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Cuba en Ginebra: la salud bajo asedio y la dignidad como política de Estado

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En la 79ª Asamblea Mundial de la Salud, Cuba denunció que el bloqueo estadounidense ha entrado en una fase de asfixia energética que golpea de lleno a su sistema sanitario. Ante los delegados de la OMS, la viceministra Tania Margarita Cruz Hernández presentó cifras que ilustran un deterioro acelerado: aumento de la mortalidad neonatal, caída de la supervivencia infantil en oncología, miles de cirugías retrasadas y equipos médicos paralizados por falta de combustible y repuestos. Con un discurso firme y sin concesiones, La Habana advirtió que la salud de millones de cubanos está siendo utilizada como instrumento de presión geopolítica y reclamó una respuesta internacional ante lo que considera una agresión deliberada.

En la 79ª Asamblea Mundial de la Salud, la delegación cubana no se limitó a intervenir: rompió el guion. En un espacio donde predominan los tecnicismos, los consensos diplomáticos y las frases cuidadosamente esterilizadas, la voz de Cuba irrumpió con una gravedad que desbordó el protocolo. La intervención de la Viceministra Primera de Salud Pública, Dra. Tania Margarita Cruz Hernández, no fue un informe técnico ni una actualización epidemiológica: fue una acusación directa, una denuncia de Estado a Estado, un acto político en el sentido más profundo del término.

«Crear escasez, privaciones y penurias extremas a millones de personas no es otra cosa que genocidio», afirmó la viceministra ante los delegados de la OMS.

La frase, pronunciada sin estridencias, condensó la tesis central de la delegación cubana: el bloqueo económico, financiero y ahora energético impuesto por Estados Unidos constituye una agresión deliberada contra la salud de un pueblo entero. No se trató de una metáfora ni de un recurso retórico: Cuba presentó datos, historias y consecuencias concretas que, según La Habana, revelan la dimensión humana de una política de asfixia.




Un bloqueo que muta: de la presión económica a la asfixia energética

Desde el 29 de enero de 2026, Cuba denuncia un bloqueo total de combustible, una medida que transforma un cerco económico de más de seis décadas en un mecanismo de estrangulamiento energético. La viceministra lo describió como un salto cualitativo: ya no se trata de impedir transacciones financieras o limitar importaciones, sino de paralizar la infraestructura vital del país.

En la entrevista concedida tras su intervención, los representantes cubanos fueron aún más explícitos:

«No es un embargo. No es una sanción. Es un intento de paralizar un país entero.»

Las consecuencias, según Cuba, son inmediatas y devastadoras:

  • La mortalidad neonatal se ha duplicado, alcanzando 9,9 por cada 1 000 nacidos vivos.
  • La supervivencia infantil en oncología cayó del 85 % al 65 %.
  • Más de 100 387 personas esperan una cirugía, entre ellas 12 000 niños.
  • 34 000 embarazadas requieren ecografías diagnósticas que no siempre pueden realizarse.
  • 5 millones de personas viven con enfermedades crónicas que necesitan tratamientos continuos.
  • 16 000 pacientes requieren radioterapia y 12 400 quimioterapia.
  • 3 000 pacientes dependen de hemodiálisis, un procedimiento que exige estabilidad energética.

La industria biofarmacéutica cubana —que produce el 62 % del cuadro básico de medicamentos— enfrenta un déficit de materias primas que impide sostener la producción. Equipos esenciales funcionan solo parcialmente: tomógrafos y resonancias alrededor del 52 %, aceleradores lineales al 33 %, angiógrafos y rayos X con disponibilidad limitada.

Detrás de cada cifra, una vida suspendida

La delegación cubana insistió en que la crisis no puede reducirse a estadísticas. La historia de Diego, un niño de Villa Clara que debe viajar a La Habana para recibir tratamiento oncológico, se ha convertido en símbolo de la situación. Su madre pasa horas intentando coordinar un transporte sanitario que no siempre tiene combustible. Lo que antes era un trayecto difícil, hoy es una odisea que puede decidir la vida o la muerte.

«Lo que hoy es una cirugía electiva, mañana puede ser una urgencia», advirtió la viceministra.

La entrevista abundó en ejemplos similares: pacientes renales que dependen de hemodiálisis, mujeres embarazadas que no pueden acceder a ultrasonidos, niños que esperan cirugías que se retrasan hasta volverse emergencias. La narrativa cubana es clara: el bloqueo no es una abstracción, sino una experiencia cotidiana de sufrimiento.

La salud como campo de batalla geopolítico

Cuba situó esta crisis en un marco más amplio: la inclusión del país en listas unilaterales que lo señalan como “patrocinador del terrorismo”, lo que —según La Habana— bloquea transacciones financieras, impide compras de insumos y paraliza acuerdos comerciales. La delegación cubana denunció que estas medidas no solo afectan a un país, sino que sientan un precedente peligroso para la gobernanza sanitaria global: la salud convertida en arma, los hospitales transformados en escenarios de presión geopolítica.

«Nadie debe tener dudas sobre la determinación del pueblo cubano de defender su soberanía e independencia», afirmó la viceministra.

En la lectura cubana, la salud pública se ha convertido en un terreno donde se dirimen disputas de poder. La OMS, en este contexto, aparece como un espacio donde los países del Sur pueden denunciar prácticas que, según ellos, violan el derecho internacional y los principios humanitarios.

Resiliencia: la otra palabra clave del discurso cubano

A pesar del panorama descrito, Cuba no acudió a Ginebra a declarar su derrota. Al contrario: la delegación insistió en que el sistema de salud no ha colapsado. La reorganización interna, la optimización de recursos y la solidaridad entre instituciones y comunidades han permitido sostener servicios esenciales.

En la entrevista, los representantes cubanos subrayaron que la resistencia no es un eslogan, sino una práctica cotidiana:

«Nos reorganizamos cada día. No hay otra opción. La salud es un derecho, no un lujo.»

Cuba reafirmó además su compromiso histórico con la cooperación médica internacional. Incluso en medio de la crisis, mantiene brigadas médicas en varios países del Sur global.

«Cuba nunca renunciará a sus principios humanistas», dijo la viceministra. «Seguiremos prestando apoyo a quienes lo necesiten.»

La intervención de Cuba en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud fue un acto de denuncia, pero también de afirmación. En un mundo donde la salud global se redefine entre tensiones geopolíticas, Cuba reclamó un principio básico: el derecho a la salud no puede depender de decisiones unilaterales de una potencia extranjera.

La pregunta que queda abierta es si la comunidad internacional escuchará este llamado. Cuba, por su parte, dejó claro que seguirá resistiendo.



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Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

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