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El infame Oficio Circular N°0016

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El patrón ideológico es mucho más revelador que la simple idea de “evaluación de programas” y “ajuste fiscal”. No estamos frente a un recorte neutro: hay una visión ideológica bastante clara sobre qué Estado se quiere reducir, a quiénes se quiere privilegiar y qué tipo de sociedad se considera deseable.

El Oficio Circular N°0016 no apunta a eliminar burocracia irrelevante, sino a debilitar programas que cumplen funciones de cohesión social, redistribución, integración territorial, protección comunitaria y derechos sociales no mercantilizados.

Eso conversa directamente con la frase del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz: “La mejor política social, y ojalá algún día sea la única, es el pleno empleo”.

Esa frase no es técnica: es profundamente ideológica. Significa que, si hay empleo, el resto de las políticas públicas pasan a ser secundarias, prescindibles o incluso meras distorsiones del mercado.




Y eso explica bastante bien la lógica del Oficio Circular N°0016 de la Dirección de Presupuestos.

Porque hay palabras que no admiten maquillaje. “Descontinuar” es una de ellas. Descontinuar no significa revisar. Significa cortar, pero con lenguaje tecnócrata para que duela menos. Cuando en un documento oficial del Ministerio de Hacienda se recomienda “descontinuar” programas sociales esenciales, no se está proponiendo una simple revisión administrativa. Se está proponiendo suprimir, terminar, eliminar.

Y basta mirar cuáles son los programas sugeridos para entender que aquí no hay neutralidad técnica: hay un proyecto ideológico que privilegia un mercado salvaje desprovisto de humanidad.

Primero, alimentación y permanencia escolar. Aquí la señal es brutal: la educación deja de entenderse como un derecho social y pasa a reducirse a formación de capital humano para el mercado laboral.

Cuando se sugiere descontinuar el Programa de Alimentación Escolar de JUNAEB, que entrega desayuno y almuerzo a más de dos millones de estudiantes vulnerables, no se está ajustando una planilla Excel: se está poniendo en cuestión la comida de niños que muchas veces reciben ahí su única alimentación digna del día.

Segundo, discapacidad. Aquí se debilita el principio de igualdad de oportunidades. La discapacidad deja de abordarse desde los derechos y vuelve a tratarse como un problema privado que cada familia debe resolver sola.

Tercero, vivienda y comunidad. Aquí se reduce el rol del Estado en la construcción de comunidad y territorio. La vivienda vuelve a ser solo un bien de mercado y no un derecho urbano y social.

Cuarto, pueblos indígenas. Aquí se debilita la reparación histórica y el reconocimiento de la diversidad cultural. La política indígena deja de ser justicia y pasa a ser gasto prescindible.

Quinto, cultura. Aquí la cultura deja de ser bien público y pasa a tratarse como un lujo accesorio que debe sobrevivir solo si el mercado quiere financiarlo.

Sexto, medio ambiente. Aquí la sostenibilidad deja de ser prioridad pública y se subordina al crecimiento inmediato y de corto plazo.

El patrón ideológico es evidente. No están cortando primero los privilegios de las élites. No están partiendo por operadores políticos. No están comenzando por asesorías innecesarias.

Están comenzando por niños vulnerables, discapacidad, educación pública, barrios, pueblos indígenas, cultura e inclusión social.

Eso no es neutralidad técnica ni eficiencia en el gasto fiscal. Eso es una definición ideológica de Estado porque si la única política social es el empleo, entonces todo lo demás pasa a ser caridad opcional y no deber republicano. El ciudadano deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser solamente una unidad económica cuya dignidad depende de su capacidad de producir en el mercado.

Pero una sociedad no se sostiene solo con empleo. También se sostiene con dignidad, convivencia, cultura, protección, igualdad de oportunidades y cohesión social.

Cuando Hacienda comenzó el ajuste por la comida de los niños más pobres, no estamos frente a la responsabilidad fiscal. Estamos frente a una definición brutal sobre quién merece ser protegido y quién debe aprender a sobrevivir solo.

Eso no es eficiencia. Eso es ideología. Y una profundamente infame.



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