
El desafío de escribir columnas de opinión en tiempos de oscuridad
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Es necesario tomar partido. No es posible escribir desde la indiferencia. El lenguaje forma parte de la lucha política. Es un arma que puede llegar a producir daños irreversibles en el cerebro. Su fuerza radica en la capacidad de convencimiento. Quien redacta es consciente de su función, busca complicidad, convencer al lector de su relato. Ninguna publicación, periódico, revista semanal o mensual carece de una sección de opinión con firmas habituales.
Quienes escriben en dichas secciones forman parte de la sociedad y sus dinámicas. Participan de sus miedos y esperanzas. Tienen una ideología que se proyecta en sus escritos. Así, descubrimos dudas y certezas. Pero hay quienes escriben desde la equidistancia. Empleando una expresión común, nunca se mojan. Sea una huelga, una manifestación, se trate de violencia de género, una invasión militar, sólo describen hechos. Construyen desde la atalaya del experto. Ahí radica su ideología conservadora, camuflada bajo el manto de la objetividad.
¿Se puede escribir sobre la tortura, el hambre o la esclavitud sexual ocultando sus causas? Cuando se invisibiliza o menosprecia la realidad social en la cual se producen, se está justificando la desigualdad, la injusticia, la explotación y el orden social donde anidan. Mejor pasar de puntillas. Enunciarlos desde la neutralidad. Hoy se lee aceleradamente. No se digiere el contenido. Se cuenta que Woody Allen, en tono jocoso, hizo referencia a un diálogo entre dos amigos.
El primero señala: “he seguido un curso de lectura rápida. Leí Los hermanos Karamazov en un día. Y su interlocutor pregunta: ¿de qué trata? La respuesta: sucede en Rusia». Vivir obliga a tomar decisiones. El capitalismo digital afecta los modos de vida. Inteligencia artificial, inmigración, guerras, conflictos étnicos, deportes, envejecimiento de la población, políticas públicas, privatizaciones, calentamiento global, enfermedades mentales, desigualdades sociales explotación infantil, etcétera. Tiempo atrás, en un periódico de prestigio, leí una columna que me dejó sin palabras. El autor expresó una preocupación.
No sabía sobre qué escribir. Su mente estaba en blanco. No atinaba, pero debía cumplir. Cuando se llega a ese extremo, uno puede preguntar ¿Para qué se escribe? Es obligado recordar aquí a los periodistas asesinados por publicar sus opiniones e investigaciones que incomodan al poder político. El Homo sapiens, sapiens, el que sabe que sabe, ha entrado en barrena. Su definición como especie no le identifica. Ha decidido no saber. Sólo así es posible entender el estado actual de un mundo donde sobresale la insensatez. Tal vez ha llegado el momento de cambiar la definición: Homo sapiens, sapiens, no sapiens.
Ya no quiere ser consciente de su lugar en el mundo. Apagar la conciencia. Desde la literatura y la poesía, las ciencias sociales o la física, los grandes maestros han dejado constancia de su tiempo. Han escrito columnas de opinión. No han pasado de puntillas. Han problematizado y descrito la sociedad de su tiempo, desde todos los ángulos. Hombres y mujeres no han faltado a la cita. No importa el color político. Lo han hecho. Mario Benedetti, Vargas Llosa, García Márquez, Pablo González Casanova, Julio Cortázar, Carlos Montemayor, Gioconda Belli, Elena Poniatowska, Silvia Ribeiro, Leila Guerriero, Nona Fernández o Laura Esquivel.
En sus artículos se desnudan vergüenzas de la condición humana. También se defienden doctrinas. Pero se hace desde la convicción, sin tapujos. Es necesario escribir sobre los más de cien conflictos armados que asolan el planeta. Acerca de la política expansionista de Israel y sus colonias ilegales en Gaza y Cisjordania. Del proyecto sionista. De los bombardeos estadunidenses sobre Irán. Del bloqueo a Cuba. Del Sahel, donde coexisten Senegal, Gambia, Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger, Chad, Camerún, Eritrea, Sudán, transformada en objetivo geopolítico y militar del imperialismo occidental.
De la inmigración. Según la Acnur, en 2025 “había en el mundo 123.2 millones de personas desplazadas por la fuerza a causa de persecuciones, conflictos, violaciones a los derechos humanos, acontecimientos de orden público y otras formas de violencia. Esto supone un incremento de más de siete millones de personas, es decir, 6 por ciento más en comparación con el cierre de 2023(…) O sea, una de cada 67 personas en el planeta Tierra”.
No es el momento de la frivolidad, del artículo anodino, de escudarse en la neutralidad. El planeta está en manos de irresponsables políticos. Prevalecen el negacionismo y la ignorancia. Parafraseando a Max Weber, al referirse al capitalismo y su sistema de explotación, caminamos hacia una “noche polar de helada oscuridad”. No hay tiempo para la equidistancia. La ética de la convicción debe prevalecer. Otra opción es ser cómplice necesario de genocidios y la destrucción del planeta.
Marcos Roitman Rosenmann





