
La batalla cultural de la derecha por La Moneda: ¿borrar la memoria de Allende?
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 44 segundos
La discusión no es nueva, pero el momento sí lo es. En medio de un clima político tensionado, el exdirector ejecutivo del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Francisco Estévez, volvió a instalar en una entrevista una pregunta incómoda: ¿debe el Palacio de La Moneda ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO para blindar su memoria ante un eventual retroceso político?
La casa de Gobierno ya es Monumento Nacional y figura desde hace años en la lista tentativa del organismo internacional, junto a otros 17 sitios naturales y culturales del país. Pero, según Estévez, el contexto actual obliga a priorizarla. No por su valor turístico ni por prestigio internacional, sino por lo que representa en la historia democrática chilena.
Mucho más que piedra y fachada
La Moneda es una de las obras neoclásicas más emblemáticas del país. Nació en la Colonia como Casa de Moneda y se transformó en sede presidencial en el siglo XIX. Sin embargo, su significado histórico quedó marcado a fuego el 11 de septiembre de 1973, cuando fue bombardeada durante el golpe de Estado que derrocó al presidente Salvador Allende, quien murió ese mismo día en su interior.
Para Estévez, ese episodio la convierte en un sitio de memoria con resonancia mundial. Allende —sostiene— quedó asociado globalmente a los valores de la democracia y la igualdad social. Por eso considera preocupantes las declaraciones del presidente entrante, quien ha afirmado que durante el gobierno de Allende hubo una dictadura que dio origen al régimen militar. “Es evidente que fue un gobierno democrático”, replicó el historiador.
Espacios en riesgo
Dentro del Palacio existen lugares especialmente conservados para preservar la memoria de Allende, como el Salón de Audiencias restablecido en 2003, donde dialogan las imágenes del presidente saludando desde el balcón y el balcón destruido tras el bombardeo. Son símbolos que, según Estévez, hoy no tienen garantías de permanencia.
La carta enviada al presidente Gabriel Boric —firmada por representantes de organizaciones de derechos humanos como Alicia Lira y Gabriela Rivera, además de académicos y activistas— busca precisamente eso: iniciar el expediente técnico ante la UNESCO para que el proceso avance mientras existe voluntad política.
“Es muy simple y muy significativo lo que hay que hacer”, explicó Estévez. Se trata de instruir la preparación formal del expediente que acredite el valor universal excepcional del sitio y su prioridad dentro de la lista.
Patrimonio como escudo
La declaración como Patrimonio de la Humanidad no es solo un gesto simbólico. Implica estándares internacionales de protección, monitoreo y conservación que dificultan intervenciones que alteren su significado histórico.
En el fondo, la disputa no es arquitectónica. Es cultural. ¿Qué relato prevalecerá sobre el pasado reciente? ¿El que reconoce el bombardeo como el derrocamiento violento de un gobierno democrático? ¿O el que relativiza esa ruptura?
Para Estévez, el riesgo es claro: que la memoria del presidente Allende sea “bombardeada” nuevamente, esta vez no con aviones, sino con reinterpretaciones oficiales y decisiones administrativas.
La Moneda, otra vez, queda en el centro de una batalla cultural. Y en esa disputa, el patrimonio puede convertirse en el último dique frente al olvido.





