
La derecha bloquea la sala cuna: el complot de la UDI contra el derecho de las mujeres a trabajar
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A partir de la columna “Desolación”, publicada por Francisca Jünemann, presidenta ejecutiva de la organización ChileMujeres, se abrió un nuevo flanco de debate en torno al frustrado avance del proyecto de ley de Sala Cuna, una de las reformas sociales más largamente postergadas y demandadas por las mujeres trabajadoras en Chile. El texto, escrito en un tono crítico y reflexivo, pone el acento no solo en la decisión política que impidió su tramitación final, sino también en el impacto social concreto que esta tendrá sobre miles de familias.
En su columna, Jünemann describe la desolación como un sentimiento profundamente humano, asociado a la pérdida, al abandono y a la ruptura de vínculos. Pero en este caso, subraya, no se trata de una experiencia íntima o privada, sino del fracaso de una política pública que estaba a punto de concretarse y que terminó abruptamente bloqueada. Esa desolación, sostiene, es hoy compartida por amplios sectores de la sociedad, especialmente por mujeres que esperaban una solución estructural a una desigualdad histórica.
La directora de ChileMujeres recuerda que el país estuvo a semanas —incluso días— de aprobar una reforma que habría garantizado el derecho a sala cuna para 25 mil mujeres con hijos menores de dos años, muchas de ellas hoy atrapadas entre el desempleo y la informalidad. A ellas se suman otras 150 mil mujeres que forman parte de la fuerza laboral pero que no pueden acceder a este derecho debido a las restricciones actuales del Código del Trabajo, que condiciona el beneficio al número de trabajadoras mujeres contratadas por una empresa.
Uno de los ejes centrales de la columna es la crítica directa al rol que jugó la presidencia de la Comisión de Educación del Senado, encabezada por el senador Gustavo Sanhueza (UDI), quien se ausentó de la sesión clave sin dejar reemplazo, impidiendo que el proyecto avanzara hacia su votación. Para Jünemann, este hecho no puede ser leído como un problema administrativo o circunstancial, sino como una decisión política de alto impacto, que truncó un acuerdo que ya contaba con respaldo transversal.
Frente a las justificaciones posteriores desde la UDI, que calificaron el proyecto como “mal financiado” o “improvisado”, la columna plantea una serie de preguntas directas: ¿por qué no se permitió seguir mejorando el texto en la discusión legislativa?, ¿por qué no se optó por mecanismos de financiamiento compartido —como una cotización adicional marginal— que evitaran cargar todo el costo al Estado o a las empresas?, ¿por qué se desoyó el trabajo previo realizado en la Comisión de Trabajo, donde el proyecto ya había sido aprobado?
Jünemann también cuestiona la coherencia del discurso opositor, recordando que el programa del presidente electo José Antonio Kast contempla un financiamiento estatal total de la sala cuna, lo que contradice el argumento de que el proyecto rechazado carecía de respaldo fiscal suficiente. A su juicio, la decisión de frenar la iniciativa cruzó un umbral crítico, porque puso por delante cálculos políticos por sobre una necesidad social urgente.
Más allá de las responsabilidades individuales, la columna apunta a un problema estructural: la forma en que se toman decisiones en el Congreso cuando se trata de derechos sociales, y cómo los espacios institucionales pueden ser usados para bloquear reformas incluso cuando existe consenso técnico, social y político. En ese sentido, Jünemann interpela directamente al sistema democrático, preguntándose si las comisiones del Senado y de la Cámara están cumpliendo efectivamente su rol deliberativo.
El texto cierra con una definición política clara: pese a la frustración y al sentimiento de abandono, las organizaciones que han trabajado durante más de una década por una reforma a la sala cuna no renuncian a su objetivo. Desde ChileMujeres, afirma, existe la tranquilidad de haber hecho todo lo posible por empujar el proyecto, y la convicción de que la responsabilidad ahora recae en quienes optaron por no sesionar y no decidir.
La columna de Francisca Jünemann no solo expone una crítica puntual, sino que instala nuevamente el debate sobre corresponsabilidad, inserción laboral femenina y derechos de la infancia, dejando en evidencia que el retroceso legislativo en sala cuna no es un asunto técnico, sino una definición política con consecuencias sociales profundas





