
Crisis en Cuba: diplomáticos alertan por el impacto del bloqueo petrolero impulsado por EE.UU.
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En el exclusivo barrio diplomático de Siboney, en La Habana, embajadores de países históricamente aliados a Estados Unidos expresan creciente frustración ante la estrategia de Washington para forzar un cambio de régimen en Cuba. Al mismo tiempo, varios de ellos ya elaboran planes para reducir sus misiones o incluso abandonar la isla si la situación se deteriora aún más.
Según un reportaje publicado por el diario británico The Guardian, que entrevistó a más de cinco funcionarios de alto nivel en La Habana, el gobierno estadounidense estaría impulsando una política destinada a asfixiar al país caribeño mediante el corte de suministros de petróleo. “Hay discursos sobre derechos humanos y sobre que este será el año del cambio en Cuba, pero poco se dice sobre qué ocurrirá después”, señaló uno de los diplomáticos citados por el medio.
Una crisis profunda
Cuba atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Tras cuatro años de recesión económica, hiperinflación y la emigración de casi el 20% de su población, el gobierno comunista —en el poder desde hace 67 años— enfrenta su mayor debilidad estructural.
La situación se agravó en enero, cuando el presidente estadounidense Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impone aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla. La medida, que se suma al embargo vigente desde hace 68 años, tuvo efectos inmediatos: incluso México, que había reemplazado a Venezuela como principal proveedor de crudo, suspendió los envíos.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, advirtió sobre un posible desastre humanitario y envió 800 toneladas de ayuda. “Nadie puede ignorar la situación que el pueblo cubano está experimentando debido a las sanciones que Estados Unidos impone de manera muy injusta”, declaró esta semana.
Diplomacia en tensión
El encargado de negocios estadounidense en La Habana, Mike Hammer, habría dicho en una recepción el 28 de enero que si durante décadas Cuba habló de “bloqueo”, ahora “habrá un bloqueo real”. Consultada por The Guardian, una portavoz de la embajada evitó detallar el contenido de las reuniones diplomáticas.
Algunos funcionarios extranjeros confían en que conversaciones de alto nivel en México entre representantes cubanos —entre ellos el general Alejandro Castro Espín, hijo del ex presidente Raúl Castro— y autoridades estadounidenses puedan derivar en un acuerdo. Otros interpretan declaraciones recientes del secretario de Estado Marco Rubio, quien habló de otorgar “más libertad política y económica” al pueblo cubano, como una señal de que Washington podría moderar su postura.
Sin embargo, en el terreno las consecuencias ya se sienten.
Escasez de combustible y parálisis
La falta de petróleo afecta la generación eléctrica, el bombeo de agua y el transporte de alimentos. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió que la escasez de combustible dificulta sus tareas para asistir a las víctimas del huracán Melissa. “Ya estamos viendo el impacto en la disponibilidad de productos frescos en las ciudades”, explicó Étienne Labande, director del organismo en Cuba, citado por el diario británico.
Diplomáticos consultados señalaron que, de mantenerse el ritmo actual de desabastecimiento, podrían registrarse situaciones extremas “en cuestión de semanas”, especialmente en centros urbanos densamente poblados.
La crisis energética también golpeó al turismo. Las tres aerolíneas que conectaban Canadá con Cuba suspendieron esta semana sus vuelos por falta de combustible para aviación; dos compañías rusas hicieron lo mismo. Las cinco iniciaron procesos de repatriación de viajeros. Canadá aportó tres cuartos de millón de turistas en 2025, el principal contingente extranjero en la isla.
El Reino Unido actualizó su recomendación de viaje y ahora aconseja únicamente desplazamientos esenciales.
Vida cotidiana bajo presión
Ante la emergencia, el gobierno cubano cerró universidades, escuelas secundarias y oficinas estatales no esenciales, y redujo el transporte público para preservar recursos. Adrian Rodríguez Suárez, estudiante de física nuclear en la Universidad de La Habana, contó que fue enviado de regreso a su provincia, Holguín, para continuar sus estudios a distancia. “Fuera de La Habana la disponibilidad eléctrica baja mucho”, dijo.
En redes sociales, usuarios expresan preocupación por la cancelación de bodas o la dificultad para acceder a tratamientos médicos. Algunos intentan organizar ayuda solidaria, como motociclistas que ofrecen traslados gratuitos a pacientes oncológicos o de diálisis.
Otros se adaptan a la escasez: en barrios de La Habana proliferan pequeños fabricantes de hornallas de aluminio para cocinar con leña o carbón, ante la falta de gas y electricidad.
¿Escenario de ruptura?
En el centro de La Habana, bares y restaurantes que solían estar repletos lucen casi vacíos. Diplomáticos consultados por The Guardian admiten que preparan planes de evacuación. “Estamos preparados, vigilantes y esperando que el sentido común gane algunas rondas”, dijo uno de ellos.
Mientras tanto, la isla parece suspendida entre la incertidumbre y la resistencia cotidiana. Para algunos observadores, la tensión recuerda episodios históricos de máxima presión externa. La pregunta que sobrevuela La Habana es si la asfixia económica forzará un cambio político o si, por el contrario, profundizará el sufrimiento social en uno de los últimos bastiones comunistas del mundo.
Con información de The Guardian. Reportaje adicional de Eileen Sosin





