Chile al Día

Til Til, el territorio que Santiago convirtió en su patio trasero

Tiempo de lectura aprox: 6 minutos, 49 segundos

La Corte Suprema acaba de dejar firme una millonaria multa contra KDM por graves incumplimientos ambientales en Loma Los Colorados. Es el episodio más reciente de una historia mucho mayor: durante décadas, Til Til ha recibido rellenos sanitarios, instalaciones industriales, minería e infraestructura que presta servicios a toda la Región Metropolitana. Ahora, mientras la comuna continúa cargando con las consecuencias de ese modelo territorial, aparece una nueva infraestructura: un proyecto de data center en Polpaico.

Hay lugares donde las decisiones ambientales parecen tomarse proyecto por proyecto. Un relleno sanitario aquí. Una planta industrial allá. Una faena minera algunos kilómetros más lejos. Una línea eléctrica atravesando el territorio. Cada iniciativa con su expediente, su permiso, su Resolución de Calificación Ambiental y eventualmente sus sanciones.

Después pasan los años y alguien mira el mapa completo.

Entonces aparece Til Til.




La comuna ubicada al norte de Santiago se ha convertido durante décadas en uno de los ejemplos más claros de un problema que la institucionalidad ambiental chilena todavía enfrenta con dificultad: la acumulación de actividades ambientalmente molestas o riesgosas en un mismo territorio.

El último episodio acaba de cerrarse en la Corte Suprema.

El máximo tribunal dejó firme una multa de 4.984 UTA —más de $4.289 millones— impuesta por la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA) contra KDM por incumplimientos en el relleno sanitario Loma Los Colorados.

No se trata de una infracción menor.

La SMA determinó que existía una incapacidad estructural para manejar adecuadamente los líquidos percolados generados por el relleno debido a que no estaban operativas dos de las tres alternativas de tratamiento contempladas en su autorización ambiental, incluida la planta de ósmosis inversa.

La infracción fue calificada como grave.

El procedimiento sancionatorio comenzó en 2019. Siete años después, la discusión judicial terminó con la decisión de la Corte Suprema.

Pero Loma Los Colorados es solamente una parte de la historia.

La basura de Santiago viaja hacia el norte

Durante décadas, buena parte de los residuos generados en la Región Metropolitana ha terminado lejos de las comunas que los producen.

Loma Los Colorados comenzó a operar en 1996 y se transformó en una pieza central del sistema de disposición de residuos de Santiago. El complejo recibe residuos domiciliarios transportados desde distintas comunas de la capital y constituye uno de los mayores rellenos sanitarios del país.

El mecanismo resume de manera casi perfecta una determinada geografía ambiental.

Los residuos se producen principalmente en el área urbana densamente poblada de Santiago.

Pero su impacto territorial se desplaza hacia una comuna periférica y de menor población.

Til Til.

La basura llega incluso mediante trenes especialmente destinados a transportarla.

Para millones de habitantes de Santiago, los residuos desaparecen cuando pasa el camión recolector.

Para Til Til, recién comienzan a llegar.

Mucho más que un relleno sanitario

El problema es que Loma Los Colorados nunca estuvo solo.

La comuna ha recibido durante décadas distintos tipos de instalaciones industriales, mineras, sanitarias y energéticas.

En el territorio se encuentran actividades asociadas a la industria cementera y minera, extracción y procesamiento de áridos, infraestructura eléctrica y plantas vinculadas al tratamiento o disposición de residuos.

A ello se sumó durante años el conflicto por el proyecto Ciclo, destinado al tratamiento y disposición de residuos industriales.

La oposición comunitaria a estas iniciativas convirtió a Til Til en uno de los principales símbolos chilenos de lo que las organizaciones territoriales denominan “zonas de sacrificio”.

El concepto no constituye una categoría jurídica oficial para clasificar una comuna completa. Pero describe una realidad que merece ser examinada: territorios donde se concentra una cantidad excepcional de cargas ambientales mientras los beneficios de las actividades que las generan se distribuyen mucho más ampliamente.

La pregunta, por tanto, no es solamente si cada empresa posee un permiso.

Es otra:

¿cuántos proyectos ambientalmente sensibles puede soportar un mismo territorio?

Evaluar uno por uno

Aquí aparece uno de los problemas históricos del sistema ambiental chileno.

El SEIA evalúa proyectos.

Cada titular presenta su iniciativa y debe identificar sus impactos, medidas de mitigación, compensación o reparación cuando corresponda.

Pero las personas no viven dentro de expedientes separados.

Viven en territorios.

Un vecino de Til Til no respira el aire de una RCA y después el aire de otra. No utiliza el agua de un expediente distinto para cada actividad. Tampoco deja de escuchar un proyecto cuando comienza el ruido de otro.

Los efectos pueden acumularse.

La legislación y los criterios del Servicio de Evaluación Ambiental han avanzado en el reconocimiento de impactos acumulativos y sinérgicos, pero el problema permanece especialmente visible en territorios que durante décadas han recibido sucesivas instalaciones.

Til Til es uno de ellos.

La multa a KDM devuelve la discusión al presente

La sentencia reciente contra KDM resulta relevante precisamente por eso.

La existencia de una autorización ambiental no garantiza que los impactos desaparezcan.

Las RCA establecen condiciones bajo las cuales una instalación puede funcionar. Después corresponde fiscalizar su cumplimiento.

En Loma Los Colorados, la SMA detectó problemas en el sistema destinado a manejar los líquidos percolados, uno de los elementos ambientalmente más delicados de cualquier relleno sanitario.

Los percolados son líquidos generados cuando el agua atraviesa los residuos y arrastra materia orgánica y otras sustancias presentes en ellos. Su manejo requiere sistemas de captación y tratamiento capaces de impedir que lleguen sin control al suelo o las aguas.

Según la SMA, dos de las tres vías contempladas para tratar esos líquidos no estaban operativas.

La Corte Suprema terminó respaldando la sanción.

La resolución adquiere una dimensión distinta cuando se observa desde Til Til.

No es solamente una empresa sancionada.

Es un incumplimiento grave ocurrido en uno de los territorios que más infraestructura ambientalmente sensible ha recibido en la Región Metropolitana.

Y ahora llegan los data centers

Hay además una coincidencia que conecta este conflicto histórico con una transformación mucho más reciente.

El 17 de septiembre ingresó al Servicio de Evaluación Ambiental una consulta de pertinencia correspondiente al proyecto Data Center Polpaico Campus Norte, localizado en Til Til.

El expediente continúa en análisis.

Una consulta de pertinencia no constituye una evaluación ambiental ni significa que el proyecto haya sido aprobado. Su finalidad es precisamente determinar si una iniciativa está obligada a ingresar al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.

Tampoco existen antecedentes que permitan afirmar que este proyecto provocará los mismos problemas que las instalaciones que históricamente han generado conflictos en la comuna.

Pero su localización resulta significativa.

Hace pocos días, en estas mismas páginas, examinamos la rápida expansión de los data centers en Chile.

Detrás de la denominada “nube” encontramos enormes edificios llenos de servidores, demandas eléctricas que pueden alcanzar decenas o cientos de megawatts, sistemas de refrigeración, subestaciones, líneas eléctricas y decenas de generadores diésel destinados a garantizar que los servidores continúen funcionando si falla la red.

Ahora esa infraestructura también mira hacia Til Til.

La nueva industria busca territorio

Los data centers necesitan características que no existen en cualquier lugar.

Requieren grandes terrenos, acceso a infraestructura eléctrica de alta capacidad, conectividad y condiciones que permitan futuras expansiones.

Eso está dibujando una nueva geografía alrededor de Santiago.

Lampa, Colina, Huechuraba, Cerrillos, San Bernardo, Buin y Puente Alto aparecen entre los territorios donde existen instalaciones o nuevos proyectos.

Til Til entra ahora en ese mapa.

La pregunta no debería formularse como una condena anticipada a esta industria.

Un data center no es un relleno sanitario.

Tampoco es una mina ni una planta de tratamiento de residuos.

Sus impactos son diferentes.

Pero existe una pregunta territorial que atraviesa todas esas actividades:

¿por qué determinadas comunas terminan concentrando una y otra vez la infraestructura que necesita toda la metrópolis?

Del vertedero a la nube

La paradoja es notable.

Durante décadas Til Til recibió parte de los residuos físicos producidos por Santiago.

Ahora puede comenzar a recibir también parte de la infraestructura necesaria para almacenar y procesar sus residuos digitales, sus fotografías, documentos, videos, aplicaciones y sistemas de inteligencia artificial.

Las tecnologías cambian.

El territorio puede terminar siendo el mismo.

Y precisamente por eso sería un error analizar el Data Center Polpaico únicamente preguntándose si supera o no determinado umbral reglamentario.

La cuestión relevante es qué ocurre cuando un nuevo proyecto llega a un territorio que ya posee una larga historia de cargas ambientales.

La evaluación ambiental moderna dispone de un concepto para enfrentar ese problema: los impactos acumulativos.

No se trata solamente de saber qué produce una instalación.

Se trata de saber qué añade esa instalación a todo lo que ya existe.

La promesa de acelerar

La discusión ocurre además en un momento particular.

El gobierno de José Antonio Kast ha convertido la aceleración de inversiones y la reducción de los tiempos de tramitación de permisos en una de sus prioridades económicas.

El Ejecutivo sostiene que Chile ha acumulado procedimientos excesivamente lentos que terminan frenando proyectos y perjudicando la inversión.

El problema existe. Un procedimiento ambiental que permanece durante años sin resolución tampoco constituye una buena política pública.

Pero rapidez y exigencia ambiental son cuestiones diferentes.

Un proyecto puede evaluarse rápidamente y con rigor.

También puede aprobarse rápidamente sin considerar suficientemente sus efectos.

La diferencia depende de la calidad de la institucionalidad.

En territorios ambientalmente sobrecargados esa distinción resulta todavía más importante.

Porque acelerar una autorización en una comuna que prácticamente comienza desde cero no es necesariamente equivalente a hacerlo en otra que acumula décadas de instalaciones ambientalmente sensibles.

El territorio tiene memoria.

Y la evaluación ambiental debería tenerla también.

¿Cuánto puede soportar una comuna?

Til Til permite formular una pregunta incómoda.

Supongamos que cada proyecto cumple individualmente con las normas.

El relleno tiene autorización.

La industria tiene autorización.

La cantera tiene autorización.

La planta tiene autorización.

La línea eléctrica tiene autorización.

El nuevo data center eventualmente determina que cumple todas las normas que le corresponden.

¿Significa eso necesariamente que el territorio completo es ambientalmente sostenible?

No.

La suma de proyectos legalmente autorizados puede generar una presión territorial que no aparece cuando cada expediente se observa aisladamente.

Por eso la justicia ambiental introduce una dimensión adicional.

No pregunta solamente cuánto contamina una instalación.

Pregunta también quién recibe la contaminación, quién obtiene los beneficios y cómo se distribuyen territorialmente los costos del desarrollo.

Santiago lejos de Santiago

Til Til se encuentra dentro de la Región Metropolitana, pero para gran parte de Santiago funciona psicológicamente como un lugar distante.

Esa distancia ha tenido consecuencias.

Permite que actividades indispensables para el funcionamiento de la metrópolis permanezcan prácticamente invisibles para quienes se benefician de ellas.

Alguien debe recibir los residuos.

Alguien debe albergar las plantas.

Alguien debe soportar los camiones.

Alguien debe convivir con las líneas eléctricas.

Y ahora alguien deberá recibir una parte creciente de la infraestructura física de la economía digital.

La cuestión no es impedir toda inversión en Til Til.

Sería absurdo condenar a una comuna a no recibir nuevas actividades precisamente porque históricamente ha soportado demasiadas.

El desafío es exactamente el contrario.

Significa preguntarse qué tipo de desarrollo recibe, bajo qué condiciones, con qué beneficios locales y considerando qué cargas preexistentes.

El territorio tiene un límite

La multa contra KDM llega en un momento oportuno para recordar algo que suele olvidarse.

Los conflictos ambientales no terminan cuando se entrega una RCA.

Loma Los Colorados fue autorizado hace décadas.

Los problemas detectados posteriormente terminaron en un procedimiento sancionatorio iniciado en 2019.

La sentencia definitiva llegó en 2026.

Entre una cosa y otra existe una comunidad que continúa viviendo en el territorio.

Ahora nuevos proyectos comienzan a aparecer.

Entre ellos una infraestructura que representa probablemente uno de los sectores de mayor crecimiento durante la próxima década: los centros de datos.

Chile necesita discutir esa expansión antes de que el mapa quede definitivamente dibujado.

Y Til Til debería estar en el centro de esa discusión.

Porque después de décadas enviando hacia allí aquello que Santiago no quiere tener cerca, quizás haya llegado el momento de invertir la pregunta.

No preguntarse solamente qué otro proyecto cabe en Til Til.

Sino cuánto más puede soportar Til Til y qué le debe Santiago a un territorio que durante décadas ha cargado con parte de sus costos ambientales.

 

Félix Montano

Autor



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Proceso en España a los crímenes de la dictadura

 Proceso judicial y antecedentes del caso Pinochet

Historia y litigio por la confiscación de El Clarín

 Entrevistas, escritos y discursos de Salvador Allende

 Fondos recuperados del caso Riggs destinados a víctimas de la dictadura

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software