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Boric marca el terreno a Kast: multilateralismo y defensa de la soberanía

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En el lanzamiento de la Memoria Institucional del Ministerio de Relaciones Exteriores 2022–2026, el Presidente Gabriel Boric no solo realizó un balance de su gestión en política exterior. También dejó un mensaje político nítido a su sucesor, José Antonio Kast, quien asumirá el próximo 11 de marzo: la política internacional de Chile debe tener continuidad, mirada de Estado y autonomía frente a cualquier intento de primacía unilateral.

El contexto no es neutro. La controversia por el proyecto de cable submarino China–Chile y la posterior revocación de visas a tres funcionarios chilenos por parte de Estados Unidos tensionaron la relación bilateral y situaron a Chile en medio de la competencia estratégica entre Washington y Beijing. En ese escenario, Boric optó por fijar posición, con un discurso que combinó balance institucional, advertencia geopolítica y proyección histórica.

Política exterior como política de Estado

Acompañado por el canciller Alberto van Klaveren, el Mandatario destacó la conducción diplomática de estos años, subrayando la experiencia y capacidad de ponderación del jefe de la diplomacia chilena en “tiempos turbulentos”.

Pero el énfasis principal estuvo en la idea de continuidad.




“La política internacional debe tener una continuidad y quienes tenemos el honor de ejercerla por el tiempo que dura nuestro mandato debemos tener en cuenta, respetar y aprender de lo que se ha hecho antes”, afirmó.

No fue una frase protocolar. Fue una señal directa a la administración entrante. Boric reivindicó una tradición de política exterior que trasciende gobiernos, valoró el trabajo de los expresidentes que lo antecedieron y sostuvo que, pese a la transición y la incertidumbre global, hay un principio que no admite fluctuaciones: las decisiones de política exterior y comercial se toman con mirada de Estado.

En otras palabras: no son decisiones coyunturales ni ideológicas, sino estratégicas.

La doctrina Monroe en el siglo XXI

El discurso adquirió mayor densidad cuando Boric abordó de manera explícita la política exterior de la administración de Donald Trump, en particular tras la sanción aplicada a autoridades chilenas por la tramitación del proyecto de cable submarino con China.

El Presidente recordó que a fines de 2025 hizo referencia a la doctrina Monroe, aquella idea del siglo XIX que definía al hemisferio occidental como esfera de influencia preferente de Estados Unidos.

Según Boric, la aplicación contemporánea de esa lógica supone que América Latina debe alinearse con los criterios de seguridad y desarrollo definidos en Washington, limitando vínculos considerados incómodos o competitivos, bajo amenaza de castigos o consecuencias para gobiernos que no sigan ese camino.

Las palabras no fueron abstractas. El Mandatario afirmó que esa dinámica ya se ha manifestado en Chile con las sanciones impuestas a funcionarios por “el solo hecho de dar trámite a un proyecto de inversión”, revisando si este cumplía o no con la legislación nacional.

Desde La Moneda, el argumento es claro: evaluar no equivale a aprobar, y sancionar a autoridades por cumplir procedimientos institucionales constituye una señal preocupante para la autonomía de países medianos.

Autonomía estratégica y diversificación

Boric advirtió que este tipo de presiones reducen el espacio autónomo de los países para desarrollarse y diversificar sus relaciones con actores extraregionales, especialmente con China.

Sin embargo, evitó una lectura binaria. Chile —recalcó— valora tener una relación sólida y respetuosa con Estados Unidos. El punto no es romper vínculos ni sustituir dependencias, sino gestionarlas en función del interés nacional.

“Posicionarse como un interlocutor autónomo, defender nuestra autonomía estratégica y sostener una inserción abierta sin renunciar ni a la relación con Estados Unidos, ni a la diversificación estratégica con otros socios como China, la Unión Europea o India”, planteó.

La ecuación propuesta no es de reemplazo, sino de equilibrio. Chile no debe retirarse del mundo ni actuar en soledad, pero tampoco aceptar lógicas de primacía unilateral que condicionen su desarrollo.

En ese marco, el Presidente llamó a fortalecer la coordinación regional en América del Sur y a construir arquitecturas flexibles de cooperación que no impliquen alineamientos permanentes ni bloques rígidos.

Más opciones, no menos

Uno de los conceptos centrales del discurso fue que fortalecer la autonomía significa ampliar opciones, no restringirlas. Para un país de tamaño medio como Chile, la diversificación de relaciones comerciales, tecnológicas y diplomáticas no es una extravagancia ideológica, sino una estrategia de resiliencia.

En un sistema internacional cada vez más fragmentado, con rivalidades entre grandes potencias y tensiones comerciales crecientes, la inserción inteligente pasa por evitar dependencias exclusivas.

Boric también subrayó que la lógica de condicionar cooperación económica o tecnológica a posiciones subordinadas no es exclusiva de Estados Unidos, mencionando que Rusia ha intentado aplicar esquemas similares en Europa del Este. Desde su perspectiva como jefe de Estado, ese tipo de dinámicas no pueden aceptarse.

El mensaje implícito al próximo gobierno es claro: la defensa de la autonomía estratégica no es patrimonio de una administración, sino un interés permanente de la República.

Un mensaje para el 11 de marzo

A menos de dos semanas del cambio de mando, el discurso adquiere inevitablemente un carácter de legado. Boric no solo defendió su gestión, sino que fijó un marco conceptual para la política exterior chilena: continuidad, multilateralismo, no intervención y diversificación estratégica.

En medio de la controversia por el cable submarino y las sanciones estadounidenses, el Presidente optó por situar el debate en una dimensión estructural: cómo se posiciona Chile en un mundo en transición.

El mensaje a Kast es institucional y político al mismo tiempo. La política exterior no parte de cero cada cuatro años. Se construye sobre consensos básicos, tradiciones diplomáticas y aprendizajes acumulados.

En un clima global marcado por la competencia entre potencias y la tentación de bloques rígidos, Boric planteó que la tarea de Chile no es negar las tensiones, sino gestionarlas con autonomía y mirada de largo plazo.

El desafío para la administración entrante será decidir si profundiza esa línea de continuidad o redefine los equilibrios.

Lo que queda claro es que, al cerrar su mandato, Boric quiso dejar establecida una convicción: la soberanía no se declama, se ejerce; y en tiempos turbulentos, la mejor brújula es una política exterior pensada con mirada de Estado.



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