
Europa pone límites a Estados Unidos: las movilizaciones antiguerra marcan el pulso en Italia, Francia y España
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En las últimas dos semanas, decenas de miles de personas han salido a las calles en Italia, Francia y España para protestar contra la escalada bélica en Oriente Medio y el uso de bases militares en suelo europeo como plataforma logística de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Las movilizaciones, convocadas por organizaciones pacifistas, sindicatos, asociaciones civiles y movimientos sociales, han logrado situar el rechazo a la guerra en el centro del debate político. En este contexto de presión popular creciente, los gobiernos de estos tres países han respondido con medidas concretas que limitan el respaldo militar a Washington.
Italia: negativa en Sicilia por falta de procedimiento
El pasado lunes 30 de marzo, fuentes del Ministerio de Defensa de Italia confirmaron a varios medios, entre ellos el diario Corriere della Sera, que el gobierno había denegado el uso de la base aérea de Sigonella, en Sicilia, a aeronaves militares estadounidenses que transportaban armamento con destino a las operaciones bélicas en la región. La negativa se produjo porque Washington habría solicitado el permiso para aterrizar cuando los aviones ya estaban en ruta, sin seguir los procedimientos establecidos. De acuerdo con los tratados firmados a finales de la década de 1950, Estados Unidos puede utilizar esta instalación —clave para la Armada estadounidense y para la OTAN— para fines logísticos y de entrenamiento, pero no como centro de tránsito para aeronaves que transportan armamento a menos que se trate de una emergencia, un permiso que además requiere la aprobación del Parlamento italiano.
Ante la falta de tiempo para obtener la autorización legislativa, el gobierno de Giorgia Meloni, de extrema derecha, se vio presionado por la oposición y por movimientos sociales. Durante los días previos, especialmente el sábado 28 y el domingo 29 de marzo, cientos de manifestantes se concentraron frente a la base naval estadounidense, con la participación de políticos de izquierda en Sicilia, asociaciones civiles, sindicatos, activistas por la paz y miembros del movimiento No MUOS. Italia alberga actualmente siete bases militares estadounidenses, y este incidente ha reavivado el debate sobre la implicación del país en conflictos externos.
Francia: primera negativa a Israel para usar su espacio aéreo
Por otro lado, en un hecho calificado como inédito, Francia también se negó a permitir que Israel utilizara su espacio aéreo para transportar armamento estadounidense destinado a la guerra contra Irán. Así lo confirmaron a Reuters este martes 31 de marzo un diplomático occidental y dos fuentes familiarizadas con el asunto, quienes señalaron que esta negativa, ocurrida durante el fin de semana del 28 y 29 de marzo, supone la primera vez que París toma una medida de este tipo desde el inicio del conflicto. Las movilizaciones en ciudades francesas, con miles de manifestantes convocados por organizaciones pacifistas y sindicatos el pasado sábado, habían exigido al gobierno de Emmanuel Macron que no se convirtiera en cómplice logístico de la ofensiva.
España, la postura más contundente
A estas dos negativas se suma la de España, que ha sido el país europeo que ha mostrado la posición más dura en contra de la ofensiva de Estados Unidos e Israel en Irán. El pasado viernes 27 de marzo, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, resumió su postura en cuatro palabras: «No a la guerra». El gobierno español ha denegado explícitamente a Estados Unidos el uso de las bases militares de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz), donde se encuentran unos 8.000 efectivos estadounidenses, para cualquier operación relacionada con el conflicto.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, fue tajante ese mismo día: «Ni se autorizan las bases y por supuesto tampoco se autoriza la utilización del espacio aéreo español para actuaciones que tengan que ver con la guerra en Irán». El gobierno español considera que la ofensiva contra Irán carece de «marco de legalidad internacional» porque Estados Unidos e Israel «están actuando unilateralmente, sin apoyo de una resolución internacional». Como consecuencia, el Pentágono retiró el pasado domingo 29 de marzo una decena de aviones cisterna KC-135 desplegados en las bases españolas tras no obtener el permiso para usarlos en la operación militar.
El motivo legal esgrimido por el Ejecutivo de Sánchez se basa en el Convenio Bilateral de Cooperación para la Defensa de 1988, que exige la autorización expresa de España para que EE.UU. pueda usar las bases en determinadas operaciones, especialmente aquellas que no se ajustan a la Carta de Naciones Unidas. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha insistido en que «las bases no van a prestar apoyo más que si fuera necesario desde el punto de vista humanitario».
La decisión ha provocado una dura reacción del presidente estadounidense, Donald Trump, quien amenazó con suspender todo comercio con España, calificando al país de «terrible» aliado. Sánchez respondió con firmeza en un discurso televisado el lunes 30 de marzo: «Es inaceptable que algunos presidentes utilicen la niebla de la guerra para encubrir sus fracasos» y defendió que España «no va a ser cómplice de algo que es malo para el mundo». Las movilizaciones en España han sido masivas: el sábado 28 de marzo, miles de personas se concentraron frente a las bases de Rota y Morón, así como en decenas de ciudades, exigiendo al gobierno que mantuviera el veto.
Comentario: presión popular y autonomía estratégica
Estos tres episodios —Italia, Francia y España— no son meras anécdotas burocráticas, sino que marcan un posible punto de inflexión en la dinámica de la alianza transatlántica. Tradicionalmente, estos países han sido socios estratégicos clave de Estados Unidos en el Mediterráneo. Sin embargo, las negativas consecutivas, producidas entre el 27 y el 31 de marzo, muestran un creciente malestar europeo con la escalada bélica en Oriente Medio.
En el caso de Italia, la negativa no solo se fundamenta en un estricto tecnicismo legal sobre la demora en la solicitud, sino que responde a una presión social y política interna tangible. Las protestas del pasado fin de semana en Sicilia y la exigencia de la oposición de no convertirse en plataforma logística de una guerra reflejan un cambio en la percepción pública. El gobierno de Meloni, a pesar de su cercanía ideológica con sectores conservadores estadounidenses, se ha visto obligado a imponer frenos para no vulnerar la soberanía nacional ni los acuerdos bilaterales vigentes.
Francia, por su parte, ha dado un paso aún más significativo al bloquear el espacio aéreo. Al tratarse de la primera vez desde el inicio de los ataques, la decisión de París, tomada durante el fin de semana del 28 y 29 de marzo, envía una señal diplomática contundente: ni siquiera el tránsito aéreo de armamento estadounidense hacia el conflicto será tolerado sin un cauce institucional claro, en línea con las demandas de las calles.
España, bajo el liderazgo de Pedro Sánchez, ha sido la voz más contundente de Europa en oposición a las acciones militares unilaterales. Su postura, fundamentada en argumentos legales y en el rechazo a una guerra que considera «fuera de la legalidad internacional», supone un desafío directo a Washington y evidencia la capacidad de los países europeos para ejercer su autonomía estratégica, incluso frente a las amenazas de represalias comerciales de la administración Trump. En todos los casos, los gobiernos han actuado bajo la presión de una ciudadanía movilizada que rechaza ser parte del conflicto, con las mayores concentraciones registradas precisamente el sábado 28 de marzo en las tres naciones.
Lo que está en juego no es solo la logística militar, sino la capacidad de los países europeos para mantener un margen de autonomía estratégica frente a la política exterior de Washington en una región tan volátil como Oriente Medio.
Corresponsal en Europa de El Clarín de Chile





