Nuestra Región Latinoamericana

Tren Bioceánico: infraestructura, intereses geopolíticos y riesgos ambientales

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 27 segundos

El proyecto del Tren Bioceánico, una ambiciosa infraestructura ferroviaria que busca conectar el océano Pacífico con el Atlántico a través de Perú y Brasil, ha vuelto a cobrar relevancia tras la inauguración del megapuerto de Chancay en la costa peruana. Esta obra permitiría unir ambos océanos mediante un corredor ferroviario que atravesaría la cordillera de los Andes y extensas zonas de la Amazonía.

Sin embargo, mientras el proyecto avanza en el plano político y económico, especialistas advierten sobre los posibles impactos sociales y ambientales que podría generar en territorios amazónicos y comunidades indígenas.

Un proyecto impulsado por Brasil y China

El impulso más reciente al Tren Bioceánico se produjo en julio de 2025, cuando Brasil y China firmaron un acuerdo de cooperación para desarrollar el corredor ferroviario. El convenio fue suscrito por el Ministerio de Transportes de Brasil y el Instituto de Planificación Económica e Investigación del Grupo Ferroviario Estatal de China.




Aunque el Gobierno peruano no participó directamente en ese acuerdo, representantes peruanos sí han sostenido reuniones con autoridades chinas para discutir el desarrollo ferroviario del país. En mayo de 2025, el entonces ministro de Economía y Finanzas, Raúl Pérez Reyes, y el ministro de Transportes y Comunicaciones, César Sandoval Pozo, se reunieron con el presidente de la Administración Nacional de Ferrocarril de China, Fei Dongbin.

Meses después, en enero de 2026, se anunció la construcción del primer tramo del proyecto: la línea ferroviaria que uniría el puerto de Chancay con la Sierra Central del Perú. Este segmento habría sido adjudicado a una empresa china, aunque aún no se ha confirmado la ruta que seguirá el tren desde esa zona hacia Brasil.

Dos posibles rutas a través de la Amazonía

Hasta el momento existen dos propuestas principales para el trazado del tren en territorio peruano.

La primera fue presentada durante negociaciones entre China y Brasil en 2024. Según este plan, el tren comenzaría en Assis Brasil, en el estado brasileño de Acre, cerca de la triple frontera con Perú y Bolivia. Desde allí atravesaría la Amazonía peruana por la región de Madre de Dios y luego avanzaría hacia el norte cruzando los Andes por Cusco, Ayacucho, Huancavelica, Junín y Pasco, hasta llegar al puerto de Chancay.

Diversos análisis advierten que esta ruta podría afectar gravemente áreas naturales protegidas y territorios indígenas. Investigaciones de organizaciones como CooperAcción y GRAIN señalan que el trazado pondría en riesgo al menos 15 áreas naturales protegidas, incluyendo el Parque Nacional del Manu, la Reserva Comunal Amarakaeri, la Reserva Nacional Tambopata y el Parque Nacional Bahuaja Sonene.

Además, el proyecto podría impactar a nueve áreas de conservación regional, 69 áreas de conservación privada, 1793 comunidades campesinas y 19 comunidades indígenas, así como la Reserva Territorial Madre de Dios, hogar de pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial.

La segunda alternativa contempla una ruta que atraviese la región amazónica de Ucayali. Esta idea se remonta a 2014, cuando el gobierno de Brasil planteó construir un ferrocarril que conectara Pucallpa, en Perú, con Cruzeiro do Sul, en Brasil. En este escenario, el tren partiría desde Chancay, cruzaría los Andes centrales hasta llegar a Pucallpa y continuaría hacia territorio brasileño.

Preocupaciones ambientales y sociales

Expertos advierten que una infraestructura de este tipo podría desencadenar profundos cambios en la Amazonía. José De Echave, investigador de CooperAcción, señala que la principal preocupación es el impacto que tendría la obra en uno de los ecosistemas más importantes del planeta.

Según el especialista, grandes proyectos de infraestructura en la Amazonía suelen abrir las puertas a economías ilegales como la minería informal, la tala ilegal o el narcotráfico.

El geógrafo Pedro Tipula, del Instituto del Bien Común, también advierte que la construcción de una vía en zonas poco intervenidas genera impactos que van mucho más allá del trazado de la infraestructura. El área de influencia de la obra puede impulsar la expansión de asentamientos humanos, actividades extractivas y conflictos territoriales.

Experiencias pasadas refuerzan estas preocupaciones. La carretera Interoceánica Sur, construida hace más de una década, es señalada como uno de los factores que facilitó la expansión de la minería ilegal en La Pampa, en la región de Madre de Dios.

Para la investigadora Raquel Neyra, del Instituto de la Naturaleza, Tierra y Energía de la Pontificia Universidad Católica del Perú, un tren que atraviese la Amazonía podría generar un “daño medioambiental colosal”. No solo por la construcción de la vía férrea, sino por el crecimiento de ciudades, rutas comerciales y nuevas explotaciones mineras que podrían surgir a lo largo del corredor.

Además, especialistas alertan sobre el riesgo que enfrentan los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial que habitan en las zonas potencialmente afectadas.

Un proyecto en medio de tensiones geopolíticas

Más allá de sus impactos ambientales, el Tren Bioceánico también tiene una dimensión geopolítica. Analistas señalan que el proyecto se inserta en la creciente disputa entre China y Estados Unidos por la influencia económica en América Latina.

China ha incrementado significativamente sus inversiones en infraestructura en la región, incluyendo puertos, carreteras, ferrocarriles, redes energéticas y proyectos de energías renovables. Según expertos, estas inversiones también buscan asegurar el acceso a minerales estratégicos como cobre y litio, fundamentales para la transición energética global.

En ese contexto, el Tren Bioceánico podría convertirse en una pieza clave dentro de una red de corredores logísticos que conecten Sudamérica con los mercados asiáticos.

A pesar del interés político y económico, el proyecto aún se encuentra en una etapa preliminar. Las autoridades regionales de Ucayali han señalado que no existe todavía un trazo definitivo aprobado, ni estudios de impacto ambiental concluidos ni un modelo financiero estructurado.

Por ahora, el futuro del Tren Bioceánico dependerá de estudios técnicos, ambientales y sociales que determinen su viabilidad. Mientras tanto, el debate continúa entre quienes ven en este proyecto una oportunidad de integración y desarrollo regional y quienes advierten que podría abrir una nueva etapa de presión sobre la Amazonía y sus pueblos.

 

Fuente: Mongabay



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *