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Manuel Cabieses nos alumbra en la oscuridad

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Manuel Cabieses, fundador y director de Punto Final y alto dirigente del MIR, nos implantó su legado luminoso de amor por la Patria Grande, Abya Yala, América Latina, y por las y los marginados y explotados en Chile. Nos llama hoy a seguir de pie y actuar para frenar la llamada “guerra cognitiva” contra Cuba acicateada por el bloqueo criminal de combustible, el prolongado secuestro de Maduro, la transición en Venezuela y el gobierno de Kast. Se nos fue Manuel Cabieses hace ya algunas semanas, el 26 de febrero, a los 92 años. Su vida es la prueba de que la esperanza la construimos paso a paso, empinados sobre las derrotas.

Me reconforta saber que Cabieses, a quien no pude despedir en su partida, conoció en vida el reconocimiento masivo de los sectores populares de Chile y de América Latina por su trabajo incansable, no sólo como periodista sino como un revolucionario gigante de todos los tiempos. Cuando en 2018 la asfixia económica forzó el cierre de la revista Punto Final, un medio inseparable de él como director, cerramos el año con un homenaje a PF y su director, que tuvo lugar “a tablero vuelto” en el teatro Camilo Henríquez. Lo entrevisté junto a otros colegas y compañeros para el documental «Páginas de lucha» estrenado ese día y realizado por Javier Bertin y un equipo de colaboradores y amigos de la revista, con testimonios de Chile y el exterior y del propio Cabieses.

La revolución cubana marcó a Cabieses y fue un motor inicial para la fundación de la revista. En el rescate del Diario del Che en Bolivia, Mario Díaz, subdirector de Punto Final, y Flora, la esposa de Cabieses, jugaron un rol fundamental, y su publicación en exclusiva por Punto Final fue un éxito editorial sin precedentes. La revista era ya una tribuna para toda la izquierda revolucionaria de América Latina y de Chile. Su director realizó para ese medio la primera entrevista a Miguel Enríquez como secretario general del MIR.

La revista Punto Final tuvo una posición de apoyo crítico al Presidente Allende durante el gobierno de la Unidad Popular. La militancia de Manuel Cabieses no era pública y en el equipo editorial de PF, las posiciones del MIR coexistían con otras miradas de la izquierda radical de la época, como la de Augusto Olivares, entre otros. En esos tiempos, la sencillez, la humildad y el espíritu rebelde de Cabieses, unidos a su lucidez, atrajeron a jóvenes profesionales, que se formaron a su lado compartiendo su visión acerca de la concentración de la propiedad de los medios y las necesidades de la comunicación popular expresadas en la Asamblea de Periodistas de Izquierda.




Recién egresada como periodista, yo había llegado en 1969 a Punto Final invitada por mi compañero, Augusto Carmona, que era parte del equipo histórico de PF. Mis primeros artículos sobre las movilizaciones del período previo a la elección del Presidente Allende fueron generosamente recibidos por Cabieses y desde entonces me integré a la revista.

El 11 de septiembre PF subió a la lista de medios clausurados y destruidos. Cabieses fue hecho prisionero a días del golpe civil militar, pasó por diversos centros de detención, entre ellos Chacabuco y fue expulsado del país en 1975. Desde Cuba se unió a la denuncia de la dictadura pinochetista en foros internacionales y al trabajo del MIR en el exterior.

El retorno clandestino

Una de mis mayores alegrías de los tiempos de clandestinidad fue el reencuentro con Manuel (“Sergio” para entonces), en 1980, en Santiago, cuando apareció en una reunión, en que participábamos dirigentes miristas de distintas regiones.

En “Páginas de lucha”, él cuenta anécdotas de su retorno clandestino al país a fines de 1979, junto a su entrañable compañera Flora, madre de sus tres hijos, Francisca, Carolina y Javier, que permanecieron entonces en Cuba. Reconoce en esa entrevista el importante rol de apoyo de Flora y de las mujeres del MIR a cargo de las tareas que él mismo dirigía, entre quienes destaca a Patricia Bravo y las monjas del taller de impresión de El Rebelde. Relata que por precaución debió abandonar precipitadamente una casa y viajar en micro a otro refugio trasladando con Flora sus AKAs en sacos paperos, una muestra de la precariedad de las condiciones en que se encontraba esa primera línea de dirección de la resistencia. Agrega que las mujeres ejercían también las tareas políticas que hoy llamaríamos de “cuidado” del MIR en el período, con el rol de enlaces o correos ambulantes para las comunicaciones entre los dirigentes, o consiguiendo casas seguras, para hacer reuniones como la señalada, y otras también eran dirigentes.

Su gestión como miembro de la comisión política del MIR y encargado de El Rebelde y Radio Liberación en Chile, entre otras responsabilidades, avivó la llama de la esperanza y constituyó un estímulo inmenso. Resulta imborrable el calor y apoyo de una amistad ininterrumpida, expresada en gestos de cariño y atención hacia mi pequeña, hija de su amigo Augusto, ejecutado por la dictadura en 1977. La rebautizó como “la Gitanilla” porque la conoció vestida con una faldita larga. Había viajado ¡en bus! de Santiago a Concepción, en 1981, enfrentando todos los riesgos con sencillez y sin alardes. Quería conocer en terreno los logros y dificultades cotidianos asociados a la reconstrucción del MIR en esa zona que había sido la cuna de esa organización.

PF y los nuevos actores

Punto Final reapareció en 1989. Las sólidas convicciones y las experiencias vividas en la prisión política y exilio dotaban a Cabieses de un notable olfato político. Fue el primer medio en entrevistar a quien sería luego el comandante Hugo Chávez, líder de la revolución bolivariana que Punto Final abrazó. De la mano de Cabieses, el equipo de la revista fue descubriendo en Chile los nuevos actores y protagonistas del quehacer social, bloqueados por el poder en la transición, y también fue descifrando el rol de los movimientos sociales como impulsores de los cambios.

Junto al análisis político y económico característicos de la revista, dio tempranamente tribuna a las organizaciones y líderes de la causa mapuche, a los estudiantes secundarios rupturistas, a los pobladores, al movimiento No Más AFP y a las luchas feministas, las disidencias sexo genéricas y las luchas ecológicas, además de los diversos sectores de la izquierda revolucionaria incluido el Frente Patriótico Manuel Rodríguez así como los cristianos de comunidades de base. El movimiento de derechos humanos siempre pudo contar con él, y fueron muchas veces portada de Punto Final ciertas historias molestas para la llamada transición: la violencia política sexual ejercida contra mujeres en dictadura, la continuidad de la tortura y la prisión política, los pactos secretos de la Concertación, la corrupción y el avance de la impunidad.

Cabieses jugó también un rol dirigente en el Colegio de Periodistas, desde donde mostró su apoyo a la prensa independiente y popular. En 2019 le fue negado el Premio Nacional de Periodismo. La revista ya había desaparecido, tras dar la lucha desde todos los ámbitos institucionales para conseguir financiamiento estatal, que fue otorgado en cambio por los gobiernos concertacionistas a los medios hegemónicos de siempre.

Rebeldía cibernética

Todos los números de Punto Final, en palabras de Cabieses, cuentan con “la versión cibernética de una rebeldía que se niega a morir.” En octubre de 2007, desde Berlín un colectivo de jóvenes chilenos y alemanes llevó a término la monumental tarea de reunir y digitalizar toda la colección desde su fundación en 1964 hasta el número requisado el 11 de septiembre de 1973. En representación de la revista, me correspondió recibir el fruto de la tarea dedicada a Manuel Cabieses y a los integrantes del equipo de la revista caídos en dictadura. En https://www.puntofinal.la/ es posible acceder tanto a la Colección Primer Período como a la del Segundo Período, desde 1989 hasta 2018.

Cabieses invita a visitar el sitio web: “Fuimos una revista quincenal de papel y tinta que entre 1965 y 2018 libró enconada batalla contra la dictadura del pensamiento único. La historia de PF se hermana con las luchas antimperialistas y por el socialismo de los pueblos de América Latina y, en particular, del pueblo chileno. Sus páginas, producto del talento y solidaridad de decenas de colaboradores, constituyen un registro ―a veces apasionado y polémico― de un periodo histórico de nuestro continente, plagado de combates populares. Esas luchas con errores, victorias y derrotas, forjaron la etapa de cambios sociales que comienza a vivir América Latina”. Me uno a esa invitación, para dirigirla especialmente a los estudiantes de periodismo, porque de pensamiento crítico poco se habla en las universidades.

 

Lucía Sepúlveda



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