de Bachelet en Naciones Unidas, ni su conocimiento del sistema multilateral, ni su trayectoria como jefa de Estado en dos períodos. Lo que incomoda es otra cosa: que una figura identificada con la centroizquierda chilena encarne una alternativa de liderazgo global desde el Sur.




El contraste con la cobertura internacional es elocuente. Medios como El País destacaron el respaldo de Brasil y México como un gesto político relevante que busca devolver protagonismo a América Latina en la gobernanza global. En esa lectura, la candidatura de Bachelet no es solo personal, sino parte de un esfuerzo por reposicionar a la región como actor colectivo en un mundo crecientemente fragmentado. Esa dimensión está completamente ausente en el discurso de la derecha chilena, atrapada en su propia trinchera ideológica.

La crítica republicana también revela una tensión más profunda: la incomodidad de la ultraderecha con el multilateralismo mismo. Para sectores que conciben la política internacional desde el prisma de la soberanía cerrada, el orden, la seguridad y el alineamiento acrítico con potencias hegemónicas, Naciones Unidas es vista más como un obstáculo que como un espacio de cooperación. No es casual que la figura de Bachelet —asociada a derechos humanos, enfoque de género y cooperación internacional— sea blanco de ataques tan virulentos.

Resulta especialmente llamativo que estas descalificaciones surjan cuando Chile logra articular un respaldo regional significativo, algo cada vez más escaso en la diplomacia latinoamericana. En lugar de valorar el posicionamiento del país y la posibilidad de que una chilena llegue al cargo más alto del sistema multilateral, la derecha opta por el boicot discursivo, incluso a costa de debilitar la imagen internacional de Chile.

La paradoja es evidente: quienes se presentan como defensores del prestigio y la seriedad institucional del país son los primeros en relativizar una candidatura que, objetivamente, fortalece la presencia chilena en el escenario global. En ese sentido, las declaraciones del Partido Republicano no solo resultan mezquinas, sino también profundamente provincianas.

La candidatura de Michelle Bachelet no está exenta de desafíos. El proceso para elegir al próximo secretario o secretaria general de la ONU es complejo, atravesado por vetos, equilibrios geopolíticos y negociaciones entre potencias. Pero reducirla a una maniobra política interna o a una supuesta inviabilidad automática es una forma de negar deliberadamente el peso de su trayectoria internacional y el respaldo político que hoy la acompaña.

En tiempos de crisis global, la pregunta de fondo no es si Bachelet “le acomoda” a la derecha chilena, sino si Chile está dispuesto a jugar un rol activo en la reconstrucción de un orden internacional más cooperativo. La reacción de la derecha parece responder con claridad: prefieren la pequeñez del conflicto interno antes que asumir una mirada de país.

Más que una crítica a Bachelet, lo que se expresa es una resistencia a cualquier proyecto que desafíe el repliegue nacionalista y la política del resentimiento. Y en ese gesto, la derecha chilena vuelve a confirmar algo que ya es evidente: su incapacidad para pensar más allá de sus fronteras ideológicas



  1. Serafín Rodríguez says:

    Ahora se terció Brandon Judd. el Embajador de Estados Unidos en cuanto a la candidatura de Bachelet a la ONU: “Analizaremos su historial, fortalezas y debilidades”. Y agregó dos frases claves:

    “Es más fácil trabajar con personas afines ideológicamente y la izquierda propondrá a personas con las que cree puede trabajar”.

    “La derecha también propondrá a personas con las que cree que puede trabajar mejor. Es más fácil hacerlo con quienes comparten los mismos objetivos”.

    Más claro echarle agua!

    An todocaso, aquí van algunas razones por las cuales EE.UU. (y, en particular, Trump) podría vetar la candidatura de Bachelet:

    1. Diferencias ideológicas y políticas claras: Bachelet proviene de una tradición política de izquierda/socialista, y Trump es conocido por posiciones políticas conservadoras y anticomunistas. Algunos analistas señalan que Trump podría no apoyar a una candidata percibida como “progresista” o de izquierda. Todo esto en la línea que menciona Judd.

    2. Relaciones diplomáticas tensas entre Boric y Trump: Gabriel Boric ha hecho críticas públicas a Trump y a políticas de EE.UU., lo que algunos creen podría influir negativamente en el apoyo estadounidense a Bachelet.

    3. Percepción de que Bachelet representa agendas que Trump rechaza: Trump y algunos sectores conservadores han criticado a la ONU por su enfoque en cambios climáticos, derechos humanos o políticas migratorias —áreas donde Bachelet ha trabajado fuertemente, especialmente en su rol anterior como Alta Comisionada de Derechos Humanos. Esto podría hacer que sectores de la administración estadounidense vean con recelo su candidatura.

    4. Competencia de otros candidatos con más apoyo de Washington: Otros candidatos, como la costarricense Rebeca Grynspan o el argentino Rafael Grossi, tienen perfiles más alineados con lo que sectores diplomáticos estadounidenses ven como “aceptable”, lo que podría inclinar a EE.UU. a respaldarlos en vez de a Bachelet.

    ¿Qué pasaría si Trump vetara a Bachelet?

    Si Estados Unidos decidiera votar en contra de su recomendación en el Consejo de Seguridad, la candidatura de Bachelet prácticamente no podría avanzar hacia la Asamblea General, ya que ese veto impediría el consenso necesario para ser presentada formalmente.

  2. ¿Bachelet liderando a la ONU?

    Saludos a todos,

    Escrito por don Juan Carlos, antiguo exeditor

    Chile quiere postular la candidatura de la expresidenta Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, apoyada por Chile, Brasil y México en febrero de 2026, sin embargo, genera debate entre su prestigio internacional para suceder a António Guterres y las críticas internas por la gestión fallida en sus gobiernos con la Concertación y la Nueva Mayoría.

    La expresidenta Bachelet, no puede vanagloriarse por su trayectoria política porqué va a pasar a la historia como la presidenta que sepultó el crecimiento económico y la tradición de seriedad en las políticas públicas y, lo peor de todo, sin lograr ninguna de sus promesas de mayor equidad en Chile. También, la nuera y el hijo de la expresidenta Michelle Bachelet han sido acusados de fraude fiscal en un lucrativo negocio inmobiliario que posiblemente también involucró información privilegiada, etc.

    En su última administración, se les pidió hasta el cansancio a la expresidenta Bachelet que gobernara a nuestro país y que hicieran una razia en las FF.AA al inicio de la democracia y con disgusto, fuimos comprobando que muchos de los torturadores, opresores y asesinos seguían en servicio activo en sus diferentes corporaciones; mientras que nuestros supuestos gobernantes escogidos por el voto, ignoraban nuestras advertencias (mirando para el lado).

    La expresidenta Bachelet no exigió transparencia, como “la pedimos a gritos”, ni siquiera se molestó en hacer una real fiscalización ciudadana en las FF.AA en épocas de la Concertación y de la Nueva Mayoría, como una forma de acatar u observar la voz del pueblo. En general, nuestros expresidentes democráticos prefirieron solidarizarse con nuestros martirizadores y con el generalato: Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos, Michelle Bachelet, Sebastián Piñera y Gabriel Boric. Es decir, aquí no ha pasado nada. Nos mataron a un presidente en ejercicio. Nos detuvieron, torturaron, asesinaron y mandaron al exilio a miles, mientras hoy, “los políticos se ríen de la MEMORIA del pueblo.”

    Qué fácil se olvidaron del terrorismo de Estado de Pinochet. El legado de estos tiempos, ha quedado escrito en el colectivo del pueblo chileno. ¡Y que no se les olvide! Sí pretenden evitar que se les acuse en la historia de cómplices de crímenes de lesa humanidad al convertirse en sumisos de los militares de Chile y ahora quieren seguir obedientes al servicio de Washington. Nunca la expresidenta, mostró voluntad para conversar o recibir a las Agrupaciones de Exprisioneros Políticos del país que convocan a sus seguidores.

    • Serafín Rodríguez says:

      Todo eso y mucho más en cuanto a su gestión como presidenta 4 x 2. Para qué decir nada en cuanto a su gestión en ONU Mujeres, una movida de los demócratas yanquis para sacarla de la coyuntura política chilena con Obama en el gobierno de EE.UU. y los buenos oficios de su amiga Hillary Clinton de modo que pudiera volver impoluta para un segundo período, tal como ocurrió. Y para qué decir nada de su sesgada gestión como Alta Comisionada de DD.HH. Ambos cargos los desempeñó literalmente con las las patas y el buche, sin preparación alguna. El trabajo especializado y de fondo siempre lo hacen los equipos con que cuentan las respectivas oficinas. Sin embargo la Secretaría General de la ONU es otro cuento.

  3. Serafín Rodríguez says:

    OTROSI: De manera muy interesante, la candidatura de marras se ha convertido en una gran trifulca entre la oposición y el gobierno en la prensa y medios «mainstream» del país con la voz cantante de la vocera PC del gobierno según destaca EMOL, por ejemplo. De seguro que el Embajador de EE.UU. en Santiago ya ha tomado nota de qué se trata tal candidatura de modo que Washington pueda adoptar la decisión del caso cuando ella se discuta en el Consejo de Seguridad de la la ONU.

  4. Serafín Rodríguez says:

    La cuestión ideológica aparte, ¿cuál es la propuesta de Bachelet? ¿Qué es lo que haría? ¿Intentar reformar la ONU? ¿Cómo? ¿En qué aspectos? Nunca ha dicho nada.

    Parece que se requiere alguien más técnico que político, tal vez alguien como Grynspan o Grossi con perfiles, experiencias y capacidades más acordes con las necesidades de los difíciles tiempos que corren en cuanto a desarrollo económico y la grave naturaleza de los conflictos internacionales que podrían llevarnos a una hecatombe. Ya no se trata de abogar por la paz sólo en términos de buna voluntad. Se requireren intervenciones reales y efectivas para lograrla y mantenerla, todas tareas altamente complejas y difíciles.

    • Serafín Rodríguez says:

      Sea como sea, la realidad es que tal como detalla el artículo en comento —y no podría ser de otro modo—, la candidatura de Bachelet es una candidatira ideológica que es incompatible con la ideología de quienes manejan la política exterior de por lo menos uno de los países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. En estas circunstancias, guste o no guste, resulta altamente improbable que logre tener éxito.

    • «conflictos internacionales que podrían llevarnos a una hecatombe» , exacto , ese es el reto fundamental, y no parece claro que sea Bachelet la persona más apropiada para enfrentarlo.

  5. Patricio Serendero says:

    La Derecha ha mostrado siempre de un provincianismo de baja estofa, producto de su fanatismo ideológico e ignorancia en el más amplio sentido de la palabra.

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