
Agresión a Cuba: sin frente ni retaguardia
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¿Por qué una isla empobrecida de diez millones de habitantes representa para el imperio un peligro y una amenaza? No será porque su economía sea de tal manera grande que le represente una competencia dañina. Ni porque sus fuerzas armadas sean una amenaza vital para el país cuyo complejo militar chantajea a casi todo el resto del mundo. Durante 65 años Estados Unidos y sus vasallos han afirmado y vuelto a afirmar que el socialismo no es viable y que por esa razón Cuba va a caer en las siguientes 24 horas.
El caso es que aún está ahí.
En medio de dificultades inimaginables para cualquier otro país, resiste. A pesar del sacrificio cotidiano que debe enfrentar su gente, resiste. A pesar de los errores y limitaciones, Cuba aún sigue resistiendo.
¿Dónde radica el peligro por el cual el imperio y sus lacayos están dispuestos a asfixiar hasta lo inhumano a un pueblo que lo único que ha pedido es que lo dejen ser?
El delito de Cuba es su intento por ser Cuba al modo en que han venido construyendo, tanto como un país, como una idea asentada en valores que se alejan de la barbarie capitalista mediante una revolución que hicieron con sus propias ideas, manos y mártires.
Cuba es uno de los mejores ejemplos para probar la inhumanidad del capitalismo, su egoísmo intrínseco, su criminal doctrina que devasta la tierra y pone al ser humano al borde de su extinción, un orden que, a su paso, ha dejado un reguero de muerte, destrucción, locura y sufrimiento.
Los dolores y dificultades por los que atraviesa la heroica Cuba no obedecen a que el socialismo que decidieron construir sea intrínsecamente malvado. Cuba es un país empobrecido por un bloqueo que ningún otro sufrió jamás. Pero, aun así, ha seguido siendo un ejemplo de humanidad.
El pecado de Cuba a los ojos de sus enemigos es la virtud que le reconocemos quienes la amamos, respetamos y valoramos su gesta: su generosidad, su solidaridad, su inclaudicable decisión de reconocerse en los pueblos que luchan por su libertad, dignidad e independencia. De ser capaces de sentir el dolor ajeno. Por estar siempre del lado de los pobres del mundo.
A pesar de la apreturas y dramáticas consecuencias del bloqueo en su expresión más sádica y criminal, no se sabe que Cuba haya suspendido su colaboración que salva vidas de niños en países hasta donde no llega el oropel de capitalismo.
Desde aquel lejano 1963, cuando Cuba envió su primera misión a Argel, más de 600.000 médicos cubanos han apoyado a 165 países del mundo. Cuba considera un deber moral estar en donde se le necesita, donde haya vidas que salvar. Su internacionalismo proletario lo consideran una forma de pagar su propia deuda con la humanidad.
África, Asia y América Latina conocen de la solidaridad cubana que se hace sin alardes ni publicidad.
Nuestro país tiene una deuda enorme con Cuba. Durante la dictadura salvo a miles de personas dándole refugio y seguridad. Ayudo como ningún otro a combatir la dictadura formando militarmente a combatientes chilenos y se jugó entera al aportar con los medios necesarios para terminar con la dictadura terrorista. Cuando fue necesaria su presencia no dudó en mandar a sus médicos y técnicos cuando los terremotos o la epidemia.
Sin pedir nada a cambio.
Pero muchos de quienes antes se peleaban a codazos por posar con Fidel Castro, hoy se alejan de Cuba y ganados en conciencia y corazón por el enemigo, se cuelan al desfile de críticas y rechazos. Socialistas que desfilaban con camisas verde olivo y un treinta y ocho al cinto, hoy se visten con Versace y Saint Laurent y se olvidaron de su verborrea pseudorevolucionaria.
Destacados militantes del Partido Comunista de Chile no pierden oportunidad de criticar infundada y cobardemente a Cuba y su proceso, aunque hace algunos años hayan pechado a codazos por posar del brazo con su líder. En ese tiempo ese gesto tenía réditos. En rigor, es gente que debería ser expulsada de un partido que sí sabe la deuda que se tiene con los cubanos.
El mundo asiste a un cambio de época.
A la cultura dominante del capitalismo le ha salido gente al camino y es de temer que esta crisis tenga expresiones de aguda violencia desatada por el imperialismo que ya ha sacado su cuenta y concluido que solo le queda una conflagración de alcance planetario si quiere salvar su dominio.
En ese estado de cosas, sumados al escándalo sin parangón de la llamada Lista de Epstein en la que el mentiroso Trump aparece nombrado cerca de18.000 veces, la creciente idea de que las tensiones que se dejan ver en un país que vive una crisis existencial severa, la posibilidad de una guerra civil está cada día más cerca y una deuda de increíbles proporciones, exige a los genocidas de la Casa Blanca a buscar una potente provocación de enormes proporciones para llevar la atención del planeta hacia otros derroteros.
La inminente agresión a Irán y la amenaza de ataque a Cuba serian no más que distractores para encubrir la cada día más escandalosa, vergonsoza y demencial conducta de Trump y su camarilla de genocidas.
Pero ¿por qué contra Cuba si por donde se mire no representa un peligro para el imperio?
Porque Cuba es un ejemplo peligroso. Porque en medio de la barbarie neoliberal la solidaridad no es negocio. Porque es cosa de ver quiénes son sus enemigos y quienes sus amigos.
La locura criminal de Estados Unidos puede desencadenar una tragedia inconcebible, una matanza sin parangón en Cuba. Pero si se mira bien, los genocidas del Pentágono y de las agencias de inteligencia estadounidenses deberían analizar las cosas con más calma.
Una vez Fidel, que según García Márquez tenía la virtud de ir al futuro para luego contarlo, avisó que una guerra así no tendría frente ni retaguardia.
Como para pensarlo un poco.
Ricardo Candia Cares





