Política

Mañalich y asesores: poca estrategia y mucha improvisación

Se supone que el gobierno actual es, desde la cabeza a los pies, un gobierno de gerentes. Sin embargo, en defensa de los gerentes, hay que decir que estos, por lo general, planifican las actividades que van a realizar, lo cual implica establecer metas y definir caminos y estrategias para alcanzarlas. También la buena gerencia requiere adelantarse a los acontecimientos, sobre todo a los problemas, y  tomar con antelación  las medidas necesarias para enfrentarlos;  establecer normas, criterios y directrices generales, bien pensadas y fundamentadas, que orienten, movilicen y presidan el accionar del resto de la organización;  proveer a todos de los elementos logísticos que cada uno necesita para llevar adelante sus tareas; delegar autorización y responsabilidad en los niveles inferiores del organigrama empresarial para no distraer a  la alta gerencia en atender la cosas operativas, pues para esos están todos los demás ejecutivos y jefes intermedios.

Pero no todos los que ofician de gerentes son en realidad buenos gerentes. Y a nosotros nos tocaron los malos. Los que improvisan. Los que no tienen metas ni estrategias claras para enfrentar los problemas que se visualizan en el horizonte cercano y mucho menos para los nubarrones de mediano y largo plazo. Los que dan palos de ciego. Los que toman decisiones que nadie entiende. Los que no movilizan al conjunto de la organización que les toca dirigir – el país en este caso – sino que pretenden tomar decisiones en la soledad de sus despachos. Los que no delegan. Los que les falta calle. Los que no toman en cuenta la opinión de los expertos, pues están convencidos de que se las saben todas.

Todo lo anterior se pone de manifiesto hoy en día en la forma en que se está enfrentando la crisis sanitaria que enfrenta nuestro país. No se visualiza allí estrategia alguna. Y si no hay estrategia no se sabe adonde conducen las medidas que se van tomando. La gran mayoría de la población no sabe ni entiende cual es la lógica que preside las medidas que se toman día a día. Nadie entiende, por ejemplo, cual es la razón por la cual algunas comunas o regiones -y no otras – entran en cuarentena, ni mucho menos la razón por la cual se acaba la cuarentena en alguna de ellas, a los pocos días. Tampoco se entiende porque se rechaza la posibilidad de establecer cuarentena en algunas regiones o comunas que lo solicitan en forma casi desesperada. En el centro de lo no entendible se ubica la resolución reciente de establecer cuarentena para la mitad de una comuna y para la otra mitad no.

En materia de movilizar al conjunto de los recursos humanos y organizacionales con que cuenta el país, no se entiende porque no se coordinan las medidas que se toman con los alcaldes de las comunas afectadas. Incluso los intendentes han sido totalmente sobrepasados y reducidos a elementos que deben seguir instrucciones sin haber sido consultados para nada. La falta de dialogo y de consulta con los alcaldes es, en última instancia, una forma de absoluto irrespeto al conjunto de la ciudadanía. Nadie importa para nada. Incluso los expertos en materia sanitaria, que se nuclean casi por obligación profesional en el Colegio Médico, así como también el personal altamente calificado que trabaja en las universidades, no son tenidos en cuenta para nada. Las medidas que se toman son, por lo tanto, inconsultas, poco transparentes, poco entendibles y poco movilizadoras.

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En materia de apoyos logísticos, que se supone debería ser uno de las grandes preocupaciones de la alta gerencia en esta lucha contra el coronavirus, no hay transparencia respecto a cuantos ventiladores pulmonares existen disponibles y cuando se van a comprar los muchos más que se necesitan. Algo parecido sucede con el resto del material sanitario tales como guantes, batas, tapabocas y test. Pareciera que faltó previsión y capacidad resolutiva en este campo y que después se han visto en la necesidad de no trasparentar las carencias que se han presentado y que probablemente se seguirán presentando.

Por esta vía no ganamos la guerra. Se necesitan cambios. Se necesita, entre otras cosas delegar en los intendentes y alcaldes – y otras instancias regionales, tales como colegios médicos y universidades – las decisiones sobre cuarentenas, subsidios, apoyos a los más vulnerables, aduanas sanitarias, controles, actividades laborales y educacionales que se pueden mantener en funcionamiento, y sobre el uso de las instalaciones médicas existentes, todo ello dentro de normas y parámetros claramente generados por la alta dirección del país. Se necesita que a nivel central ocupen su tiempo y su autoridad en la elaboración de las normas y protocolos generales, en la logística, la estadística, las decisiones económicas, las coordinaciones y relacionamientos internacionales y que generen una capacidad de comunicación con la ciudadanía que genere empatía, transparencia y credibilidad. Son cambios posibles y necesarios, antes que sea demasiado tarde.

 

Por Sergio Arancibia

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