Las últimas encuestas que indagan sobre las preferencias de los brasileños para las elecciones de octubre del próximo año dan al actual presidente Lula da Silva como seguro ganador en todos los escenarios posibles.
El resultado fue que esta proposición, escabrosa desde sus orígenes, se convirtió en el blanco del descontento de la población que se manifestó de manera inmediata y masivamente durante el fin de semana. El impacto que tuvieron las últimas manifestaciones en las principales capitales y ciudades de Brasil ha sido enorme.
Después de la condena de Jair Bolsonaro a 27 años y 3 meses de presidio, la extrema derecha busca con suma urgencia un posible candidato que la represente en las próximas elecciones del año que viene. Hasta aquí, quien aparece mejor evaluado en las encuestas políticas es el actual gobernador del Estado de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas.
El ahora reo Jair Bolsonaro es apuntado por la Procuraduría General de la República como el líder de una organización criminal armada que trató de subvertir el resultado de las urnas, infringir un Golpe de Estado y mantenerse en el poder a pesar de haber perdido las elecciones en octubre de 2022.
El ministro Cristiano Zanin, presidente de la Primera Turma del Supremo Tribunal Federal fijó para el próximo 2 de septiembre el inicio del juicio final de la acción penal en la que a partir de ese día y hasta el 12 del mismo mes, los cinco ministros que integran esa turma del STF deberán pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad del llamado “núcleo crucial” del
Pensando en una situación -cada más plausible- de que se haga efectiva la prisión de Bolsonaro, cabe preguntarse sobre sus desdoblamientos en posibles futuros escenarios, tanto en términos institucionales como en lo que respecta al ámbito de lo que pueda ocurrir con la extrema derecha y el bolsonarismo.
El Plan Camelot tenía como propósito principal prevenir y evitar la emergencia de situaciones de inminente insurgencia revolucionaria en los países subdesarrollados, pero especialmente destinado para los países de América Latina
Con la actual presidencia de Motta en la Cámara, se configura un difícil escenario que tendrá el gobierno Lula para sacar adelante los proyectos que le importan al país en los próximos dos años.
Presionado por una oposición activa y acosado por sus propios errores, el gobierno Lula parece una administración debilitada que debe enfrentar a un Congreso empoderado, manipulador y turbinado por el conjunto de enmiendas parlamentarias que le otorgan un poder expresivo a la hora de decidir sobre las políticas públicas y otro sinfín de materias.
El próximo 1 de enero, el Presidente Lula da Silva inicia la segunda mitad de su mandato de cuatro años, en un escenario marcado por fantasmas y adversidades que se instalan sobre el gobierno. En el plano interno, el Ejecutivo va a tener que enfrentar un Congreso hostil y resentido, especialmente ahora que el Ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Flavio Dino, ha