
A pocos meses del fin del gobierno de Gabriel Boric, el balance ambiental deja una sensación incómoda: avances discursivos, una arquitectura institucional largamente esperada y, al mismo tiempo, una protección débil, negociada y vulnerable frente a la presión de la gran industria extractiva. El caso del litio —presentado como la joya estratégica del siglo XXI— expone con














