Entre la astucia y la irracionalidad, el oportunismo y la acriticidad, la estrategia y la torpeza, se pretende legislar el nuevo oropel de la  democracia criolla.

 

Ya resulta verdaderamente insoportable cómo los diferentes poderes aprovechan la candidez y la confusión de un pueblo manipulado por la propaganda y por la proliferación ‘exoestimulada’ de sus propios fantasmas, espejismos, ilusiones y miedos infantiles, que le conduce por los tortuosos caminos de una realidad contaminada por los asechos de sus enemigos históricos.

 

No quiero decir que en este orden político se puedan cifrar esperanzas de cambios profundos de la barbarie con que unos pocos fagocitan la vida de muchos, no obstante, no es posible pensar en un salto cualitativo, sin mejorar las posiciones de lucha dentro de las mismas condiciones impuestas, porque es la realidad la que debe transformarse en nueva realidad.

 

Tres cosas –entre otras- están segando constantemente los brotes activos de las fuerzas populares anti sistémicas:

 

La primera, es el sueño absurdo de que auto marginarse entrega un mensaje eficiente y suficiente, y por tanto, muchos deciden abstenerse de los procesos electorales que entregan las posiciones claves en el orden constitucional y que permitirían transformaciones estratégicas para preparar condiciones para un cambio profundo posterior.

 

La segunda, la insoportable victimización y la estúpida e infantil pasiva esperanza de que el enemigo se inunde de misericordia y habilite los espacios para que se posicione con ventaja la contraparte. Esta esperanza supone que el acto crítico o quizás la lástima inspirada,  generará un cambio de conciencia en quienes se benefician del sistema instalado; que les hará ver que las cosas están mal, que deben ser solidarios, que deben amar al prójimo, querer al pueblo y a los trabajadores; que deben valorar la vida de los ancianos y combatir la pobreza; que deben repartir para que alcance dignidad para todos; que deben terminar con la miseria, la marginalidad y la enajenación; que deben entender que todos merecen salud, educación, vivienda, esperanza y felicidad.

 

La tercera, el creer que el anarquismo debe instalarse como método, más allá de su reconocida legitimidad como fenómeno transitorio de la descomposición de una estructura en crisis y que se traduce en cifrar esperanzas en que el movimiento de masas sublevadas, llegará a la instalación de un poder constituyente, sin el deber de generar las estructuras capaces de coordinar las fuerzas en acción y tomar los escenarios estratégicos con la participación de una parte importante de las mismas fuerzas constituidas y destituidas de las viejas estructuras.

 

En este escenario lleno de confusiones e inconsistencias se instala el  nuevo “combo” “lleve uno y pague tres”. Una nueva disputa que confunde el dónde se debe poner el punto de la ”i” y cuál es en realidad la pelea de fondo. Es el nuevo caballo de batalla de los “paladines de la democracia”: fin a la reelección de los cargos de representatividad popular.

 

 

El sentido democrático del límite a la reelección se derrumba por sí solo en su contrasentido interno, porque es una idea que esconde el espíritu del tutelaje, y fortalece una pseudo-voluntad soberana del pueblo. No debería explicarlo, pero lo haré brevemente: la voluntad del pueblo en una democracia bien constituida,  es voluntad soberana, aun cuando la práctica política-legislativa poco respete dicho precepto.

 

¿Cuál es el problema de que a un líder o representante que hace bien las cosas, se le mandate a que  las siga haciendo? Los representantes del pueblo en mayoría, cuando mantienen su consecuencia, pueden y deben ser respaldados una y otra vez por la voluntad popular, si es la voluntad popular, sin más, sin tutelajes, sin rayados de cancha. Si observamos el escenario latinoamericano, veremos que el límite a la reelección siempre ha sido una movida de caballo y alfil de una derecha desplazada por líderes que han ampliado la representación popular del Estado.

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Agrego a lo anterior, que debería estar muy claro que las fuerzas del campo popular luchan corriente arriba para instalar líderes en el ideario político de los universos electorales, por tanto, la no reelección es un campo de batalla que favorece notablemente a quienes dominan la propiedad de los medios de comunicación de masas, lo que ha quedado demostrado también en varios de los procesos electorales de los últimos diez años en el mundo y en Latinoamérica.

 

Sé que las voces anticorrupción alegan que la “eternización en el poder” es un caldo de cultivo para la instalación de prácticas corruptas. ¡Por favor! De lo que se trata, es de generar los mecanismos de control necesarios de la probidad y ello, hace mucho pudo instalarse a través de leyes y reglamentos adecuados para regular el ejercicio del poder.

 

Sin dobles lecturas: poner límite a la reelección es, sin duda alguna, una medida que enquista criterios fascistas y de tutelaje de la democracia y que pretende dar señales de falsa sintonía con los reales intereses del campo popular y que aprovecha -una vez más- la mezcla de rabia justificada, impotencia y auto victimización de la propia ciudadanía y que pretende envolver en un manto de oportunismo populista un problema generado, única y sencillamente, por la falta de probidad de los actuales actores del mundo de la representatividad electoral, heredando una camisa de fuerzas al ejercicio futuro de la misma voluntad soberana del pueblo.

 

El único y verdadero control de la corrupción, de la falta de probidad y la eternización indebida de falsos representantes, está en las manos de la misma gente, que debe simplemente mover su perezoso trasero el día que tiene que moverlo, tiene que dejar de pensar estúpidamente en que su auto marginación cambiará la conciencia de los que se acomodan en el ejercicio del poder político; debe decidirse a tomar un simple lápiz y poner una raya en el lugar que corresponde en una papeleta electoral o en un eventual plebiscito por una nueva Constitución; debe participar en el proceso constituyente, que ya está informalmente en marcha, sin pensar (y esto debe quedar claro) que solo ello cambiará el mundo, pero que sí puede dar un suelo para seguir caminando. Debe también sumarse a la reconstrucción del tejido social de base organizada y ayudar a formar el cauce necesario que arrastre a los sectores menos descompuestos moralmente de los mismos poderes instalados.  NO debe creer que este asunto de la NO reelección, es en realidad un triunfo, como NO lo fue la determinación del “voto voluntario”, a pesar de los fundamentalismos libertarios de algunos.

 

De la retroactividad de la pretendida ley, ni hablar. Se deduce claramente que desde mi mirada, no viene al caso; que es solo un vagón de lastre del mismo tren falaz y antidemocrático de la no-reelección.

 

Por Marcos Uribe Andrade

 

 

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