
El debate que se abre en las próximas semanas será decisivo. No se trata simplemente de discutir una reforma penal más, sino de definir qué tipo de país quiere ser Chile. Un país que defiende sin ambigüedades la justicia y la memoria, o uno que permite que las presiones políticas terminen debilitando los principios fundamentales sobre los que se construye el Estado de derecho.














