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Conventillos y la “Reconstrucción”

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Quizá sea en el barrio Recoleta y las inmediaciones de la Vega Central en Santiago, donde se concentran los conventillos. Lugares pintorescos, propio de un sector donde habitan inmigrantes, la marginalidad y patipelados por doquier, en diaria ebullición. Vida pobretona, casi miserable, que involucra a parte de nuestra rechazada sociedad. Marginada por razones históricas.

En la novela “La viuda del conventillo”, doña Eufrasia Morales, que desde luego es viuda, se convierte en la protagonista de una obra señera en nuestra literatura. Escrita por el novelista Alberto Romero, quien le dio vida a la marginalidad y la trasmuta en una obra maestra. El texto lo hizo famoso. Quimantú, la reeditó durante la Unidad Popular en varios miles de ejemplares, rescatándola del injusto olvido. Descripción descarnada de seres marginales desplazados de la sociedad. Junto a ellos, se describe a inmigrantes que llegaban a Chile, a principios del siglo XX, huyendo de las guerras y la voraz hambruna. Palestinos, libaneses, sirios, israelitas, españoles e italianos que, en su mayoría, habitaban esa zona y ejercían el comercio ambulante de baratijas. Nadie los hostigaba. Existía la solidaridad, extraviada en nuestra época farandulera. Y de pronto, se desató el atropello. Oprimirlos, como si fuesen lacra. Surge así, la persecución de una oleada de nuevos inmigrantes, realizada por sus nietos. Olvido por conveniencia.

Todo este necesario preámbulo a modo de prólogo, traído a la memoria, invita a referirnos, cómo los conventillos han proliferado por las ciudades y pueblos, mientras junto a ellos, han surgido las pensiones. Así, la novela “La viuda del conventillo” se ha transformado en veraz radiografía de un mundo, entre marginal y genuino, el cual se niega a desaparecer.

Cuando en estos días de progresiva incertidumbre se habla de “Reconstrucción”, nuestra crítica mirada se dirige hacia quienes ejercen el poder. ¿Pertenecen acaso a la actual sociedad? ¿O se trata de quienes manipulan el destino, impulsando reformas fraudulentas, escritas en papel desechable? Marginalidad venida desde siglos de cínica explotación. Como quien dijera: “Segregar para olvidar”. Así, la “Reconstrucción”, que huele a pescado refrito en una cocinería de la periferia, se ha convertido en la reina de la farándula.




Todos hablan de ella, y casi nadie la conoce en su intimidad. ¿Acaso es una doncella? Bien podría llamarse “Recuperación”. Sí, por quienes saben meter las manos a las faltriqueras del estado, donde se requiere una especial destreza y actuar en solitario. La mentada “Reconstrucción” se convierte así, en un cuento del tío, el cual viene a enriquecer nuestra literatura. Aquella en permanente creatividad.

¿Y quién es el prodigioso autor de semejante obra maestra? Quizá sea un nostálgico de aquella época, donde publicar en Chile, requería autorización del censor. Esta obra maestra de la literatura de ficción, también podría llamarse “Refundación de una época” o “Regreso al pasado”. Sí, del período de oprobios, donde la oligarquía se apoderaba del país, tal si fuese, un botín de corsarios.

A este paso de traspiés, acomodos, correcciones de estilo, gramatical y de la siempre traviesa ortografía, la obra “Refundación”, se encuentra lejos de ser estrenada. Como todos quieren meterle lápiz al texto, su presentación se dilata. Ni siquiera se conoce la nómina del elenco, entre profesional y aficionado.

Como era de esperar, un tal J P Morgan, que oficia de banquero internacional, opina en su columna de crítica política y literaria, que el cuento, obra de teatro u ópera bufa, de autor anónimo, titulada “La reconstrucción” es “Atractiva como incierta”. Desde esta crónica semanal, la criticamos como lo hace la gallada y el Partido de la Gente, por ser un trabajo realizado a la diabla, donde se privilegia la ramplonería. De mil amores, me quedo con Eufrasia Morales, “La viuda del conventillo”.

 

Walter Garib

 

 



Walter Garib

Escritor

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