
A gusto del consumidor
Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 54 segundos
Como el arte culinario se inventa día a día, Chile incorporó un nuevo sabor a la gastronomía criolla. Se llama “Reconstrucción” y se cocina desde hace meses en el restorán “Congreso” de Valparaíso. El más afamado de Chile, donde se guisa desde un faisán doré, hasta un conejo silvestre y una paila de huevos. Sin desmerecer una cazuela con chuchoca, porotos con riendas, empanadas caldúas o un caldillo de congrio. Y si usted es exigente en el arte del buen yantar, debido a su paladar de sibarita y posee recursos económicos, puede servirse una langosta de la isla Juan Fernández o de Rapa Nui, o una centolla de Punta Arenas. Dese gustos. En su extensa carta gastrónoma, el restorán “Congreso”, ofrece guisos populares, destinados a quienes sueñan degustar exquisiteces culinarias, aunque sus recursos apenas si les alcanza, para comer una porotada con riendas o un guiso de cochayuyo de Pichilemu. Los cocineros, de ambos sexos del exclusivo restorán criollo, se esmeran en ofrecer creatividad, ingenio y fina elaboración, pues en estos últimos años, la cocina chilena, se ha distanciado de la influencia de la francesa y española. Ahora es independiente. Ni hablar de la inglesa, reconocida por su insipidez. Aunque por desgracia, se ha impuesto en nuestro país la comida chatarra o basura, inventada en países, donde comer, se realiza en un asiento de la plaza o en las gradas a la entrada de una iglesia. Recinto destinado a las palomas, las verdaderas comensales.
Es posible, hoy por hoy, degustar en Chile, también el arte culinario de China, Japón, India, Palestina y Perú. Guisos donde hay magia, venida desde el tiempo de los dinosaurios, cuya voracidad, abre las puertas de la aparición del hombre.
Todo este breve preámbulo, se convierte en necesario. Aunque hay quienes lo pueden tildar de superfluo, pues estiman que el guiso llamado “Reconstrucción”, posee infinidad de ingredientes criollos, y a poco andar por los caminos del buen yantar, su popularidad supere a la merluza con papas fritas y cebolla salteada. Es cierto que, puede ser prematuro hablar de este guiso estrambótico, cuyo sabor y apariencia, algunos empiezan a califican de agrio, y otros de insípido. Gusto a nada, donde intervienen manos inexpertas metidas en su elaboración. Cocineros que apenas si saben preparar un huevo frito y confunden las propiedades del ajo con los cebollines. Quizá se trata de un neologismo en tiempos de zozobra y a poco andar, sea olvidado.
Es cierto que, los creadores del mentado guiso criollo “Reconstrucción”, aún no deciden si seguir con este nombre entre cursi y reconvalezco o cambiarlo. Nadie se serviría un plato que llama a la sospecha, donde se ignora si está destinado a quitar el hambre, a abrir el apetito o servir de entremés, en guisos de acabada elaboración. Enfrentados a este dilema culinario, en el restorán “Congreso” se viven días de permanente zozobra. De intríngulis gastronómica, aunque parezca un exceso lingüista. Y muy bien se sabe que ciertos caprichos o imposiciones, sean culinarios o, bebestibles, en infinidad de oportunidades conducen al caos estomacal. A diarreas infinitas o a vómitos. Entonces, la temperancia, el buen yantar en tiempos de confusión, se recomienda evitar los excesos.
A modo de zanjar esta controversia culinaria, como epílogo, se cree que el mentado guiso “Reconstrucción”, no es más que un plato, obtenido de las sobras de diferentes potajes. Da que pensar.
Walter Garib





