
Hay momentos en la política internacional en que el lenguaje deja de describir la realidad y comienza a transformarla. El ultimátum de 48 horas de Donald Trump a Irán —una amenaza directa de destruir su infraestructura energética si no reabre completamente el Estrecho de Ormuz— pertenece a esa categoría. No es simplemente una advertencia más en una guerra ya en curso. Es





