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La nueva impunidad: cuando la ultraderecha se burla de la decencia y los medios miran para otro lado

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En la política chilena hay hechos que no deberían sorprendernos, pero que, por su intensidad y desenfado, obligan a formular preguntas: ¿qué clase de cultura política hemos normalizado? ¿Por qué el mismo acto —la grosería pública de un diputado— tiene distinto tratamiento mediático dependiendo de quién lo protagonice?

Durante el último episodio navideño del programa de YouTube La Cofradía, un espacio vinculado al Partido Nacional Libertario (PNL), el diputado Cristián Labbé Martínez —ex UDI, hoy legislador por el PNL— protagonizó una secuencia que ha circulado con fuerza en redes sociales, pero que ha sido ampliamente ignorada por los grandes medios tradicionales en Chile.

En medio de la transmisión, Labbé bromeó con un tono que perfectamente podríamos identificar como vulgar, provocador y deliberadamente ofensivo, dirigiéndose directamente contra la izquierda: “que los zurdos me la mamen”, dijo ante la risa de varios asistentes y la visible incomodidad de uno de sus propios hijos. The Clinic

Ese insulto explícito, acompañado de otras referencias desafiantes como “nací funado, voy a morir funado”, no fue apenas un exabrupto de barra de bar —como algunos quisieran reducirlo—, sino la confirmación de una postura política que no disimula su desprecio por sus adversarios ideológicos y que se expresa sin filtros en plataformas de streaming.




¿Qué habría pasado si fuera un diputado de izquierda?

Imaginemos por un momento que un diputado o diputada de izquierda hubiera pronunciado palabras similares en público, dirigidas explícitamente contra un sector político entero. No tendríamos que ir muy lejos en el tiempo: episodios menores han generado semanas de editorialización en la prensa hegemónica, debates en comisiones parlamentarias y condenas casi unánimes desde sectores de centro a centro-izquierda.

Sin embargo, este caso no ha desatado ni una fracción de esa oleada crítica. Los medios tradicionales —La Tercera, Emol, BioBioChile— han optado por casi ningún cubrimiento, relegando los hechos a portales alternativos como The Clinic o a la viralidad de X y foros de discusión.

La respuesta no es azarosa: indica que cuando la provocación surge desde la ultraderecha, no representa —en la lógica mediática dominante— un “escándalo institucional” sino apenas otro ruido más en la cacofonía política.

La impunidad de la ultraderecha y la doble vara mediática

La impunidad a la que parecen acogerse sectores de la ultraderecha no se limita a una anécdota. Ya antes, Labbé y otros dirigentes de su misma órbita han sido objeto de denuncias por la difusión de discursos de odio ante el Consejo Nacional de Televisión, por declaraciones que llamaban a “sacar al comunismo” de Chile o que relativizaban la violencia política de la dictadura.

No son episodios aislados o espontáneos, sino parte de una estrategia política y comunicacional consistente en normalizar la burla, el desprecio y la descalificación directa del adversario político. Cuando se trata de discursos que apunten hacia la izquierda, la prensa y los aparatos políticos dominantes suelen responder con contundencia: investigaciones, editorialización, pedidos de retractación, debates parlamentarios.

Pero cuando la provocación viene de la derecha dura, la periodista hecha muecas de “neutralidad”, los titulares optan por suavizar declaraciones o ignorarlas por completo.

Esto no ocurre por casualidad. Es el resultado de un proceso de décadas en que ciertos sectores mediáticos han establecido una línea editorial de preservación de la estabilidad política desde una visión conservadora del país. La ultraderecha más radical —no toda, pero sí su rama más extrema— recibe así un “blindaje” mediático que no se justifica únicamente por criterios periodísticos, sino por alineamientos ideológicos tácitos con los poderes económicos y políticos que dominan las salas de redacción.

La figura de Labbé: del silencio a la provocación

Cristián Labbé Martínez no es un diputado cualquiera. Hijo del ex alcalde de Providencia y ex integrante de la DINA Cristián Labbé Galilea, condenado por torturas, su trayectoria política tiene marcadas connotaciones ideológicas que van más allá del simple libertarismo económico.

Su presencia en La Cofradía no fue accidente ni espontaneidad. Fue un gesto político, deliberado, que busca consolidar un discurso de confrontación sin reparos. Su tono, celebratorio y acrítico incluso de aspectos extremos de la derecha chilena, se inscribe en una tendencia más amplia: reducir la política a un espectáculo de insultos y burla, erosionando los compromisos básicos de respeto y convivencia democrática.

¿Por qué el silencio mediático es cómplice?

Si un diputado de izquierda hubiera pronunciado insultos similares hacia cualquier segmento de la derecha, la maquinaria mediática se activaría de inmediato: titulares de portada, análisis de opinión, debates televisivos sobre el “peligro para la democracia”. Pero con Labbé, el silencio ha sido abrumador.

Ese silencio no es neutral. Es cómplice.

Permite que políticos con discursos de odio y desdén por los adversarios puedan desarrollar su carrera pública sin rendir cuentas por sus palabras, mientras a la vez se exige a la izquierda un estándar ético y retórico que no se aplica de manera equitativa.

Un espejo para la política chilena

Lo sucedido con Labbé es un espejo que refleja algo más profundo: la desigualdad de estándares públicos, la tolerancia selectiva, y la doble vara con que se mide la conducta política en Chile.

No se trata solo de un episodio grotesco en una transmisión de YouTube. Se trata de la construcción deliberada de una narrativa política que legitima el insulto como forma de articulación ideológica, y de la complicidad silenciosa de aquellos que deberían denunciarlo.

Si los medios cubrieran este tipo de actos con la misma fuerza con que cubren menores episodios de la izquierda, podríamos estar ante un debate nacional sobre la calidad ética de nuestra clase política. Pero la decisión de mirar hacia otro lado contribuye a normalizar un estilo de política que socava la convivencia democrática.

Y mientras se tolera la impunidad de unos, se exige decencia y responsabilidad a otros, el discurso público se degrada, y la polarización no solo se intensifica, sino que se vuelve una herramienta perversa, útil para quienes quieren transformarla en legitimación política.

Ese es el verdadero escándalo.

Simón del Valle

Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



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Simon Del Valle

Periodista
  1. ¿Qué se puede esperar de un hijo de un asesino como Cristian Labbé G., ex DINA, la organización terrorista de Pinochet? Pero, su estilo, su arrogancia y desfachatez es un peligro, porque crea el ambiente y las condiciones para la agresión física, al mejor estilo de los nazis de Hitler! La prensa hegemónica, parlamentarios y del propio Comando de J. Jara, armaron un escándalo cuando su asesor Quiróz trató de «chanta» a Parisi. Lo trataron como un delincuente y faltó poco para una acusación judicial ! Insisto, no sería raro que salieran grupos de ultraderecha como «Patria y Libertad», asesinos del General René Schneider!

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