
Los laboratorios de la nueva derecha chilena: cómo se construyen las leyes de las guerras culturales
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Cuando un grupo de diputados del Partido Nacional Libertario, el Partido Republicano y Renovación Nacional presentó el proyecto «Escucha su corazón», el debate público se concentró en una pregunta inmediata: ¿debe una mujer escuchar la actividad cardíaca del embrión o feto antes de acceder a un aborto permitido por la ley?
Sin embargo, la iniciativa deja entrever una historia mucho más amplia.
En la exposición de motivos, los propios parlamentarios citan como antecedentes las legislaciones de Texas, Kentucky, Georgia, Mississippi, Arizona, Wisconsin, Louisiana e Indiana, estados que durante la última década se transformaron en el principal laboratorio del movimiento conservador estadounidense en materia de derechos reproductivos. No se trata de una referencia anecdótica. Revela que la discusión chilena forma parte de una circulación internacional de ideas y estrategias legislativas que hoy atraviesa a buena parte de la nueva derecha.
El proyecto propone modificar el artículo 119 del Código Sanitario para incorporar nuevas exigencias al consentimiento informado previo a un aborto en tres causales. Si el médico detecta actividad cardíaca del embrión o feto, deberá informar a la mujer, ofrecerle escuchar esos latidos y registrar su decisión en la ficha clínica. La iniciativa agrega además una disposición especialmente controvertida: si la paciente rechaza ese procedimiento, el médico deberá negarse a practicar la interrupción del embarazo.
Sus impulsores sostienen que la medida fortalece el consentimiento informado mediante la entrega de información «objetiva» y «veraz». Organizaciones feministas, especialistas en bioética y defensoras de los derechos sexuales y reproductivos responden que la propuesta transforma ese consentimiento en un mecanismo de presión emocional y agrega obstáculos que la ley vigente nunca contempló, particularmente en casos de violación, inviabilidad fetal o riesgo vital para la mujer.
Pero el proyecto también permite observar un fenómeno político de mayor alcance.
Cuando las ideas cruzan las fronteras
Durante gran parte del siglo XX, la globalización estuvo asociada principalmente a la circulación de modelos económicos. Las reformas neoliberales, las privatizaciones o las políticas de libre mercado viajaban entre universidades, organismos internacionales y centros de estudios hasta transformarse en programas de gobierno.
En los últimos años ese proceso comenzó a extenderse a otro terreno: las llamadas guerras culturales.
Ya no circulan únicamente recetas económicas. También viajan estrategias sobre inmigración, identidad de género, memoria histórica, educación y derechos reproductivos. Los parlamentos nacionales dejaron de ser espacios donde todas las iniciativas nacen exclusivamente de los debates internos de cada país. Con creciente frecuencia adaptan experiencias desarrolladas en otros sistemas políticos.
El proyecto «Escucha su corazón» constituye un ejemplo elocuente de ese fenómeno. Sus autores no ocultaron sus referencias. Al contrario, las incorporaron expresamente como fundamento jurídico de la iniciativa.
Del laboratorio estadounidense a Europa
Los estados estadounidenses citados en el proyecto fueron pioneros en una estrategia legislativa que buscó restringir el acceso al aborto mediante reformas graduales. Antes de impulsar prohibiciones generales, numerosos parlamentos estatales aprobaron leyes que exigían ecografías obligatorias, períodos de espera, nuevas exigencias de consentimiento informado o la posibilidad de escuchar la actividad cardíaca fetal.
Fuera de Estados Unidos, uno de los antecedentes más cercanos fue Hungría. En 2022, el gobierno de Viktor Orbán modificó la reglamentación del aborto para exigir que las mujeres acreditaran haber recibido información sobre los signos vitales del feto antes del procedimiento. La medida fue presentada como un perfeccionamiento del consentimiento informado y recibió críticas de organizaciones médicas y de derechos humanos, que la calificaron como una forma de presión psicológica.
Más tarde aparecieron iniciativas semejantes en otros países europeos y latinoamericanos, impulsadas por partidos y movimientos de la nueva derecha.
La coincidencia de argumentos, procedimientos y lenguaje no parece casual. Más que copiar literalmente una legislación extranjera, distintos actores políticos comenzaron a compartir repertorios jurídicos, estrategias parlamentarias y formas de presentar públicamente estas reformas.
El ecosistema chileno
Chile tampoco permanece al margen de esa circulación.
Durante los últimos años se ha consolidado un conjunto de fundaciones, centros de estudios, organizaciones de formación política y redes internacionales vinculadas al mundo republicano y conservador. La propia Political Network for Values —una organización que reúne dirigentes de distintos continentes en torno a la defensa de la vida, la familia y determinadas concepciones sobre la libertad religiosa— ha presentado el llamado «modelo republicano chileno» como un ecosistema integrado por Acción Republicana, Ideas Republicanas, Fundación Cuide Chile y el Partido Republicano.
No se trata de una estructura jerárquica ni de una organización única. Cada una cumple funciones distintas: formación de dirigentes, elaboración programática, producción de propuestas o articulación política. Lo relevante es que ese entramado permite que determinadas ideas circulen con rapidez desde el debate internacional hasta la discusión parlamentaria chilena.
La diputada Chiara Barchiesi constituye uno de los ejemplos más visibles de esa conexión. Integró Political Network for Values, participó en actividades del movimiento antiaborto en Estados Unidos y ya en 2022 impulsó iniciativas destinadas a incorporar procedimientos similares a los que hoy vuelven a discutirse en el Congreso. El actual proyecto aparece así como parte de una continuidad política más que como una propuesta aislada.
Los nuevos laboratorios
Sería un error interpretar este fenómeno únicamente como una confrontación entre partidarios y detractores del aborto.
Lo que comienza a configurarse es una nueva forma de producción política.
Así como durante los años setenta y ochenta los centros de pensamiento liberales elaboraron propuestas económicas que luego fueron adaptadas por distintos gobiernos, hoy existe una circulación transnacional de agendas culturales. En ella participan partidos, fundaciones, organizaciones jurídicas y redes internacionales que intercambian diagnósticos, estrategias y modelos legislativos sobre cuestiones que hace dos décadas permanecían casi exclusivamente dentro del debate nacional.
Eso no significa que las leyes chilenas se escriban fuera del país ni que existan instrucciones jerárquicas provenientes del extranjero. No hay evidencia pública que permita sostener una afirmación de ese tipo.
Lo que sí puede observarse es la existencia de una comunidad política internacional que comparte referencias doctrinarias, experiencias legislativas y mecanismos de acción. El proyecto «Escucha su corazón» constituye, probablemente, uno de los ejemplos más visibles de esa circulación.
Comprender esa arquitectura resulta indispensable para entender no solo esta iniciativa, sino también muchas de las disputas que hoy atraviesan la política chilena. Detrás de cada proyecto de ley puede haber mucho más que un debate parlamentario. Puede haber una red de ideas que comenzó a construirse a miles de kilómetros de distancia y que, con el tiempo, encontró nuevos intérpretes en el Congreso Nacional.
Félix Montano





