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El nuevo shock energético mundial: Cómo el conflicto en Medio Oriente amenaza con disparar el precio del petróleo sobre los US$ 150 y sus efectos en Chile

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Durante décadas, el sistema energético mundial ha dependido de una serie de estrechos marítimos que conectan los grandes centros de producción de petróleo con los mercados globales. Cuando uno de esos corredores se ve amenazado, la economía mundial entra en alerta.

Eso es precisamente lo que está ocurriendo ahora.

La escalada del conflicto en Medio Oriente ha puesto en riesgo el tránsito en el Estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el planeta. La interrupción —total o parcial— de ese flujo energético ha provocado un fuerte aumento en los precios del crudo y ha reavivado el temor a una nueva crisis energética global.

El petróleo de referencia Brent Crude Oil ha superado los 100 dólares por barril, con subidas bruscas impulsadas por la incertidumbre geopolítica. En los mercados energéticos, donde el precio se mueve tanto por expectativas como por oferta física, el riesgo de que el conflicto se prolongue ha bastado para desencadenar un fuerte repunte.




Para muchos analistas, el escenario recuerda a otras grandes crisis energéticas de la historia reciente.


Un corredor vital para la energía mundial

El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y constituye uno de los puntos más estratégicos del comercio energético global.

Por este paso circulan alrededor de 20 millones de barriles diarios, transportados en grandes petroleros que abastecen principalmente a Asia, Europa y parte de América.

Países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait o Emiratos Árabes exportan buena parte de su producción a través de esta ruta. Cuando el tránsito se ve amenazado, la oferta mundial de petróleo queda inmediatamente bajo presión.

El mercado energético global, además, funciona con inventarios relativamente ajustados. Eso significa que incluso una interrupción temporal puede provocar fuertes oscilaciones en el precio.

Por esa razón, cualquier señal de escalada militar en la región suele reflejarse de inmediato en los mercados.


Las proyecciones del mercado: tres escenarios posibles

Las previsiones sobre el precio del petróleo dependen principalmente de un factor: cuánto tiempo dure la disrupción del suministro.

En el escenario más optimista, el conflicto podría resolverse relativamente rápido y el tráfico marítimo recuperaría cierta normalidad en pocas semanas. En ese caso, el precio del petróleo podría estabilizarse en torno a los 85-100 dólares por barril, un nivel elevado pero manejable para la economía global.

Un escenario intermedio contempla una interrupción prolongada durante varias semanas. Si el flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico permanece limitado durante un mes o más, los analistas prevén que el precio del crudo podría situarse entre 100 y 120 dólares por barril.

El escenario más preocupante es el de una guerra regional prolongada que afecte no solo al Estrecho de Ormuz, sino también a otras rutas estratégicas de transporte energético. En ese caso, el petróleo podría superar los 150 dólares por barril, e incluso acercarse a los 200 dólares si el suministro mundial se ve gravemente afectado.

En ese punto, el impacto sobre la economía global sería considerable.


Inflación, comercio y turbulencias financieras

El petróleo sigue siendo uno de los pilares del sistema económico global. Cuando su precio sube con rapidez, los efectos se transmiten rápidamente a múltiples sectores.

El primero es la inflación. El encarecimiento del combustible afecta al transporte, a la producción industrial y a los costos logísticos, lo que termina reflejándose en el precio de los bienes y servicios.

El comercio internacional también sufre. El transporte marítimo y aéreo dependen en gran medida del petróleo, por lo que el aumento de los precios energéticos eleva los costos de las cadenas de suministro.

Además, la incertidumbre geopolítica suele generar volatilidad en los mercados financieros. Los inversores tienden a refugiarse en activos considerados seguros, mientras que las bolsas y las divisas de economías emergentes pueden experimentar fuertes fluctuaciones.

En ese contexto, los bancos centrales se enfrentan a un dilema: combatir la inflación energética sin frenar demasiado el crecimiento económico.


Chile ante el impacto del petróleo caro

Para países importadores de energía como Chile, un shock petrolero global representa un desafío económico importante.

Chile produce cantidades muy limitadas de petróleo y depende casi completamente de las importaciones para abastecer su consumo interno. Eso significa que cualquier aumento en el precio internacional del crudo termina trasladándose, tarde o temprano, al mercado local.

Los combustibles influyen directamente en sectores clave de la economía chilena, desde el transporte de mercancías hasta la producción agrícola y minera. Cuando el precio del petróleo sube, también aumentan los costos logísticos y el precio de numerosos bienes.

Esto se traduce en presiones inflacionarias que pueden dificultar la política monetaria del país.

Además, los shocks energéticos suelen fortalecer el dólar a nivel internacional. Para economías importadoras como Chile, eso implica un encarecimiento adicional de las importaciones energéticas.


Un posible contrapeso: el cobre

Sin embargo, el impacto del shock energético no es necesariamente uniforme.

En algunos casos, el aumento de los precios de la energía se acompaña de subidas en otras materias primas, especialmente en los metales industriales.

Chile es el principal productor mundial de Copper, cuya demanda suele mantenerse elevada en períodos de expansión económica o de inflación global. Si el precio del cobre aumenta, parte del impacto negativo del petróleo caro podría compensarse mediante mayores ingresos por exportaciones.

No obstante, esa compensación rara vez es completa.


Un sistema energético vulnerable

Más allá de la evolución inmediata del conflicto, la crisis actual pone de relieve una realidad incómoda: el sistema energético mundial sigue siendo extremadamente vulnerable a las tensiones geopolíticas.

Una gran parte del petróleo mundial continúa dependiendo de un puñado de rutas marítimas estratégicas. Cuando uno de esos puntos críticos se ve amenazado, la economía global entera siente las consecuencias.

Las grandes crisis energéticas del pasado —en 1973, 1979 o 2008— demostraron que los shocks petroleros pueden desencadenar recesiones globales, inflación elevada y profundas transformaciones en la política energética.

La situación actual todavía no ha alcanzado ese nivel. Pero si el conflicto se prolonga o se extiende a otras zonas estratégicas, el mundo podría enfrentarse a una nueva etapa de volatilidad energética.

Y para países como Chile, altamente dependientes de la energía importada, ese escenario sería particularmente desafiante.

Fuentes: Este análisis se basa en informes y datos de la International Energy Agency y la U.S. Energy Information Administration, así como en reportes de mercado y cobertura económica internacional publicados por Financial Times, Reuters y análisis macroeconómicos del International Monetary Fund.



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