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Negociación colectiva multinivel: el tardío debate sobre el modelo laboral chileno

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La Comisión de Trabajo y Seguridad Social de la Cámara de Diputadas y Diputados dio esta semana un paso relevante en la discusión sobre el futuro del sistema laboral chileno, al analizar el proyecto de ley que busca regular un esquema de negociación colectiva multinivel, una de las reformas estructurales más debatidas en las últimas décadas. Para ello, la instancia parlamentaria contó con la asesoría técnica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo que aportó evidencia comparada y recomendaciones basadas en experiencias internacionales.

La iniciativa, impulsada por el Ejecutivo y contenida en el boletín 18044, propone modificar el Código del Trabajo para permitir negociaciones colectivas no solo a nivel de empresa —como ocurre mayoritariamente en Chile— sino también en niveles superiores, como el sectorial o territorial. Se trata de un giro significativo en un sistema históricamente marcado por su alta descentralización y por una baja cobertura efectiva de la negociación colectiva.

Un sistema fragmentado y de baja cobertura

Durante la sesión, expuso la economista de la OCDE Sandrine Cazes, quien presentó un diagnóstico crítico del modelo chileno de relaciones laborales. Según explicó, Chile se caracteriza por un sistema altamente atomizado, donde la negociación se concentra casi exclusivamente a nivel de empresa, lo que ha generado fragmentación sindical, escasa coordinación entre actores y una cobertura de negociación colectiva significativamente inferior al promedio de los países miembros de la OCDE.

Este diseño, advirtió, no solo debilita el poder negociador de los trabajadores, sino que también deteriora la confianza entre empleadores, sindicatos y Estado, afectando la cooperación social y la estabilidad del sistema laboral en su conjunto.




No obstante, la experta fue cuidadosa en subrayar que el debate no debe centrarse únicamente en aumentar la centralización, sino en mejorar la coordinación del sistema. En ese sentido, planteó que los mejores resultados económicos y sociales se observan en esquemas de “descentralización organizada”, donde existen acuerdos sectoriales marco que conviven con espacios de adaptación a nivel de empresa.

La experiencia comparada: menos desigualdad y mayor resiliencia

La evidencia presentada por la OCDE apunta a que los sistemas de negociación colectiva coordinados —típicos de países escandinavos— muestran una serie de efectos positivos. Entre ellos, menor desigualdad salarial, debido al rol nivelador de la negociación sectorial; mejores indicadores de empleo, especialmente para mujeres y jóvenes; y mayor capacidad de adaptación económica frente a crisis y ciclos adversos.

Estos sistemas, explicó Cazes, permiten establecer pisos comunes de derechos y condiciones laborales, sin impedir que las empresas ajusten los acuerdos a sus realidades productivas. La clave, insistió, está en el equilibrio entre reglas comunes y flexibilidad, así como en la existencia de instituciones públicas sólidas que faciliten la coordinación y prevengan conflictos.

Dudas y reparos en el debate parlamentario

El análisis técnico no estuvo exento de cuestionamientos políticos. La diputada Ximena Ossandón expresó dudas sobre la necesidad de avanzar hacia un modelo multinivel, señalando que Chile ha experimentado un aumento sostenido de la sindicalización en las últimas dos décadas. Desde esa perspectiva, planteó la interrogante de si el problema radica realmente en el diseño del sistema o en otros factores estructurales del mercado laboral.

Por su parte, el diputado Andrés Giordano puso el foco en las pequeñas y medianas empresas, consultando si existe evidencia de que la negociación multinivel no solo reduzca la desigualdad entre trabajadores, sino que también favorezca la equidad y participación de las pymes, considerando su rol central en la generación de empleo en el país.

Ante estas inquietudes, la OCDE recalcó que no existe un modelo único ni exportable mecánicamente, y que cualquier reforma debe adaptarse a la institucionalidad nacional. En particular, subrayó la necesidad de una implementación gradual, con mecanismos específicos que resguarden la viabilidad de las pequeñas y medianas empresas y eviten impactos negativos no deseados.

Un debate de fondo sobre poder y democracia laboral

Más allá de los aspectos técnicos, la discusión sobre la negociación colectiva multinivel reabre una pregunta de fondo sobre el modelo de relaciones laborales en Chile: quién negocia, con qué poder y bajo qué reglas. El actual sistema, heredero en buena medida de la arquitectura laboral de la dictadura, ha sido criticado por limitar la capacidad colectiva de los trabajadores y por reproducir brechas salariales profundas.

La propuesta del Ejecutivo no elimina la negociación a nivel de empresa, pero busca complementarla con instancias superiores que permitan mayor cohesión, reduciendo la competencia a la baja entre trabajadores y fortaleciendo estándares comunes. Para sus defensores, se trata de un paso necesario hacia un mercado laboral más equilibrado; para sus críticos, de una reforma que debe ser calibrada con extremo cuidado para no afectar la competitividad ni la autonomía empresarial.

Lo que viene

El proyecto continuará su tramitación legislativa en un contexto político complejo, marcado por tensiones entre crecimiento económico, derechos laborales y productividad. La asesoría de la OCDE aporta legitimidad técnica al debate, pero no resuelve el dilema central: cómo avanzar hacia un sistema laboral más justo sin reproducir rigideces ni exclusiones.

En ese equilibrio se juega una de las discusiones más relevantes del Chile que viene, donde el trabajo, la desigualdad y la democracia social vuelven a ocupar un lugar central en la agenda pública



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