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La guerra de Trump contra Irán: cuatro escenarios para el desenlace y un mundo dividido

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Lo que durante semanas fue amenaza se convirtió en una guerra asimétrica. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de ataques aéreos contra Irán con el objetivo declarado de inducir un cambio de régimen y destruir su programa nuclear y de misiles balísticos. En los primeros ataques murió el líder supremo Alí Jamenei. Dos meses después, el conflicto no ha terminado: las negociaciones están estancadas, el Estrecho de Ormuz permanece efectivamente cerrado y el Pentágono acaba de preparar nuevas opciones militares que Trump recibirá en un briefing este 30 de abril. Viniendo de quién vendrá, en términos de decisiones, se puede esperar lo peor.

Cómo se llegó hasta aquí

Hasta el inicio de la guerra, alrededor del 25% del comercio mundial de petróleo por vía marítima y el 20% del gas natural licuado pasaban por el Estrecho de Ormuz. Hoy el tráfico se ha reducido a aproximadamente el 5% de los niveles previos al conflicto. El 13 de abril, tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad, Estados Unidos impuso un bloqueo naval a los puertos iraníes, creando lo que los analistas llaman un «doble bloqueo» del estrecho.

Trump rechazó la última propuesta iraní —reabrir el estrecho a cambio de aplazar las negociaciones nucleares— y declaró que no habrá acuerdo a menos que Irán renuncie definitivamente al arma nuclear. Ante el impasse, CENTCOM preparó un plan de ataques «breves y poderosos» contra infraestructura iraní para presionar a Teherán a volver a la mesa con mayor flexibilidad.




Los cuatro escenarios de «golpe final» (al jueves 30 de abril)

Según información de Axios —especialista en primicias y filtraciones del Pentágono y la Casa Blanca—, el Pentágono maneja cuatro opciones principales:

La primera es invadir o bloquear la isla Kharg, principal centro exportador de petróleo iraní. La segunda es invadir Larak, isla que controla el Estrecho de Ormuz y que alberga búnkeres, embarcaciones de ataque y radares que vigilan los movimientos en el estrecho. La tercera es tomar la isla de Abu Musa y dos islas menores, ubicadas cerca de la entrada occidental del estrecho, controladas por Irán pero reclamadas por los Emiratos Árabes Unidos. La cuarta es bloquear o incautar barcos que exportan petróleo iraní por el lado oriental del estrecho.

A estas se suma una quinta vía no convencional: EE.UU. e Israel han discutido el envío de fuerzas especiales a Irán para asegurar físicamente o destruir el arsenal de uranio altamente enriquecido, poniendo fin al programa nuclear sin un acuerdo político.

Trump no ha tomado ninguna decisión sobre estos escenarios. Por ahora ve el bloqueo como su principal fuente de presión, pero no descarta la acción militar si Irán no cede.

Europa: dividida entre el apoyo y la crítica

La reacción europea no ha sido uniforme. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, declaró en una entrevista con la BBC que Europa es «favorable» a los ataques de EE.UU., señalando que Irán representa una «amenaza».

Pero varios gobiernos marcaron distancia. El 28 de febrero, el presidente Macron emitió una declaración conjunta con el primer ministro británico Keir Starmer y el canciller alemán Friedrich Merz condenando los ataques iraníes contra países de la región. Sin embargo, el 3 de marzo, Macron declaró que Francia «no puede aprobar» los ataques realizados «fuera del derecho internacional». El ministro de Defensa alemán Boris Pistorius fue más directo: «Esta no es nuestra guerra, nosotros no la hemos iniciado.» Trump respondió llamando a sus aliados de la OTAN «cobardes» y afirmando que Estados Unidos «no necesita la ayuda de nadie».

España negó el uso de sus bases militares para vuelos relacionados con la ofensiva y el 11 de marzo retiró permanentemente a su embajador en Israel.

Rusia: retórica encendida y muchas ganancias

El canciller Sergei Lavrov condenó los ataques de EE.UU. e Israel calificándolos de «paso imprudente» y «acto deliberado, premeditado e injustificado de agresión armada», acusándolos de empujar a la región hacia «un desastre humanitario, económico y potencialmente radiológico».

El 21 de marzo, cuando EE.UU. atacó la instalación nuclear de Natanz con bombas perforantes, Rusia condenó los ataques como una «flagrante violación del derecho internacional».

Pero detrás de la retórica, Moscú es uno de los grandes beneficiarios del conflicto. Según el Instituto KSE, en un escenario central de tres meses de guerra, Rusia podría obtener hasta 161 mil millones de dólares adicionales en ingresos por exportaciones energéticas —aproximadamente 500 millones de dólares diarios— y 97 mil millones adicionales en ingresos fiscales, más que todo el déficit fiscal ruso de 2025.

China: condena firme, pragmatismo energético

El 2 de marzo, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, declaró que el ataque y el asesinato del líder supremo iraní constituyen «una grave violación de la soberanía y la seguridad de Irán» y que China «se opone firmemente y condena enérgicamente» los ataques.

En paralelo, Pekín ha actuado con pragmatismo: el 26 de marzo, el canciller iraní Abbas Araghchi anunció que los barcos de cinco naciones —China, Rusia, India, Irak y Pakistán— tendrían permitido transitar por el Estrecho de Ormuz. El 7 de abril, China y Rusia vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución de Bahréin que pedía el fin de los ataques iraníes y la coordinación defensiva para el acceso al estrecho.

India: neutralidad bajo presión

India ha mantenido una posición de neutralidad oficial. El gobierno de Modi condenó los ataques a bases estadounidenses sin mencionar a Irán, mientras el Ministerio de Relaciones Exteriores expresó su preocupación y pidió un alto al fuego a las tres partes.

Esa neutralidad tiene un costo doméstico severo: el 90% de las importaciones indias de gas licuado de petróleo pasan por el Estrecho de Ormuz. Tras el cierre del estrecho, estallaron protestas en India por la escasez de gas doméstico y el gasto de los hogares en combustible de cocina aumentó un 7%.

El 19 de abril la situación se agravó directamente: guardacostas del CGRI iraní dispararon sin previo aviso sobre un buque cisterna en el estrecho y una segunda embarcación fue alcanzada por un proyectil. Nueva Delhi convocó al embajador iraní y el secretario de Relaciones Exteriores Vikram Misri expresó su «profunda preocupación».

El fondo de la cuestión

La guerra ha producido un impasse militar pero también ha socavado la credibilidad del régimen de sanciones de EE.UU., demostrando que Washington cede en cuanto los precios de la energía amenazan con subir en casa, especialmente en vísperas de elecciones de medio término. Trump lo sabe. Y Teherán también. Más al fondo aún: un mundo dislocado donde se imponen las fuerzas imperiales, los algoritmos están al servicio de la barbarie, las llamadas democracias son impotentes y los pueblos son aplastados.

 

Leopoldo Lavín Mujica

 



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Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.
  1. Exactamente, el último párrafo condensa el momento de histórica barbarie que estamos viviendo. Difícilmente vamos a salir indemnes , ya estamos dañados.

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