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Cuba frente a la asfixia energética: bloqueo, crisis humanitaria y la débil respuesta de América Latina

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Cuba atraviesa una de las crisis energéticas más graves de las últimas décadas, marcada por apagones prolongados, paralización parcial del transporte, afectaciones al sistema de salud y severas restricciones a la actividad económica. Diversos medios internacionales y organismos especializados coinciden en que el detonante inmediato de esta situación es el endurecimiento del bloqueo estadounidense, que en los últimos meses ha apuntado de forma directa al ingreso de combustible y derivados a la isla, así como a disuadir a terceros países y empresas de mantener vínculos energéticos con La Habana. Fuentes como The Guardian, Reuters y The Washington Post han documentado cómo estas medidas han provocado la cancelación de vuelos internacionales, la reducción de operaciones portuarias y una creciente vulnerabilidad social.

El gobierno de Estados Unidos ha dejado claro que su estrategia busca cortar las fuentes de suministro energético de Cuba, aplicando sanciones y amenazas explícitas a navieras, aseguradoras y Estados que faciliten petróleo, diésel o fuel oil a la isla. A diferencia de etapas anteriores del embargo, el actual escenario se caracteriza por un mayor grado de presión directa y pública, en un contexto regional ya tensionado por la intervención estadounidense en Venezuela y por una política exterior más agresiva de la administración Trump. Analistas citados por medios europeos advierten que esta combinación coloca a Cuba ante un riesgo humanitario real, al afectar de manera transversal derechos básicos como la salud, la alimentación y la movilidad.

México: solidaridad activa y ejemplo regional

Frente a esta coyuntura, México se ha convertido en el principal referente de solidaridad concreta en América Latina. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha cuestionado públicamente el carácter “injusto” del bloqueo y ha subrayado que ninguna diferencia política puede justificar el castigo colectivo a una población. Según informaron El País y Reuters, México envió recientemente buques de la Armada con ayuda humanitaria —alimentos, productos de higiene y suministros básicos— destinados a aliviar la situación de emergencia en la isla.

Si bien el Ejecutivo mexicano ha reconocido que la presión de Washington ha obligado a pausar temporalmente envíos de petróleo, también ha insistido en la necesidad de abrir corredores humanitarios y excepciones explícitas para garantizar bienes esenciales. Esta postura combina prudencia diplomática con un mensaje claro: la crisis cubana debe abordarse desde un enfoque humanitario y regional, no como un instrumento de coerción política.




Manifestación frente a la embajada de EEUU en Santiago en Chile.

Brasil, Colombia y Chile: pronunciamientos y mucha cautela

Otros gobiernos latinoamericanos han comenzado a expresar preocupaciones políticas y humanitarias, aunque con distintos niveles de intensidad. En el caso de Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha reiterado en foros regionales y multilaterales su rechazo a las medidas unilaterales y coercitivas que afectan a poblaciones civiles, y ha defendido la tradición latinoamericana de respeto a la soberanía y solución pacífica de controversias. Aunque Brasil no ha anunciado envíos directos de ayuda a Cuba en esta etapa, su posición se alinea con la crítica al bloqueo como herramienta de presión.

En Colombia, el gobierno de Gustavo Petro ha mantenido una política exterior centrada en el diálogo y la desescalada de conflictos. Fuentes regionales y reportes de centros de análisis señalan que Bogotá ha manifestado en espacios diplomáticos su preocupación por el impacto humanitario de las sanciones, subrayando que estas no deben agravar la pobreza ni la exclusión en el Caribe y América Latina.

Por su parte, Chile ha reiterado históricamente su voto en Naciones Unidas contra el bloqueo a Cuba y, en el contexto actual, parlamentarios y sectores políticos han advertido sobre las consecuencias de un cerco económico que afecta derechos fundamentales. Si bien el gobierno de Gabriel Boric no ha anunciado ayuda material directa, su discurso ha insistido en la necesidad de respuestas multilaterales y humanitarias, coherentes con el derecho internacional.

La ONU y el nuevo escenario de presión

En Naciones Unidas, numerosos países han vuelto a denunciar el bloqueo y su impacto humanitario, pero diplomáticos consultados por medios internacionales destacan que el momento actual es distinto: las amenazas del gobierno estadounidense son más explícitas, especialmente en materia energética, y buscan disuadir activamente cualquier forma de cooperación. Esto ha generado inquietud incluso entre aliados tradicionales de Washington, que temen un precedente peligroso de castigo colectivo y extraterritorialidad de sanciones.

Organismos internacionales y expertos en derechos humanos citados por Time y The Guardian coinciden en que, más allá de las disputas políticas, existe un deber humanitario de la comunidad internacional, particularmente de América Latina y el Caribe, de impedir que la crisis derive en un colapso social mayor.

Un llamado regional

La situación de Cuba vuelve a colocar a América Latina ante una disyuntiva histórica: la indiferencia o la solidaridad activa. El ejemplo de México demuestra que es posible actuar desde una lógica humanitaria, incluso en un contexto de presiones externas. Las posiciones de Brasil, Colombia y Chile, aunque más cautas, apuntan en la misma dirección: rechazar el uso del sufrimiento civil como herramienta política.

En un continente marcado por memorias de bloqueos, crisis y exclusión, la respuesta a la emergencia cubana no es solo un asunto de política exterior, sino de responsabilidad ética y regional. Garantizar combustible para hospitales, transporte de alimentos y servicios básicos no es un gesto ideológico, sino un imperativo humanitario que interpela a toda la comunidad internacional.

Fuentes: The Guardian, Reuters y The Washington Post y redacción El Clarín



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