Política Global

Análisis: Trump y la Guerra con Irán en editorial de Le Monde

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El 1 de abril de 2026, Donald Trump tomó la palabra en cadena nacional para intentar justificar ante su opinión pública una guerra que, más de un mes después de su inicio, no termina de encontrar su relato (fue para “venderles la guerra a los norteamericanos” escribió el NYTimes). Al día siguiente, Le Monde —referente histórico del periodismo francófono y una de las publicaciones de mayor prestigio en Europa— respondió con un editorial tajante, titulado «Guerra en Irán: el discurso de Donald Trump, alejado de la realidad». El texto merece una lectura atenta porque revela las tensiones generadas por el Gobierno de Trump.

Lo que el editorial dice bien

El diario parisino acierta en su diagnóstico central: existe un abismo entre el tono triunfalista de Trump y la situación real sobre el terreno. Que el presidente haya sido, según el propio editorial, «incapaz de explicar con claridad cómo salir» de un conflicto que él mismo desencadenó el 28 de febrero no es una opinión partidista, sino una constatación avalada por los propios términos vagos e incoherentes del discurso de D. Trump. Anunciar una «misión casi cumplida» que requiere todavía «dos o tres semanas» de bombardeos masivos es, en efecto, una contradicción que ningún análisis serio puede ignorar.

Igualmente, certero es el señalamiento de la contradicción histórica en que ha caído Trump: el programa nuclear iraní —uno de los objetivos declarados de la campaña militar— ya había sido proclamado «aniquilado» por el propio presidente al término de la primera operación conjunta israelo-americana de junio de 2025. Citar al poder con sus propias palabras, como hace Le Monde, es uno de los ejercicios más honestos y eficaces del periodismo de opinión, y el diario lo ejecuta con precisión quirúrgica.

La advertencia estratégica final del editorial conecta, además, con una larga tradición de pensamiento político-militar. La tesis de que la solución exclusivamente militar «no logrará disuadir duraderamente a un régimen iraní galvanizado por su resistencia de reconstruir sus capacidades balísticas y de relanzar un programa nuclear ajeno a toda forma de control internacional» no es una intuición ideológica: es una lección que la historia reciente —Irak, Afganistán, Libia— ha confirmado con regularidad. Destruir un Estado no equivale a resolver el problema que ese Estado encarnaba.




Hay también en el texto un recordatorio jurídico que merece subrayarse. Al señalar que la destrucción deliberada de infraestructuras civiles «constituiría crímenes de guerra», Le Monde cumple con una función que la prensa de referencia no debería jamás abandonar: recordar que ningún poder, por grande que sea, opera al margen del derecho internacional humanitario. La fuerza de esta observación reside precisamente en su sobriedad: no es un alegato, es una constatación jurídica.

El cierre sobre la OTAN posee, por su parte, una elegancia argumentativa considerable. Sostener que la Alianza Atlántica «nunca ha tenido por misión reparar los errores estratégicos cometidos por uno de sus miembros, por poderoso que sea» desmonta en una sola frase tanto la lógica del chivo expiatorio como la pretensión de que los aliados deban asumir solidariamente las consecuencias de decisiones unilaterales.

Sin embargo, una lectura objetiva exige también señalar las limitaciones del texto.

Le Monde describe el conflicto como una «guerra de elección» iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero al recordar que «ninguna amenaza inmediata la justificaba”, pero no amplía acerca de los contextos que generaron el conflicto.

El editorial menciona de pasada que el régimen iraní ha bloqueado el estrecho de Ormuz «en represalia», señalando que ello ha afectado a la economía mundial. Pero no profundiza en las implicaciones de este hecho para los países terceros, muchos de ellos a los pueblos del Sur Global, que sufren las consecuencias de un conflicto en el que no tienen voz ni voto. La perspectiva del editorial sigue siendo, en lo fundamental, atlántica y occidental.

Un editorial necesario, con sus límites propios

Nada de lo anterior invalida el valor del texto. En un contexto mediático en el que una parte significativa de la prensa anglosajona —especialmente la más cercana a las posiciones de la actual administración estadounidense— ha tendido a suavizar o directamente ignorar las contradicciones del discurso de Trump sobre Irán, que un diario europeo de referencia mantenga la presión analítica sobre el poder es en sí mismo un servicio público.

Le Monde intenta iluminar, contextualizar y cuestionar sin recurrir al sensacionalismo. Lo hace con rigor, con memoria histórica y con una escritura que, incluso en sus momentos más severos, permanece templada. Son virtudes escasas.

Pero precisamente porque el diario aspira a ser una referencia, vale la pena exigirle lo que exige a los demás: completitud, pluralidad de perspectivas y, cuando se critica la ausencia de soluciones en el poder, el coraje de esbozar, aunque sea tentativamente, las propias.

La guerra en Irán es, según todos los indicios, el mayor desafío geopolítico de 2026. Merece no solo editoriales certeros, sino el más ambicioso y riguroso de los periodismos. Le Monde ha dado un paso importante, pero insuficiente. Queda claro que cada medio habla desde su perspectiva que es construida a partir de los intereses geopolíticos, tanto de Europa como de Francia en un mundo en reconfiguración, donde países como Chile, con el Gobierno de Kast, han tomado partido sin debate ciudadano.

 

Por Leopoldo Lavín Mujica

 

 

 



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Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

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