
El movimiento se extiende: «El pueblo unido jamás será vencido», himno de lucha estudiantil en París (*)
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No es una huelga cualquiera. La quinta jornada de movilización nacional del martes 13 de octubre reunió entre 161.500 manifestantes según el Ministerio del Interior y 480.000 según la intersindical juvenil en toda Francia. No piden lujos ni privilegios: piden profesores, aulas sin goteras y edificios que no se caigan a pedazos. Es la protesta más incómoda para un gobierno atrapado entre la urgencia social y la disciplina fiscal. Y ya no es solo cosa de institutos: 214 liceos permanecen completamente cerrados este miércoles, mientras el 90% de las universidades francesas estaban bloqueadas o cerradas. Frente al Ayuntamiento de París, la Orquesta del Nuevo Mundo —un centenar de jóvenes músicos egresados de conservatorios— interpretó «El pueblo unido jamás será vencido» (*), el himno de la Unidad Popular de Quilapayún que la multitud coreó como si fuera propio.
La imagen de Greta Thunberg frente al Lycée Paul Éluard, en Saint-Denis, con su keffiyeh al hombro, no es casual. «Los jóvenes no están siendo incluidos en la conversación», dijo. Y tiene razón: se les exige que estudien para un futuro que otros administran sin preguntarles. «El mundo entero tiene los ojos puestos en estos estudiantes que luchan por recuperar el futuro del que se les ha privado», declaró la activista sueca. La juventud ya no espera turno; irrumpe donde se decide su presente, y lo hace también desde los centros de élite. En la meseta de Saclay, Centrale Supélec, la Ensae, Telecom Paris y el IMT amanecieron bloqueados con filas de contenedores de basura. «Queremos servir de catapulta al movimiento de los institutos», dice Romain Poyet, diplomado de Polytechnique.
Los abogados con sus togas formando cadenas humanas para proteger a los alumnos son una escena que debería avergonzar a cualquier democracia. Más de 200 estudiantes han resultado heridos desde mediados de septiembre. Hay un joven que perdió una mano por una granada aturdidora, otro un ojo, otro los dientes. 36 investigaciones de la IGPN —la «policía de la policía»— están abiertas por presuntas violencias policiales. La represión no responde a una pregunta: la agrava. El gobierno lo sabe: su estrategia se apoyaba en orden con proporcionalidad, diálogo y denuncia de los partidos que avivan las brasas, pero desde el inicio la represión policial se impuso al diálogo.
El gobierno de Macron apela a la calma y al respeto. Pero las cifras lo desmienten: más de 6.800 detenidos desde el inicio del movimiento, en su mayoría menores. El ministro de Educación, Édouard Geffray, dice que se despliegan 3.000 profesores sustitutos; los estudiantes responden que las condiciones son «miserables» y que la igualdad de oportunidades republicana ha terminado. La moderación no es una política cuando las aulas se caen y los profesores faltan.
La ira no desaparecerá con las vacaciones de otoño, que comienzan el 17 de octubre. Las familias de los suburbios no pueden permitirse viajar, así que el receso no será un bálsamo. Los bloqueos continúan en París —Voltaire, Hélène-Boucher, Balzac—, Marsella, Brest y Lyon. En la calle, frente al Ayuntamiento, la Orquesta del Nuevo Mundo convirtió la protesta en un acto creativo: «Una manifestación es un espacio creativo, donde es posible demostrar poder, y esta demostración de poder la hacemos como orquesta», dijo su director, Etienne Jarriére. La música chilena, nacida en otra lucha, volvió a sonar como advertencia y como promesa.
A seis meses de las presidenciales, la extrema derecha y la izquierda de LFI compiten por capitalizar el descontento. Le Pen habla de reparaciones pagadas por los padres; Jean-Luc Mélenchon el candidato de la izquierda elogia a los manifestantes como «increíbles». Mientras tanto, el sábado se anuncian nuevas marchas contra la vida cara, y podrían sumarse los chalecos amarillos.
El clamor de una juventud que se toma la Plaza de la Bastilla por dignidad no se apaga con gases lacrimógenos ni con vacaciones. Se responde con diálogo, con presupuesto, con escuelas dignas, con profesores y con respeto. El 54% de los franceses aprueba el movimiento. No es un capricho generacional: es el síntoma de un modelo que ya no promete futuro y recorta presente. Si el gobierno no escucha ahora, no será la calle la que pierda la paciencia: será la democracia la que pague la factura.
Leopoldo Lavín Mujica
