
¡Pura vida!: el compromiso de John Saxe-Fernández con nuestra América
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Fue un pionero. Un osado al incorporar las estrategias de defensa y seguridad nacional al análisis de la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. Su propuesta obligó a repensar la geopolítica regional. De ahí que sus investigaciones abriesen camino. Sus estudios dejan huellas. Muestran los vínculos existentes entre las ciencias sociales, las acciones militares, el control de las materias primas y los proyectos imperiales de dominación que acompañan el intervencionismo estadunidense.
John Saxe-Fernández desnudó la arquitectura, el armazón ideológicopolítico sobre el cual el establishment estadunidense levanta su sueño de control imperial. No puso adjetivos, investigó, proporcionando datos, elementos para apuntalar un pensamiento emancipador. Lo hizo siempre. No necesitó del insulto ni la descalificación. Sus argumentos fueron el rigor teórico y la contundencia de los hechos expuestos. No dio lugar a dobleces ni manipulaciones. Se ganó el respeto y reconocimiento en el campo académico y la lucha teórica. El mejor ejemplo: la labor divulgativa en La Jornada. Sus columnas de opinión son joyas para pensar nuestra América desde un compromiso con las luchas antimperialistas.
En su trayectoria vital, entre otras, fue testigo de la revolución cubana, la invasión a República Dominicana, el triunfo de la Unidad Popular, los golpes de Estado, la revolución sandinista, la invasión a Panamá, la caída del muro de Berlín, el alzamiento zapatista, la detención de Augusto Pinochet en Londres, la guerra del Golfo, el ataque a las torres gemelas de Nueva York, a los éxitos y fracasos de gobiernos populares, los procesos de trasnacionalización, la firma de los tratados de libre comercio, la crisis climática o la emergencia de gobiernos de extrema derecha.
Experiencias que marcaron su actividad intelectual y sobre las cuales reflexionó, dejando constancia en ensayos, artículos y libros. Pero, también lo fue de un hecho singular que tuvo repercusiones en todo el quehacer de las ciencias sociales latinoamericanas. Me refiero al primer intento del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en 1964, elaborado a rebufo de la revolución cubana, para recrear escenarios de futuro a fin de contrarrestar un cambio social revolucionario en los países de la región.
Chile fue el laboratorio para llevar a cabo la propuesta. Denunciado y desenmascarado, la maniobra quedó en la memoria colectiva de las acciones encubiertas para desestabilizar gobiernos antimperialistas, democráticos, populares y anticapitalistas. John Saxe-Fernández visualizó con agudeza su alcance y repercusiones. El Proyecto Camelot desnudó la falsa neutralidad de las ciencias sociales y puso sobre la mesa el rol de académicos, investigadores e instituciones universitarias en una posible redición, bajo nuevos parámetros.
En 1969, afincado en México, John Saxe-Fernández presenta al noveno Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) lo que será el sello de identidad de su producción teórica. En su ponencia destaca: “los programas de asistencia militar y de venta de armamento se coordinan con el supuesto de que se ha logrado una eficaz incorporación político-ideológica técnica y organizativa de los sistemas militares locales dentro de sus diseños hegemónicos”.
Consecuencia de sus reflexiones, en 1971 ve la luz su libro Proyecciones hemisféricas de la Pax americana, editado por Amorrutu. Hoy referencia obligada. Resulta significativo que el libro esté dedicado a Irving Louis Horowitz, con quien mantuvo una estrecha relación durante su estancia en la Universidad de Washington mientras realizaba los estudios de maestría. Los cambios políticos de Horowitz le distanciaron, pero sin duda influenciaron su trabajo. Horowitz había publicado en 1967 Auge y caída del Proyecto Camelot. Las relaciones entre las ciencias sociales y las prácticas políticas. Motivo suficiente para la dedicatoria.
Pero encasillar a Saxe-Fernández a ser un estudioso del imperialismo es faltar a la verdad. En su compromiso intelectual, su imaginación sociológica le llevó a reflexionar sobre las múltiples aristas del cambio global, la crisis climática y sus efectos en América Latina. En esta dimensión debemos recordar el temprano estudio Petróleo y estrategia. México y Estados Unidos en el contexto de la política global (Siglo XXI, 1980). Sus preocupaciones sobre el armamentismo, el conflicto entre potencias, los cambios en la derecha neoconservadora y su defensa de la revolución cubana no le abandonaron nunca.
Entre sus ensayos cabe mencionar Los fundamentos de la “derechización” en Estados Unidos, texto escrito para el libro colectivo coordinado por Agustín Cueva: Tiempos Conservadores. América Latina en la derechización de Occidente. Su lectura, a pesar de haber sido redactado en 1986, no ha perdido un ápice de actualidad. Con cambiar Reagan por Trump, muchos de los interrogantes de hoy podrían quedar resueltos. Y junto con Pablo González Casanova, su gran amigo, crearon en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, el programa El mundo en el siglo XXI.
Fue un maestro en el más amplio sentido de la palabra. Nunca abandonó la docencia. Prestaba atención a sus estudiantes. Les proporcionaba lecturas. Les llamaba a no quedarse en la superficie. Si se me permite el símil futbolero, fue un creador de juego. Ese jugador que no busca destacar, sino romper defensas para que otros crezcan y se hagan mejores. Su obra colectiva es la prueba. Sólo un ejemplo: Sociología política del colapso climático antropogénico. Editado por la UNAM en la colección Mundo Actual. (2018).
Costarricense de nacimiento, representa esa generación de intelectuales que engrandecen el pensamiento crítico de nuestra América, desde la humildad de quien lucha, sabiendo que sólo colectivamente se puede vencer al imperialismo. ¡Pura vida, John Saxe-Fernández! Tus enseñanzas y ejemplo de honestidad intelectual no caen en saco roto.
Marcos Roitman Rosenmann





