
Es un monstruo grande y pisa fuerte
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Voces autorizadas han venido advirtiendo lo que ahora cobra la dureza de los hechos concretos: avanza a pasos trágicamente agigantados la posibilidad de que la crisis del capitalismo, como filosofía y práctica, como orden y cultura, se intente resolver por la vía de una guerra de impensables consecuencias.
Las ofensivas guerreristas estadounidenses a países soberanos no evidencian la gesta de un país poderoso sino a un imperio prepotente, criminal y delincuente y que deja de manifiesto su debilidad creciente en medio de una arrogancia sin base.
Estados Unidos ha duplicado su ya monumental presupuesto militar y ha cambiado el nombre de su ministerio de Defensa a ministerio de Guerra.
La crisis terminal del capitalismo, aunque no será mañana su caída, está buscando el enfrentamiento global porque si no lo hace ahora su decadencia se acelerará a niveles impresionantes.
Hasta hace unos meses, pensar que la OTAN, el brazo armando mediante el cual Estados Unidos somete a la vasalla, percudida y miserable Europa, podía estar a punto de desaparecer, era una fantasía, un delirio del optimista irresponsable.
Europa ya ni siquiera es el escudo que debería detener el avance ruso. Ni es la plataforma de negocios, materias primas, tecnología, ciencias aplicadas o del saber cómo se hacen las cosas. Es un continente que no sabe qué hacer para sobrellevar las vidas de lujos de sus dirigentes y sostener el nivel de vida de sus habitantes que trabajan por un sueldo. Ha sido abandonada por sus patrones y mandantes. Vasallos lamebotas y decadentes a los que solo les queda atizar la guerra para sostenerse en el miedo artificial a los rusos.
Pero si se trata de guerra, Estados Unidos y Europa saben que el desarrollo militar ruso ya no mide distancias, alturas, velocidades, medios de desplazamientos o capacidades destructivas: el planeta de achicó para los efectos de la guerra como la máxima expresión del enfrentamiento entre las concepciones planetarias de convivencia.
Es decir, salió gente al camino a la idea de un solo polo, una sola idea de ordenamiento planetario que lo dispone todo según sus intereses y conveniencias y que si no estás de acuerdo te castiga y/o bombardea: he ahí el origen de la crisis.
El capitalismo estadounidense basado en el consumo irracional de petróleo apostó a que ese recurso sería eterno. Pero ya vemos que no es así: con solo un 4% de la población, USA consume el 23% de la energía mundial total, y de este un 83% es de combustibles fósiles. Para parar la olla, USA necesita 20 millones de barriles diarios, pero solo accede a una parte de este, generado un déficit diario de entre 5 y 7 millones. De ahí la importancia de Venezuela.
Es en este momento cuando el Cartel de los Soles, el narcoterrorismo y la conspiraciones de todo tipo del que se acusa al presidente venezolano Nicolás Maduro, sale de la ecuación simplemente porque nunca existió.
Y lo dijo Trump con toda sus letras: se trata del petróleo venezolano que es ni más ni menos, la principal reserva planetaria con cerca de 300.000 millones de barriles. Veremos si chinos y rusos se quedarán mirando ese portento de cogoteo de escala planetaria.
El escenario se pone más complejo y sombrío porque el imperio está desesperado. Cada día es una oportunidad para hacer lo que ha hecho siempre: provocar un incidente que lleve a la guerra y de esa manera echar a andar su complejo militar y disponer del lenguaje patriotero y mentiroso para poner a la población a su favor. Hoy, se trata de encubrir las denuncias de pederasta y depredador sexual, según el delincuente Epstein, casual y convenientemente suicidado hace algunos años, con el probable ataque a Irán.
Pero la cosa no está fácil incluso en el frente interno de USA.
La posibilidad de una guerra civil aumenta en tanto avanzan las políticas represivas hacia la población, la que ha cobrado víctimas mortales a manos de los agentes del ICE, es grupo paramilitar de Trump. Estados Unidos va camino a una paro generalizado y la perspectiva de un enfrentamiento civil avanza día a día.
La irrupción de los BRICS apuró la decadencia advertida de Estados Unidos. En conjunto superan ya el 40% del PIB mundial por paridad de consumo, y suman una población que frisa la mitad de la gallá del planeta. China, por su parte, ha pasado a ser la mayor economía del mundo y líder indiscutido en materia tecnológica.
Rusia, que lleva casi 4 años en guerra, por su parte tiene una deuda cercana a los 400.000 millones de dólares y su deuda per cápita no llega a los 3.000. La nada misma.
Mientras tanto, Estados Unidos pasa por una crisis de la que no va a salir, he ahí el peligro de la guerra, tiene en este preciso segundo una deuda de 38.681.496.198.747 de dólares, no sabría decir cómo se lee esa cifra, que corresponde al 125% de su PIB.
Estamos asistiendo a una crisis del capitalismo que necesariamente tendrá efectos en toda la humanidad porque la probabilidad más alta es que se resuelva a los tiros. O a misiles y drones.
Es imposible que USA vuelva a ser la primera potencia económica de mundo, prácticamente nada se fabrica en ese país, la pobreza llega a niveles increíbles, el costo de la vida y la cesantía suben, su presidente es un mentiroso patológico, la corrupción llega a niveles espantosos, partiendo por la pedofilia de su presidente, y decae en todas las variables que miden el desarrollo, al momento en que arrecia la represión propia de un estado policial.
Lo que le queda al imperio es provocar un conflicto de escala planetaria para apostar al poderío de su ejército, lo que también es cuestionable.
En este panorama de miedo, muchos echan de menos la reacción de Rusia y China, países que debieran ser los capacitados para enfrentar la conflagración.
Pero ¿ha visto usted a Xi Jinping apurado? ¿Ha visto a Vladimir Putin tomando decisiones sobre la carrera? Jamás.
Ricardo Candia Cares





