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Kast en Perú: fragmentando Sudamérica y militarizando la agenda migratoria

Tiempo de lectura aprox: 3 minutos, 57 segundos

La reciente visita del presidente electo José Antonio Kast a Perú no fue una gira diplomática rutinaria. Más que fortalecer lazos bilaterales, lo que se puso en escena fue una reconfiguración profunda de prioridades geopolíticas y discursivas en la región, un intento deliberado de insertar el eje de seguridad, migración y cooperación en materia reaccionaria como pilares de una política latinoamericana que ya se perfila dividida y polarizada.

La reunión con el presidente interino peruano, José Jerí, abrió una nueva fase en la internacionalización del discurso de Kast, que con antecedentes de una política migratoria restrictiva y una narrativa securitaria, comienza a posicionarse como uno de los principales referentes de una ultraderecha regional en consolidación.

Un eje temático: migración y crimen organizado

El foco central del encuentro en Lima fue la migración irregular, especialmente de venezolanos, junto con la lucha contra el crimen organizado transnacional, un término que Kast ha repetido como si se tratara de un concepto neutral, cuando en realidad articula una lógica política basada en una narrativa reaccionaria que busca relacionar crimen con migración.

En la Casa de Gobierno peruana, Kast y Jerí compartieron diagnósticos sobre la necesidad de cooperar para “frenar” la migración irregular y combatir bandas criminales —delincuencia transnacional que, según ellos, no respeta fronteras. Este lenguaje, por más que utilice términos técnicos, funciona como una narrativa que fusiona migración y seguridad, trasladando la discusión a un terreno de amenaza y crisis continua.

Ese enfoque tiene dos implicancias políticas claras:




  1. Refuerza la idea de que la migración venezolana no es un fenómeno complejo y estructural, sino un problema de orden públicos, del cual los gobiernos deben “proteger” a sus poblaciones.

  2. Legitima agendas de mano dura y militarización de fronteras, bajo el argumento de resguardar la estabilidad interna y regional.

El corredor humanitario: ¿ayuda o política de exclusión?

Durante la visita, Kast propuso en términos regionales la eventual creación de un “corredor humanitario” que facilite el retorno de venezolanos a su país de origen en caso de una transición interna en Venezuela

En la superficie, esto puede leerse como una respuesta humanitaria a una crisis migratoria. Sin embargo, la propuesta se inscribe en una lógica estratégica que apunta a externalizar la gestión migratoria, desligando la responsabilidad de los Estados receptores y evitándolos cumplir compromisos de derecho internacional. Además, plantea una visión condicionalmente humanitaria, sujeta a la estabilidad política de Venezuela y a acuerdos entre gobiernos, lo que puede traducirse, en la práctica, en una política de expulsión encubierta más que en una estrategia de acogida digna.

La cuenta regresiva que persiste más allá de Chile

En el aeropuerto Jorge Chávez, antes de partir, Kast reiteró su postura en torno a la migración irregular, manteniendo el ultimátum de 63 días para que quienes se encuentren en Chile sin documentos salgan del país una vez él asuma la presidencia.

Esta insistencia revela una estrategia de duplicidad discursiva:

  • Internamente, ha moderado su lenguaje para evitar tensiones en momentos de transición política;

  • Externamente, refuerza un discurso de control fronterizo y expulsión.

La diferencia no es menor. Muestra que la política migratoria de Kast no se construye desde la complejidad de los flujos humanos ni desde el respeto a los derechos fundamentales, sino desde una lógica de control, presión y exclusión territorial, que puede tener efectos inmediatos sobre los miles de familias latinoamericanas que buscan refugio en Chile y la región.

¿Una política regional integrada o fragmentación normativa?

Si bien la reunión en Lima —seguida por visitas previas a Argentina y Ecuador— fue presentada como un avance en la cooperación bilateral, el contenido real sugiere una agenda compartida entre gobiernos de derecha y ultraderecha para alinear políticas de seguridad y migración, muchas veces sin articulación con las necesidades sociales más urgentes de los pueblos.

La insistencia en estos temas también se da en un contexto regional de polarización. La reciente operación militar estadounidense en Venezuela y secuestro de Nicolás Maduro —una acción que ha dividido a líderes latinoamericanos entre condena y apoyo— ha reactivado discusiones sobre soberanía, intervencionismo y agendas geopolíticas que trascienden la mera gestión migratoria.

Más allá de la retórica conjunta con autoridades peruanas, no se han anunciado acuerdos concretos, ni se ha presentado un plan operativo que cuente con marcos jurídicos, recursos o mecanismos de protección para migrantes. En cambio, lo que sí emergió fue un marco discursivo de amenaza compartida, que articula migración, crimen organizado y minería ilegal como desafíos prioritarios, relegando la discusión sobre desarrollo regional, condiciones socioeconómicas o derechos humanos.

Venezuela como marco de legitimación política

La cuestión venezolana continúa siendo un eje central en la estrategia discursiva de Kast y otros gobiernos afines. Si bien en Palacio de Gobierno Kast adoptó un tono diplomático al referirse a la migración venezolana, señalando las causas políticas y económicas que llevan a millones a abandonar su país, fuera de ese contexto el discurso volvió a endurecerse, con énfasis en plazos y “orden”.

En este sentido, Venezuela pasa de ser un fenómeno migratorio complejo a un instrumento de legitimación política para justificar políticas de exclusión: situar la migración forzada como amenaza, presentar su gestión como crisis regional y utilizar esa narrativa para cohesionar consensos políticos y sociales en torno a respuestas securitarias.

Integración o regionalismo reactivo

La política exterior de Kast durante esta ronda de visitas sugiere que su gobierno pretende construir un tipo de liderazgo regional basado en:

  • Cooperación en seguridad externa, especialmente migratoria;

  • Exclusión territorial como forma de orden público;

  • Alineamiento con las agendas más duras de ultraderecha en la región.

Esto contrasta con visiones más integracionistas que han buscado en Latinoamérica soluciones compartidas a problemas estructurales como la crisis migratoria, el cambio climático, la desigualdad y la interdependencia económica. La propuesta de Kast parece estar más alineada con un regionalismo fragmentado, donde cada Estado preserva sus fronteras como espacios de control y no de acogida, y la cooperación se realiza desde la óptica de la amenaza y la defensa.

Un nuevo eje ultraderechista en Sudamérica

La gira peruana de Kast no fue un hito diplomático menor. Fue una declaración de intenciones: proyectar su política interna de mano dura hacia una política regional que privilegia la seguridad, la migración controlada y la cooperación con gobiernos afines en materia criminal y fronteriza.

Lejos de promover una integración solidaria en la región, la visión que se está instalando —junto a aliados en Argentina, Ecuador y, potencialmente, otros países vecinos— profundiza las divisiones, traslada la agenda pública hacia la frontera como espacio de conflicto, y busca normalizar respuestas autoritarias como herramientas legítimas de gestión internacional.

Esa no es solo una agenda bilateral: es la puesta en marcha de un nuevo paradigma regional, que orienta a Sudamérica hacia un rumbo donde el discurso de amenaza y exclusión se convierte en la gramática principal de las relaciones entre Estados y sociedades.

Paul Walder



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Paul Walder

Periodista
  1. Serafín Rodríguez says:

    Sin Colombia, no hay corredor humanitario posible y es muy improbable que ese país pueda allanarse a uno mientras Petro ejerza la presidencia o sea quien sea su sucesor. La razón es simple pero contundente: Colombia tiene su propio problema con la migración venezolana pues alberga la mayor cantidad de venezolanos, con cifras recientes que superan los 2.8 millones, según la Plataforma R4V y Migración Colombia hasta mediados de 2025 y principios de 2026, siendo Bogotá y la región del Caribe (Atlántico, La Guajira) las zonas con mayor concentración, aunque la situación es dinámica y se beneficia del Estatuto Temporal de Protección. Esta es la realidad pura y dura. Una vez que se la constata, resulta claro que el famoso corredor simplemente no es visable. Todo lo además que se diga del mismo no tiene mayor sentido, excepto como crítica ideológica o conversación de café con piernas.

  2. Abelardo Clariana Piga says:

    Este analisis enfoca y clarifica puntos muy importantes.

    Algo muy parecido se puede decir de muchos paises europeos. La Union Europea ha tratado de construir un cerco militar que impida la entrada de migrantes de Asia o Africa. Lo que han logrado es que muera mucha gente intentando romper el cerco y que se incremente el trafico ilegal de personas que pagan mucho por escapar de guerras o hambruna. La esclavizacion moderna, la sobre-explotacion de quienes no tienen papeles en regla y la explotacion sexual de menores va aumentando. Ha aumentado la discriminacion racial y la ultra derecha ha ganado apoyo.

  3. Felipe Portales says:

    Jeri es un ave de paso en la presidencia de Perú. Y ni él ni Kast podrán obligar a Colombia o a Venezuela a aceptar expulsiones de venezolanos. Así que de nada valdrán políticas compulsivas en la materia.

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