
Ayuda a Cuba y fuego cruzado: la ofensiva republicana contra Boric y la nueva pulseada diplomática
Tiempo de lectura aprox: 3 minutos
La decisión del gobierno de Gabriel Boric de enviar ayuda humanitaria a Cuba abrió un frente inesperado, pero no inédito, en la ya compleja relación entre América Latina y sectores duros del Partido Republicano en Estados Unidos. Lo que comenzó como un anuncio del canciller Alberto van Klaveren terminó escalando en cuestión de horas a una acusación directa desde el Congreso estadounidense.
El congresista republicano Carlos Giménez calificó la decisión chilena como un “patético actuar” y aseguró que desde el Capitolio denunciarán “el respaldo del Presidente de Chile a la dictadura militar en Cuba”. En un mensaje difundido en su cuenta de X, advirtió incluso que “Chile enfrentará las consecuencias” por esta determinación.
La reacción no solo fue dura; también fue leída en Santiago como un gesto de abierta injerencia. La ayuda anunciada por La Moneda tiene carácter humanitario y busca atender necesidades urgentes de la población cubana. Sin embargo, para Giménez —representante de un distrito de Florida con fuerte presencia del exilio cubano— cualquier gesto hacia La Habana es interpretado como un apoyo político al régimen.
Un patrón que se repite
No es la primera vez que el legislador apunta contra un mandatario latinoamericano por su postura frente a Cuba. Días antes había cargado con términos similares contra la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a quien acusó de ser “una marioneta de la dictadura en Cuba”.
El detonante fue la controversia por la presencia en México de Rosa María Payá, ciudadana estadounidense de origen cubano, opositora al gobierno de La Habana y actual comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Sheinbaum había cuestionado que, si Payá acudía en representación de la CIDH, no debía “militar a favor de una u otra causa”, sino limitarse a revisar denuncias conforme a su mandato.
La respuesta mexicana fue más diplomática que confrontacional. El subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, recordó que Sheinbaum fue elegida democráticamente y subrayó que la política exterior mexicana se rige por el principio histórico de no intervención. “No buscamos confrontación, pero sí el respeto a nuestras decisiones”, señaló.
En el caso chileno, la situación presenta matices similares. La ayuda humanitaria no implica un respaldo ideológico, sino una acción concreta frente a una crisis que afecta directamente a la población cubana. Pero el tono del congresista republicano elevó el conflicto a un plano político mayor.
Humanitario vs. ideológico
El debate de fondo es si enviar asistencia a Cuba constituye un gesto solidario con su población o un aval al régimen. Para el gobierno chileno, la respuesta es clara: se trata de cooperación humanitaria, no de un pronunciamiento sobre el sistema político de la isla.
Sin embargo, en el discurso de sectores republicanos estadounidenses, la distinción se diluye. La política hacia Cuba es uno de los ejes más sensibles de la agenda interna en estados como Florida, donde la narrativa de “mano dura” frente al castrismo sigue siendo un capital electoral relevante.
Las declaraciones de Giménez —quien habló incluso de “consecuencias” para Chile— fueron interpretadas por analistas como un mensaje político más orientado al público doméstico estadounidense que a una real escalada diplomática. No obstante, el efecto simbólico es innegable: un congresista extranjero cuestionando y amenazando públicamente a un gobierno soberano por una decisión de política exterior.
¿Nueva tensión hemisférica?
La situación revive un viejo fantasma en América Latina: la percepción de intervencionismo estadounidense en asuntos internos o decisiones soberanas de la región. El término “imperialismo” volvió a circular en redes sociales tras los dichos del legislador republicano, mientras sectores oficialistas en Chile calificaron la advertencia como impropia de la diplomacia entre Estados.
En paralelo, la Casa Blanca no emitió una postura oficial sobre el tema, lo que deja las declaraciones en el plano legislativo y partidario. Aun así, el episodio deja en evidencia cómo Cuba continúa siendo un punto de fricción que atraviesa fronteras y reconfigura alianzas.
Para Boric, que ha intentado mantener una política exterior basada en principios de derechos humanos universales —criticando tanto abusos en regímenes de izquierda como de derecha—, el desafío es sostener coherencia sin quedar atrapado en la polarización externa.
La política exterior como campo de batalla
El caso chileno y el mexicano muestran un patrón: líderes latinoamericanos que adoptan posiciones soberanas frente a Cuba enfrentan cuestionamientos desde sectores duros del Partido Republicano. En ambos episodios, la respuesta oficial apeló a la legitimidad democrática y a la no intervención.
Más allá de la retórica, la pregunta es cuánto impacto real pueden tener estas advertencias. Las relaciones bilaterales entre Chile y Estados Unidos mantienen canales institucionales sólidos, con acuerdos comerciales y cooperación estratégica vigentes. Una confrontación abierta no parece probable.
Sin embargo, el cruce deja una señal clara: en el tablero geopolítico actual, incluso la ayuda humanitaria puede convertirse en munición política. Y en esa batalla discursiva, América Latina vuelve a quedar en el centro de tensiones que combinan historia, ideología y cálculos electorales.
Por ahora, La Moneda mantiene su decisión. Desde Washington, al menos desde un sector del Congreso, llegó la advertencia. El episodio confirma que Cuba sigue siendo una línea roja para parte del establishment republicano y que cualquier gesto hacia la isla, incluso en clave humanitaria, puede desatar tormentas diplomáticas de alto voltaje.





