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La gran decepción: cómo el gobierno de Boric vació de sentido la esperanza

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La derrota del progresismo este domingo no cayó del cielo ni fue un accidente de última hora. Fue preparada durante cuatro años, lentamente, decisión tras decisión, renuncia tras renuncia. El triunfo de José Antonio Kast no puede comprenderse sin mirar de frente la decepción profunda que generó el gobierno de Gabriel Boric, un gobierno que llegó prometiendo transformaciones estructurales y terminó administrando, con celo y disciplina, el mismo orden que decía querer cambiar.

Durante la campaña presidencial, Boric encarnó —para una generación entera— la posibilidad de un quiebre histórico. Habló de reformas profundas al sistema de salud, de terminar con el negocio de las ISAPRES, de cambiar radicalmente el sistema de pensiones, de avanzar hacia un Estado social real. En política exterior, prometió una voz autónoma, crítica del imperialismo y coherente con los derechos humanos. Incluso fue explícito en un punto que hoy parece casi olvidado: la responsabilidad política y penal de Sebastián Piñera por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el estallido social.

Ese programa no era moderado. Era vehemente. Era claro. Y por eso generó adhesión, movilización y esperanza.

Pero apenas iniciado el gobierno, el giro fue inmediato. No gradual: inmediato. Lo que siguió fue una secuencia de retrocesos que no pueden explicarse solo por correlaciones de fuerza adversas. Se trató de una decisión política consciente: abandonar la confrontación con los poderes reales y refugiarse en la lógica de la transición.




El caso de la salud es quizás el más elocuente. El gobierno tuvo, por primera vez en décadas, la oportunidad histórica de terminar con el sistema de ISAPRES, un sistema privado de seguros que durante años estafó abiertamente a sus afiliados, como quedó demostrado judicialmente. En lugar de aprovechar ese momento, el Ejecutivo optó por rescatar al sistema, inyectarle recursos, garantizar su continuidad. No fue una derrota: fue una elección. El mensaje fue devastador para su base social: cuando el conflicto se vuelve real, el Estado protege al negocio.

En pensiones ocurrió algo similar. Se prometió el fin de las AFP. Se habló de dignidad, de justicia previsional, de terminar con uno de los pilares del neoliberalismo chileno. ¿El resultado? Las AFP no solo sobrevivieron, sino que salieron fortalecidas, mientras el Estado asumió, una vez más, el costo social del fracaso privado. Y podemos seguir con el litio, con el Acuerdo Transpacífico… No hubo ruptura. Hubo consolidación del modelo.

En el conflicto con el pueblo mapuche, el retroceso fue aún más brutal. Boric llegó denunciando la militarización del Wallmapu. Sin embargo, en mayo de 2022 instauró el estado de excepción en la macrozona sur, y ese estado de excepción no se ha levantado hasta hoy. Cuatro años de gobierno y la política hacia los pueblos originarios terminó siendo más represiva que transformadora, más cercana a la lógica de seguridad nacional que a cualquier idea de justicia histórica. Para muchos, ese fue el punto de no retorno.

Todo esto ocurrió mientras el discurso cambiaba. El Boric del primer año ya no hablaba de transformaciones estructurales, sino de “responsabilidad fiscal”, “gradualidad”, “realismo político”. El lenguaje de la Concertación volvió con fuerza, como si el estallido social nunca hubiera ocurrido. Como si las demandas de 2019 hubieran sido un exceso juvenil del que ahora había que arrepentirse.

Ese proceso de derechización no fue solo programático; fue simbólico. El gobierno pasó de representar una promesa de ruptura a convertirse en el principal garante del orden existente. Y cuando eso ocurre, la política pierde sentido para quienes apostaron por el cambio.

La consecuencia fue doble. Por un lado, desmovilización: amplios sectores populares dejaron de creer. Por otro, resentimiento: la sensación de haber sido engañados. En ese terreno fértil creció el discurso autoritario de Kast, que supo capitalizar el vacío dejado por un progresismo sin convicción.

El problema no es solo que Boric no haya hecho la revolución —nadie serio lo esperaba—, sino que renunció incluso a tensionar el sistema. Optó por gobernar como si el país no estuviera atravesado por una crisis profunda de legitimidad. Como si bastara administrar bien para recomponer el vínculo con la ciudadanía.

Pero la política no funciona así. Cuando una esperanza se traiciona, no vuelve a su punto de origen: se transforma en cinismo, rabia o repliegue autoritario. Kast no inventó ese malestar. Lo heredó.

Hoy, muchos intentan explicar la derrota apelando al miedo, a la inseguridad, a la manipulación mediática. Todo eso existe. Pero sería intelectualmente deshonesto no reconocer la responsabilidad central del gobierno que desarmó, desde dentro, la posibilidad de un proyecto transformador.

La derrota del domingo es, en gran medida, la factura histórica de ese abandono. Y mientras no se asuma con crudeza —no con comunicados tibios ni balances tecnocráticos—, la izquierda seguirá hablando un lenguaje que ya no interpela a nadie.

La continuación de Boric no fue derrotada solo en las urnas. Fue derrotada cuando decidió parecerse demasiado a aquello que prometió superar. Y en política, como en la vida, las traiciones se pagan.

Félix Montano



Periodista
  1. Felipe Portales says:

    Una observación a Patricio Serendero: Si queremos que vuelva a haber una centro-izquierda en Chile, como la que hubo en la década del 80, habrá que constituirla no en función de la «construcción del socialismo», sino en base a la «construcción de una efectiva democracia» y una «sustitución del modelo neoliberal»; algo que pueda ser un real común denominador de todos quienes quieran terminar con el legado de la dictadura, presente hasta el día de hoy en Chile, gracias fundamentalmente a los seis gobiernos de «centro-izquierda» que hemos tenido; o, para decirlo más claramente, de derecha «centro-izquierdista».

  2. Serafín Rodríguez says:

    Para entender bien el tema, hay que considerar que «el gobierno de Boric» fue también el gobierno del PS + el PPD, de quienes desgraciadamente El Clarín fue su vocero en muchos artículos, convirtieendose en buena medida en El Mercurio de la seudo-izquierda.

  3. Patricio Serendero says:

    Creo «el progresismo» no hará ninguna autocrítica seria. Con la disculpa de tener que cavar trincheras en el Congreso, para poder parar las medidas que se nos vienen encima, intentará continuar con el mando de las operaciones como Oposición. Total la memoria es frágil, el Pueblo olvida luego. Y así intentarán salir del atolladero.
    Hay que barrer con todos ellos! Rigurosamente con todos! El Pueblo se merece un verdadero partido que se proponga en un proceso construir el Socialismo. Cualquiera otra cosa será esfuerzo vano.

  4. Muy buen artículo. Desgraciadamente, la pura y santa verdad. Lo que sí habría que recordar que no fue la primera gran «voltereta» de Boric. Ella se efectuó el 15 de noviembre de 2019 cuando ¡pasando incluso por alto las decisiones de su propio Partido! fue clave en el «acuerdo-rendición» a la derecha de convocar a un plebiscito con un gran engaño al pueblo chileno; ya que las dos alternativas de futura «asamblea constituyente» presentadas a la población escondían la trampa de que ganase cualquiera de ellas se iba a establecer una asamblea que requería de los dos tercios para aprobar una nueva Constitución, en lugar de la democrática mayoría absoluta. Es decir, que bastaba con tener un tercio de los miembros de la asamblea para bloquear cualquier acuerdo. O sea, con ello ¡se hacía equivalente 34 a 66!

    • Renato Alvarado Vidal says:

      Otra ocasión en que el tristemente célebre señor Boric mostró su verdadera faz (o quien le mueve los hilos), fue cuando ya como Presidente Electo, pero aún antes de asumir, alineó a Chile con la OTAN, Zelensky y sus nazis ucranianos. Supongo que el viejo Biden le debe haber enviado de regalo una foto autografiada.

  5. Renato Alvarado Vidal says:

    Muchas gracias por una descripción tan clara de nuestro momento político.
    Solamente una observación al párrafo final: Tal vez Boric no cometió traición, tal vez tan sólo fue fiel a su propia clase social.

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