
El fusil de Silvio
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El despreciable presidente de Estados Unidos acusa las estrecheces, la falta de energía, de alimentos, medicinas y de todo lo necesario para vivir, por las que pasa Cuba. Omite un detalle fundamental: el infame bloqueo que se le ha impuesto por el imperialismo desde hace más de sesenta años, fue agudizado a niveles criminales por ese mismo genocida.
Cuba, la heroica y magníficamente humana isla del Caribe, vive momento cruciales.
Si bien durante toda la existencia de la revolución ha sido acosada ininterrumpidamente, boicoteada, infectada con plagas, bombardeada, golpeada por terroristas infiltrados, atacado su jefe seiscientos treinta y nueve veces, Cuba no ha bajado ni un solo segundo su guardia y su dignidad. Y no ha dejado de salvar niños, mujeres y ancianos allá donde no llega el capitalismo.
Estados Unidos es 87 veces más grande que Cuba. Pero eso es solo cuestión de tamaño.
El verdadero peligro de Cuba y de los cubanos no es un misterioso arsenal secreto ni cierta tecnología avanzada dispuesta para su defensa. Lo que ha quitado el sueño a los imperialista es que Cuba es la demostración indiscutible de que la humanidad tiene otra oportunidad. Que el egoísmo no es intrínseco del ser humano, sino del capitalismo que lo lleva al despeñadero del cual no se vuelve.
Cuba ha enseñado que solidaridad no es caridad, sino que la mejor muestra del cariño entre los pueblos. Y que compartir lo que poco que se tiene con el que no tiene ni esperanzas, es lo que nos hace verdaderamente humanos.
No se trata de numerar lo hecho por Cuba en términos de estadísticas o acciones heroicas de una altura imposible para quienes consideran al ser humano un recurso más.
Se trata de honrar la gesta cubana que es ejemplo y llegada, punto de partida y camino, esperanza y dignidad, avance y corrección. Se trata de emocionarse ante esa convicción, esa pedagogía profunda, de disponerse a morir combatiendo en cualquier lugar del mundo donde haya un sufrimiento.
No por otras razones se entiende el odio intrínseco del imperio más peligroso de la historia humana.
Asistimos a un momento crucial.
El imperio tambalea. El presidente de Estados Unidos representa la prueba palmaria del inicio del colapso de su hegemonía. Un sujeto que ha hecho de la mentira, de la amenaza, de la agresión, de la más supina ignorancia y de la violación del derecho que regula la existencia de los países, herramientas para la sumisión y el castigo.
De cierta forma es un homenaje a Cuba estar en el blanco preferido de un sujeto que representa todo lo contrario.
Porque Cuba está en el corazón de lo mejor de la humanidad. El miserable que ejerce de presidente de USA, en la parte que avergüenza y asusta.
Así, superadas las dificultades que se le imponen por la fuerza, y las propias de lo humano que hay en la construcción a contrapelo del orden mundial, pero a favor de la historia, deberá ser el mundo si se quiere tener la esperanza de sobrevida en su superficie.
Para que nuestros niños tengan un futuro, Cuba vencerá.
Y ese triunfo será el de todos los pueblos del planeta. El orden mundial que asfixia que explota y que depreda, tambalea. Hay señales de que otra configuración del mundo se avecina. No será un parto fácil. Se requerirán hombres y mujeres despojadas del egoísmo, la ambición y la maldad para empujar un nuevo planeta.
En ese concierto, Cuba sin duda seguirá haciendo lo suyo.
Es tiempo de apoyo y homenaje, de reconocimiento y defensa.
En este lapso, espero solo dos cosas: que mis hijos se hayan criado, haya estado cerca o no, como buenas personas en ese ejemplo profundo y heroico.
Y mi fusil.
No tocaré tan bien la guitarra, pero conservo intacta mi buena puntería y mi lealtad infinita a esa isla que amo como a mi propia patria.
Ricardo Candia Cares





