
Kast: orden, mercado y guerra cultural
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En esta columna me gustaría desarrollar tres aspectos, como forma de análisis político, del gobierno de José Antonio Kast: el económico, el cultural y el político. De estos tres, este último es, a mi juicio, el más débil y el que mayores dificultades está experimentando, posiblemente por inexperiencia política y también por la falta de cuadros preparados para asumir cargos en el Estado. Esto se relaciona, además, con una retórica históricamente presente en la derecha chilena que tiende a demonizar al Estado, sobre todo en el ámbito económico, favoreciendo el papel del sector privado.
Dicho esto, el presidente José Antonio Kast tiene un proyecto de base bastante coherente en materia económica. Su propuesta plantea un neoliberalismo clásico, caracterizado por una reducción de impuestos a los sectores de mayores ingresos y por un recorte fiscal de más de mil millones en 18 meses. Es una orientación que proviene, en buena medida, del gremialismo, del llamado Chicago-gremialismo asociado a Jaime Guzmán y de la tradición de la UDI, partido en el que Kast militó durante casi veinte años. Este programa económico se ha mantenido, en lo fundamental, bastante intacto y constituye probablemente el componente más coherente dentro del proyecto del presidente.
En el ámbito cultural, en cambio, aparece un conservadurismo católico que busca proyectar la defensa de la familia tradicional heterosexual y mantiene una posición contraria al aborto. Se opone también a determinados cambios sociales que considera alejados de lo tradicional o de lo que entiende como natural. En esa misma línea, el ministro Iván Poduje ha destinado recursos al financiamiento de centros de culto en Chile. Son, en definitiva, dos dimensiones bastante claras del proyecto: la económica y la cultural.
Lo interesante está en la dimensión política, donde se ha puesto especial énfasis en la seguridad, el combate a la delincuencia, el control de las fronteras y las deportaciones de inmigrantes en situación irregular. Kast había planteado, durante la campaña, la idea de expulsar a los inmigrantes irregulares como una forma de responder a una demanda ciudadana vinculada con la seguridad. A esto se suma el traslado de reos a cárceles de máxima seguridad.
Sin embargo, es precisamente en esta dimensión donde el gobierno parece enfrentar sus mayores dificultades. Y esto es especialmente relevante porque la demanda de buena parte de los ciudadanos que eligieron a Kast no necesariamente era ideológica. Es decir, no se trataba necesariamente de un electorado identificado con el proyecto republicano en su conjunto, sino de personas que buscaban principalmente orden, seguridad y control migratorio. No votaron necesariamente por el liberalismo económico, sino por una respuesta frente a problemas concretos.
Uno de los principales problemas que enfrenta José Antonio Kast está, por tanto, en el ámbito político, que posiblemente sea el más complejo. Ninguna de estas dos áreas —seguridad y delincuencia— parece haber mostrado los resultados esperados. La delincuencia continúa siendo una preocupación, con hechos particularmente violentos, y todavía existen interrogantes respecto de la efectividad con que se está enfrentando al crimen organizado.
Hace algunos días ocurrió, por ejemplo, un episodio llamativo con un influencer que pretendía grabar en la Plaza de Armas de Santiago. Según lo relatado públicamente, se acercaron algunas mujeres que ejercían la prostitución y otras personas que, aparentemente, tendrían algún vínculo con esa actividad. En su momento incluso se planteó la posibilidad de que el Tren de Aragua tuviera presencia en ese sector, aunque eso requiere ser demostrado y no puede darse por establecido simplemente a partir de un episodio como este. Lo más llamativo fue la reacción del personal de seguridad municipal, que intentó impedir que el influencer continuara grabando. Fue una situación bastante extraña y que, al menos desde una determinada perspectiva, contribuye a la percepción de que la situación no necesariamente ha mejorado.
Este tipo de episodios puede generar frustración entre quienes votaron por Kast precisamente esperando una respuesta más efectiva frente a la delincuencia y el desorden. Para combatir organizaciones criminales, sin embargo, no basta necesariamente con aumentar la represión. Se requiere inteligencia policial, persecución patrimonial, control financiero y coordinación fronteriza. De lo contrario, puede producirse una suerte de “efecto globo”: se ejerce presión en un lugar y el fenómeno simplemente se desplaza hacia otro.
Más castigo no necesariamente equivale a mayor seguridad objetiva. Por eso, propuestas como establecer nuevos estados de excepción deben evaluarse a partir de sus resultados concretos y no únicamente como una respuesta política frente a la demanda de seguridad. El delito está experimentando transformaciones importantes y, por lo mismo, su combate requiere respuestas más sofisticadas e inteligentes.
En este contexto también resulta relevante la reciente incorporación de José Antonio Kast a la iniciativa Escudo de las Américas. A mi juicio, esta decisión no debería analizarse exclusivamente desde la perspectiva del combate al crimen organizado transnacional. También puede interpretarse como una aproximación a la esfera de influencia de Estados Unidos y como una estrategia vinculada con intereses económicos y geopolíticos, entre ellos el acceso a materias primas estratégicas de nuestro país, como las tierras raras. Esta es, sin embargo, una interpretación que requiere mayor evidencia para poder sostenerla como un hecho.
Del mismo modo, existe otra dimensión que será importante observar: la relación del gobierno con la oposición y con quienes ejercen una crítica pública a sus políticas. Más que afirmar de antemano que existe una estrategia de control ideológico de la oposición, habría que observar cómo se desarrolla esta relación y si aparecen mecanismos de presión, censura o restricciones hacia analistas, periodistas o actores políticos que cuestionen al gobierno.
Ese será, probablemente, uno de los aspectos más relevantes para evaluar el desarrollo político del gobierno: no solo su capacidad para implementar su programa económico y cultural, sino también su capacidad para convivir con una oposición activa y con una sociedad que, inevitablemente, seguirá cuestionando sus decisiones.
Fabián Bustamante Olguín
Academico del Instituto de Ciencias Religiosas y Filosofía, Universidad Católica del Norte.
