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Pornografía o el arte de amar

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Mientras avanza el verano, la censura se activa. Prolifera a pasos agigantados y contamina nuestra vida. Ahora, la beatería y sus lacayos se lanzan en contra de un festival pornográfico, el cual se realizaría en Valparaíso, como demostración palmaria de la libertad sexual. Nadie va a morir o será torturado o engullido en medio de este acaecimiento. Llámese arte o provocación. Se augura una asistencia multitudinaria, deseosa de aprender más sobre el arte de amar. Llámese lujuria, erotismo o pasión carnal. A quitarse la venda de los ojos y saberse desnudar en el gaudeamus del amor. Desde los albores de la humanidad, el erotismo se ha situado en el centro de la civilización y su práctica, en sus variadas expresiones, ha cautivado al hombre. El placer carnal se sitúa por encima de cualquier otro deleite. No se trata de un goce espiritual, sino carnal. De lo contrario, la especie humana se extinguiría, al igual que los dinosaurios. Si el sexo fuese aburrido, como ponerse a contar, cuantos granos de arena hay en un puñado, no estaríamos ahora en este mundo. El planeta tierra sería yermo, y ni siquiera habría un alelí a la orilla del camino.

¿Acaso el arte permanece ajeno a estas manifestaciones de la cultura sexual? El desnudo femenino nos ha cautivado desde los albores de la humanidad y nadie se escandaliza al ver cuadros en los museos, donde se privilegia esta expresión plástica. Por el contrario, atrae y produce encanto. Si hablamos sobre literatura, ahí se encuentra El Kamasutra, el verdadero tratado del amor carnal y las obras de Anaïs Nin, el Marqués de Sade, Batalle y Henry Miller. Pléyade de escritores, abocados a difundir las bondades del erotismo. Artistas que han contribuido a desvelar la hipocresía, tan arraigada en nuestra sociedad.

No a la exaltación de la pederastia, el bestialismo, el abuso sexual en su infinidad de variantes y al extremo libertinaje, donde la violación es la mayor de las vilezas. De ahí que, el mentado festival pornográfico en Valparaíso, apenas si es un guiño a la libertad sexual. Urgente destape a las alcantarillas del poder. Distanciado de las guerras, las pestes y la destrucción de nuestro planeta. Bocanada de aire limpio, destinada a combatir la fetidez de la censura, esa misma que durante la dictadura militar de la oligarquía, se posicionó de Chile y ahora desea imponerla a partir de marzo. Los síntomas son evidentes. ¿Acaso empezamos a vivir el regreso a la quema de libros en las calles o en los patios de las universidades? Las evidencias son en demasía claras. Hasta los borregos entienden que se acercan las plagas de Egipto, y el faraón a cargo del imperio, empieza a desempolvar sus armas de guerra.

Alarma la estupidez al condenar el festival pornográfico en Valparaíso, el cual es una señal inequívoca, dirigida a fustigar la cultura pacata de nuestro país. A arrinconarla, pisotearla; y en breve, desde luego a partir de marzo, a ponerle cadenas en los pies y en las manos. Urge maniatarla. Los indicios son claros, mientras tanto, el camino se llena de guijarros y ortigas, y desde ya, urge buscar caminos de atajo, destinados a evitar la censura. Hay quienes desean meterse en nuestro lecho o vigilar el sofá o la alfombra, y provistos de lápiz y papel, dar instrucciones de cómo proceder. ¿Y dónde está el estímulo a la natalidad? Tiempo de mudez y reflexión. A modo de epílogo, concurriré al mentado festival pornográfico en compañía de mis nietos, con el propósito de despertar mi adormecida libido. Nos vemos en el  templo del placer.




 

Walter Garib

 

 



Walter Garib

Escritor

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