
La estrategia y la nada
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En política, como en la guerra, y como para cualquier acción humana con cierta ambición o trascendencia, es necesario tener una estrategia, un proyecto de largo plazo, es decir un fin último que ordene las tácticas y los pasos para lograr la meta propuesta. Es aquello que responde a la pregunta de para qué estoy en esto. En este contexto, lo que hace la política es operacionalizar las metas intermedias, las necesarias alianzas, la flexibilidad táctica, la corrección de los avances y un lenguaje que cimente una narrativa.
Todo ordenado por la estrategia definida.
Vea que eso se cumple en el caso del incipiente gobierno de José Miguel Kast: lo suyo es la restauración de lo esencial de la dictadura por otros medios.Y vea que en el caso del gobierno de Gabriel Boric, no se sabe con exactitud para qué fue.
La ultraderecha no se pierde en el qué dirán, ni necesita hacer pactos con nadie ante quienes tenga que bajar sus banderas. Da lo mismo quiénes queden en el camino y quiénes sufran las embestidas que apuntan a instalar su proyecto. Da lo mismo si se miente, si se engaña o si las promesas de la campaña no se van a cumplir.
Entre otras razones, porque la ultraderecha sabe que a la gente abandonada y despreciada por los gobiernos que se dijeron progresistas, de la izquierda democrática, de la izquierda revolucionaria o cualquiera de esos apodos, va a creer a cualquiera que le mienta una esperanza.
Sobre todo, porque aquellos que se decían representantes de ese pueblo, terminaron beneficiando a sus enemigos y, de paso, a ellos mismos, reeditando en formato más joven aquello que era éticamente reprochable. ¿Se acuerda?
Y a la gente, esa malagradecida, repartieron migajas.
El proyecto de Kast es la restauración dictatorial por otros medios y en otras circunstancias. Lo han dicho con todas sus letras, aunque usando palabras que parecen otra cosa.
Fíjese que en el gabinete de Kast hay pinochetistas de la primera hora que ni en sus sueños más húmedos se vieron con el poder de completar la obra del dictador. Gente que canta la quinta estrofa. Que va a misa para el día de su muerte y se reúnen a celebrar su cumpleaños. Y que, si la cosa se le pone cuesta arriba, no va a dudar en la sedición, el sabotaje, el golpe de Estado, la persecución, el asesinato y la desaparición.
Es gente que solo le regaña a Pinochet no haber matado más comunistas y no haber hecho un mejor trabajo con los detenidos desparecidos. Gente que va a premiar a los esbirros más brutales con la libertad luego de haber sido condenados a centenares de años por sus depravaciones.
Como quiera verlo, la ultraderecha tiene un proyecto aun así parezca torpe el despliegue de Kast o de sus ministros y aberrante lo que se propone. Aunque se contradigan a cada rato. Aunque sepan que en casos como la zanja del norte no es otra cosa que un tapaboca para quienes creen la basura que les dicen.
Lo esencial, parafraseando a Saint Exúpery, es casi invisible a los ojos de quienes no quieren ver.
Kast a va a subir en las encuestas.
Pasará por ser un presidente creíble, aunque sea por un tiempo. Cuando apliquen los recortes del sector público, hagan mierda reservas naturales, anulen leyes y dictámenes que hacen en algo más pasable la vida de la gente, cuando las migajas del anterior gobierno sean abolidas sin más explicación de que el país está en quiebra y se hace necesario un sacrificio, la gente que será afectada por esas decisiones lo va a encontrar razonable, un sacrificio necesario.
Dado que es un gobierno de reconstrucción nacional, de esa misma manera Pinochet bautizó a su proceso, le va faltar no más recaudar fondos por la vía de pedir donaciones de argollas de matrimonio.
Todo esto para preguntarse si la izquierda, como sea que se vista, el mal llamado movimiento social, los No Más AFP, los profesores, las mujeres que marchan, los estudiantes que siempre han sido la punta de lanza de todo, si los trabajadores, si el sector público y las potenciales víctimas de la arremetida fascista, tendrán su propio proyecto, su estrategia, su plan, algo qué decir, que proponer.
Un por aquí nos vamos.
O, al contrario, habrá que allanarse al hecho de que en treinta y cinco, o si se quiere, en medio siglo, no han entendido nada.






Ricardo says:
Pero toda esa derecha envalentonada lo está por el apoyo foráneo absoluto que recibe y seguirá recibiendo; hoy la opinión pública es «tele-manejable» , por quienes tienen el monopolio de las plataformas de internet y así , el conocimiento más espeluznante de la historia humana respecto a nuestras características personales y grupales : somos predecibles y manipulables , y de manera velada e imperceptible.La seguidilla de resultados electorales en nuestro esclavizado continente lo muestra.